EN RUTA POR MARRUECOS 2009

Este último viaje a Marruecos ha supuesto un salto, un cambio en la trayectoria viajera que llevaba acumulada. Además de ser mi primera vez en África y traspasar la primera frontera no occidental en todos los viajes realizados, ha sido la primera vez en que el mayor atractivo del viaje (Plaza Djemaa el Fna y dunas de Erg Chebbi aparte), al menos para mí, han sido sin duda las gentes, las costumbres y la cultura del lugar. Desde aquí agradecer a todos los que en los diversos Riads, restaurantes o calles visitadas, nos han mostrado una simpatía y hospitalidad extremas. Cierto es, que muchas veces, sobre todo en los lugares más turísticos, te ven como un billete de Euro con patas, pero no recorto ni un centímetro el agradecimiento expresado anteriormente. Nuestra aventura ha durado diez inolvidables días que pasaré a relatar a continuación pero lo mejor es que probéis de hacerle una visita, cuando volváis lo odiareis o lo amareis para siempre… no deja indiferente.

Marruecos en el mapa

 

 FICHA DEL VIAJE

 

DESTINO: Marruecos.

DURACIÓN / FECHAS: 11 días de viaje, del 21/09/2009 al 01/10/2009.

VIAJEROS: Jose, Laura y Toni.

ITINERARIO / RUTA:

  • DÍA 1: Llegada a Marrakech.
  • DÍA 2: Marrakech.
  • DÍA 3: Trayecto Marrakech – Tinghir. Atlas y Ait Ben Haddou.
  • DÍA 4: Trayecto Tinghir – Erg Chebbi. Gargantas del Todra y dunas de Erg Chebbi.
  • DíA 5 : Trayecto Erg Chebbi – Ouarzazate. Ruta de las 1.000 kasbahs.
  • DÍA 6: Trayecto Ouarzazate –  Marrakech.
  • DíA 7: Essaouira.
  • DÍA 8: Trayecto Essaouira – Meknés.
  • DÍA 9: Meknés.
  • DÍA 10: Fez.
  • DÍA 11: Vuelta a casa.

ALOJAMIENTO:

  • Dar Choumissa ( Marrakech): Situado en la medina (a 5 min. de la plaza) y muy acogedor con habitaciones amplias y ambiente típico marroquí. El precio, más alto que la media de Marruecos, como todos los que están en Marrakech. No lo recomendaré porque, pese a que nos encantó el lugar, al pagar, el dueño nos encasquetó una tasa turística, mal sumada a su favor, y que subió la factura unos 30 euros. Nos sentimos engañados.
  • Riad Agraw ( Tinghir ): Debe ser de los pocos Riads que hay en este pueblo, así que no hubo mucho más donde elegir. Típico marroquí y con una atención exquisita por parte de los dueños. Cenamos allí una fantástica cena típica. Camas duras con somier de piedra. Aún así recomendable por lo auténtico. Web: http://www.tripadvisor.es/Hotel_Review-g480211-d1229193-Reviews-Riad_Agraw-Tinerhir.html.
  • Auberge du Sud ( Erg Chebbi): Aunque no dormimos en las habitaciones ( lo hicimos en jaimas en pleno desierto) me llevé una buenísima impresión de este alojamiento. Personal muy simpático, ambiente relajadísimo, muy buena comida y precios asequibles para las excursiones por el desierto. Al volver de las dunas nos ofrecieron una habitación para ducharnos y cambiarnos y tenía muy buena pinta. Situado a pie de dunas y muy recomendable. Web: www.aubergedusud.com
  • Hotel Ibis (Ouarzazate): Fue el único alojamiento occidental de todo el viaje pese que el aspecto exterior de éste quiere representar una kasbah. Bien situado, aunque nosotros solo íbamos de paso, y con un precio asequible. Importante: tienen cervezas! Web: http://www.ibishotel.com/es/hotel-6231-ibis-moussafir-ouarzazate/index.shtml.
  • Hotel Amalay (Marrakech): En esta fase del viaje ya no llevábamos nada reservado, así que encontramos este hotel en plena Avenida Mohamed V que si bien nos salió súper económico, las habitaciones no tenían un gran aspecto de limpieza y olían no sé muy bien a qué. No lo recomendaría.
  • Riad Azzouz 7 (Essaouira): Bonito Riad en plena medina de Essaouira con una agradable terraza con vistas al mar. Precio asequible y personal atento. Nos proporcionaron el transporte del día siguiente para llegar a Meknés. Recomendable. Web: www.azzouz7.com.
  • Riad Hiba (Meknés): El mejor alojamiento del viaje. Buen precio, ubicación perfecta, interior precioso y un desayuno brutal. Si a eso le sumas que el dueño era encantador y nos ofreció un trato exquisito, nos sale un alojamiento con mucho encanto. Si vais a Meknés alojaros aquí. Muy recomendado. Web: www.riadhiba.com.
  • Dar Iman ( Fez ): Aunque nos salió un poco más caro que la media, el lugar era realmente bonito y las habitaciones amplias. Muy bien ubicado dentro de la medina. Además hicimos buenas migas con los dueños, con los que incluso estuvimos jugando a cartas e intercambiando mails. Web: http://www.tripadvisor.es/Hotel_Review-g293733-d653212-Reviews-Dar_Iman-Fes.html.

PRESUPUESTO APROXIMADO: 500 euros.

 

DIARIO DE VIAJE

 

DÍA 1: LLEGADA Y ADAPTACIÓN A UN NUEVO MUNDO.

De nuevo un avión de Ryanair fue el responsable de dejarnos puntualmente a las 15:15 de la tarde en el aeropuerto Menara de Marrakech. Aunque nada exagerado, el calor comenzó a hacerse notar nada más bajar del avión en dirección al control de pasaportes. Superado el engorroso trámite (más engorroso al tratarse de Marruecos – “la prisa mata, amigo”-) teníamos esperando a un conductor del Riad listo para llevarnos en su furgoneta hacia nuestro típico alojamiento situado en la misma medina.

  

Subimos a la furgoneta y tuvimos la primera toma de contacto con la manera de conducir local (un caos) seguidas de las primeras risas del viaje. Ningún tipo de carril salvo el de ida y vuelta, motos de tres e incluso 4 pasajeros y sin casco, cinturones de seguridad decorativos, distancia de seguridad nula, conducción agresiva…vaya, la jungla. Afortunadamente nuestro conductor nos dejó sanos y salvos en nuestro bonito Riad al que se tenía que acceder después de atravesar un callejón con bastante mal aspecto y olor. Después de dejar nuestro equipaje en la amplia habitación y chafardear un poco el Riad,  nos dirigimos a la Koutoubia, la mezquita más grande de Marrakech, con un alminar de 70 metros de altura visible desde toda la medina. Hicimos unas cuantas fotos por fuera ya que el acceso a la gran mayoría de las mezquitas está restringido a los no musulmanes. La estampa de la mezquita, realmente evocadora desde todos los ángulos.

 

A unos 150 metros de la Koutoubia…la GRAN plaza Jemaa el Fna, a la que nos dirigimos de inmediato. Patrimonio de la Humanidad por UNESCO, en esta plaza se mezclan decenas de olores, sonidos, sabores y gentes, cada una realizando una actividad diferente, todos con el fin de ganarse la vida. Encantadores de serpientes, combates de boxeo, puestos de comida, especias y zumos, cuenta cuentos, adiestradores de monos, aguadores, carteristas, bailarinas, vendedores de dientes…en conclusión, el lugar con más trajín y vida que probablemente haya visto en mi existencia, quedé realmente embrujado por el ambiente…y no fui el único. Dimos una vuelta por la medina, intentando adaptarnos al caos que nos envolvía y al que posteriormente nos acostumbraríamos cogiéndole hasta gustillo. Después de esquivar 15 motos que iban “a fondo” por calles que no superaban los 3 metros de anchura, nos subimos a uno de los restaurantes con terraza que dan a la plaza para tomar un refresco. Desde allí el espectáculo es único. Observar el trajín de la plaza mientras escuchas los cánticos para ir a rezar desde los altavoces de las mezquitas, es una sensación inexplicable, me sentí en otro mundo, en otra época.

  

Finalmente, bajamos de nuevo al bullicio para que un simpático marroquí que se identificó como Antonio Banderas, nos liara para llevarnos a comer a su puesto. Estos jóvenes son la mar de divertidos, llegándonos a chapurrear frases típicas catalanas con tal de llevarnos al huerto. Los puestos al aire libre de la plaza son súper económicos, aunque no esperéis comer allí las mejores recetas marroquís. Nosotros tuvimos nuestra primera toma de contacto con su gastronomía, pero posteriormente nos dimos cuenta de  que lo que se ofrece en la plaza poco tiene que ver en sabor, con lo que puedes comer en un Riad o restaurante. Una vez cenados y ya bastante cansados de todo lo que habíamos tenido que asimilar, nos fuimos a descansar a nuestro Riad, no sin que antes nuestro Antonio Banderas particular nos ofreciera cenar “otra vez”…Genial. Partidita de cartas en la agradable terraza del Riad y a eso de las diez de la noche nos fuimos a descansar para el día siguiente, que se presentaba también bastante  intenso.

DÍA 2: EXPLORANDO MARRAKECH.

Después de desayunar en la bonita terraza del Riad, dedicamos la mañana a visitar los dos jardines que hay en el exterior de la medina: Majorelle y Menara. Comenzamos por éste último, al que llegamos después de negociar nuestro primer taxi (situación que se repetiría en innumerables ocasiones). Por unos 50 Dírhams (unos 5 euros) nos dejo en la puerta de los jardines de Menara, en las afueras de la ciudad. Posteriormente  nos dimos cuenta que nos había cobrado la carrera un poco cara…pero de los errores se aprende. Si se sabe negociar bien el precio de una carrera, teniendo claro donde se quiere ir, el taxi es el mejor medio de transporte en Marruecos, económico y divertido. La verdad es que el lugar nos decepcionó bastante. Rodeado de campos de olivos, el complejo no es más que un estanque y una especie de palacete u otra edificación a sus pies. Puede ser válido para escapar del bullicio de la medina, pero la verdad es que no nos pareció gran cosa para lo “famosos” que son. Dimos una vuelta al estanque y nos fuimos por donde habíamos venido.

   

Como estos jardines no nos habían convencido fuimos a probar los de Majorelle, en la zona nueva de Marrakech. Negociamos otro taxi que nos volvió a dejar en la puerta de los jardines, habiendo atravesado antes Gueliz, la zona más moderna de la ciudad. Si se dispone de pocos días para visitar Marrakech, yo no perdería mucho tiempo visitando esta zona ya que todos los encantos de la ciudad están encerrados en la laberíntica y bulliciosa medina. Majorelle es una especie de frondoso jardín botánico que contrasta brutalmente con todo lo que le envuelve. Además, tiene la particularidad de ubicar en su interior una colorida casa donde residía el ya fallecido Yves Saint Lauren. Es una bonita visita que aunque corta (el jardín no es muy grande) es recomendable para ver una cosa totalmente diferente a toda la ciudad, que por otra parte a veces se hace monótona en cuanto a la vista, con ese tono ocre de todos los edificios. Además la entrada no arruinará a nadie, son unos 20 Dh. Otro taxi se encargó de dejarnos de nuevo en la medina y nos dirigimos a Jemaa el Fna para buscar algún lugar para comer. El elegido fue uno de los restaurantes que rodea la plaza donde comimos un poco de pasta para saciar nuestros estómagos. La tarde teníamos pensado dedicarla a la zona sur de la medina, donde se encuentran entre otras cosa las tumbas Saadíes, el Palacio el Badi o el Mellah (barrio judío).

  

Comenzamos por el Mellah, donde no pudimos visitar la sinagoga que estaba cerrada, pero sí que nos dejamos los Dírhams comprando especies a un simpático bereber, que aparte de invitarnos a té, nos lio más que a la pata de un romano. Yo creo que después de pasar nosotros por allí, cerró el chiringuito una semana. Eso sí el té estuvo delicioso… En cuanto al Palacio el Badi y las Tumbas Saadíes  son dos visitas que están bien, pero que no hacen más que reafirmar que el mayor patrimonio de Marruecos no son ni sus ruinas ni sus palacios, sinó sus gentes y cultura. Yo disfruté mucho más regateando en el zoco o dejándome enredar por el vendedor de especies que haciendo las visitas de rigor de la ciudad. Acabamos la tarde, como no podía ser de otra manera, regateando en el Zoco al que se accede desde la misma Jemaa el Fna. Allí compramos algún que otro suvenir a buen precio y nos dejamos llevar por sus callejuelas, escuchando los divertidos comentarios en perfecto castellano de los vendedores, del estilo del ya famoso: ” Más barato que Mercadona, amigo”. Una vez nos pateamos bien el zoco, nos dirigimos  de nuevo a la plaza, con el objetivo de buscar un buen sitio para cenar, ahora que ya estaba cayendo la tarde.

 

Cenamos en otro de los restaurantes con vistas a la plaza que recomendaría si recordara el nombre, ya que mi plato, el tajine de kefta (albóndigas con salsa de tomate y un huevo frito en medio) me pareció realmente bueno. Además las vistas desde la terraza de la plaza, una vez  caída la noche y con la Koutoubia de fondo, son realmente preciosas. Bajamos de nuevo a la plaza dando vueltas sin rumbo fijo simplemente disfrutando de nuevo de su ambiente y peculiaridades, que a esas horas de la tarde-noche, estaba en su máximo esplendor. No muy tarde nos dirigimos al Riad ya que al día siguiente nos esperaba una dura jornada atravesando en coche el Atlas para encaminarnos a lo que sería nuestro siguiente objetivo principal: el mar de dunas de Erg Chebbi.

DÍA 3: EN RUTA HACIA ERG CHEBBI.

El tercer día de viaje estaba previsto como una etapa de transición para poder llegar al desierto de dunas. Debíamos alquilar un coche en la misma Marrakech y avanzar hasta Tinghir, donde haríamos noche y estaríamos ya a “tan solo” 200 kilómetros de nuestro objetivo. Después de dejar nuestro Riad, cogimos un taxi (donde perdí mi teléfono móvil) que nos acercó hasta la oficina de Avis, situada en la moderna Avenida Mohammed V, para recoger nuestro Renault Clio de alquiler. Después de una larga hora de espera en la oficina, salimos de Marrakech para coger la carretera dirección a Ouarzazate, que cruza de lado a lado el Atlas.

  

Cruzamos la gran masa montañosa deteniéndonos de vez en cuando para admirar el paisaje y los diferentes pueblos, del mismo color que la tierra, que se desperdigaban por las laderas de las montañas. Comenzamos a ver pueblos construidos completamente de adobe, paisaje que se repetiría en los próximos días ya que, por fin, estábamos adentrándonos en el Gran Sur de Marruecos. Después de rechazar a decenas de vendedores de minerales apostados en los arcenes de la carretera que serpenteaba por el Atlas, nos detuvimos a comer en una especie de “comuna bereber” no sin antes entrar a ver sus variadas tiendas y cambiar un pin del FC Barcelona por un cenicero de cerámica. Si lo llego a saber, hubiese traído multitud de objetos inútiles que bien me hubiesen servido para “truequear” y obtener arte bereber a buen precio. Unas brochetas, previamente regateadas, fue nuestro escaso alimento antes de proseguir el descenso de las montañas. Antes de llegar a la encrucijada de Ouarzazate, teníamos una cita con Ait Ben Haddou, un ksar o ciudad fortificada, construida en adobe y Patrimonio de la Humanidad por UNESCO.

 

  

La verdad es que la visita nos encanto, y es que la imagen de la kasbah y las edificaciones de adobe situadas en un palmeral en medio del desierto, no tiene precio. Después de pagar los 10 DH de la entrada, paseamos tranquilamente por su interior, en lo que parece un pueblo fantasma que sirve de escenario para rodajes de Hollywood, pero que al parecer está mínimamente habitado. Después de ascender hasta la parte más alta del pueblo (desde donde se obtienen una buenas vistas) y esquivar a algún que otro pesado vendedor bereber, emprendimos la vuelta al coche rápidamente ya que no queríamos que la noche nos cogiera de camino. Dejamos atrás lo que a la postre sería una de las joyas del viaje, recogiendo a dos mochileros autoestopistas, un italiano y un francés, a los que acercamos hasta Ouarzazate. Allí nosotros debíamos desviarnos dirección a Tineghir, dónde teníamos reservado el Riad. Unas dos horas de camino nos separaban de nuestro alojamiento, pero al tener que conducir de noche gran parte del trayecto se convirtieron en 3. Recomendaría a todo el que viaje a Marruecos, sobre todo si es por el sur, que evite la conducción de noche ya que puede llegar a ser bastante peligrosa. La iluminación es nula, la gente va caminando por los arcenes e invadiendo el carril y los constantes ciclomotores, bicis y burros pueden llegar a desesperar. No entiendo como no ocurren más accidentes con estas circunstancias. Hecho el inciso, decir que llegamos sanos y salvos a Tinghir aunque bastante cansados y con ganas de llegar al Riad. Suerte tuvimos que éste estaba señalizado en la misma carretera ya que lo tenían bastante escondido. Serían sobre las 10 de la noche así que la decisión de cenar en el mismo Riad fue unánime.

 

 Acertamos de pleno ya que nos deleitaron con un delicioso menú compuesto por Harira (sopa marroquí), y Tajine de ternera (especie de estofado con verduras) siempre regado con un buen té la menta. Una vez  hubimos cenado, nos dirigimos a nuestras camas, con somier de piedra (literal), para recuperar fuerzas para el día siguiente. El día había sido agotador.

DÍA 4: LAS GARGANTAS DEL TODRA ABREN EL DÍA, EL PRECIOSO DESIERTO, LO CIERRA.

El pueblo de Tineghir está situado en un precioso palmeral formado por el río Todra, que a su misma vez forma unas espectaculares gargantas, Gorges du Todra, visitables a 15 minutos de la población. Hicimos el check out de nuestro Riad bien temprano pues nos esperaba un largo día por delante que debía acabar pasando la noche en las arenas del desierto. Antes de salir del pueblo y de cruzar el río encuentras el desvío que te lleva a las gargantas. Nosotros paramos a mitad de camino para recrear las vistas con el frondoso palmeral que se desplegaba ante nosotros en un entorno, a priori, totalmente yermo.

 

 

El contraste del verde de las palmeras con el marrón de las áridas montañas nos dejó embelesados y allí estuvimos un rato haciendo fotografías. En ese tiempo conocimos a Hamid, un vendedor de collares bereber que se prestó a hacernos unas fotografías y a dejarse fotografiar con nosotros. Nos pidió que, a nuestro regreso a España, le enviáramos las fotos por mail ya que le hacía enorme ilusión, y eso mismo hicimos. Después de hacer un trueque entre uno de los bonitos collares que vendía y un llavero que llevaba yo, nos despedimos de él y ahora sí avanzamos hasta las gargantas. Las Gargantas del Todra son un precioso cañón de altas paredes que ha ido formando el mismo río con el paso del tiempo. Avanzamos con el coche hasta cruzarlas y nos tomamos el enésimo té en un restaurante situado en plena garganta, rodeados por unas paredes verticales realmente impresionantes. El paraje era realmente bonito pero no podíamos perder mucho tiempo así que después de pagar parte de los tés  con un par de cigarros, nos subimos de nuevo al coche para hacer kilómetros hasta Merzouga. Atravesamos una decena de pueblos como Tinejdad, Tamelalt, Erfoud o Rissani todos ellos completamente anclados en el pasado, siendo la mula o el burro el principal medio de locomoción. Fue de los momentos que más disfruté del viaje ya que se notaba, desde hacía kilómetros, que nos estábamos adentrando en zonas rurales sin ningún tipo de influencia occidental salvo desperdigadas camisetas de Barça o Real Madrid que llevaban algunos de los niños que nos cruzábamos. Una vez atraviesas Rissani con dirección Merzouga, se comienzan a divisar en el horizonte las rojizas y preciosas dunas como si de un espejismo se tratase.

   

Nuestro albergue estaba a pie de dunas así que una vez salimos de Merzouga, tuvimos que hacer unos 10 kilómetros por pista de tierra y piedra para llegar a nuestro objetivo. Nada más llegar, nos prepararon una excelente comida, y, en un ambiente híper-relajado que nos encantó, reservamos la excursión que salía esa misma tarde a las 5. La excursión, por 40 euros, incluía trayecto de hora y media en dromedario por las dunas hasta llegar a las jaimas, cena, música autóctona, desayuno al día siguiente y vuelta al albergue, de nuevo en dromedario. Serían las tres de la tarde cuando acabamos de comer así que teníamos unas dos horas antes de que saliese nuestra excursión. Estuvimos en la piscina del albergue en la que nos quedamos con ganas de bañarnos, ya que un bañito refrescante en ese entorno, rodeado de dunas, tiene que ser memorable. Acto seguido y ya impacientes, nos adentramos por nuestra cuenta en las dunas para tontear un rato y tener una primera toma de contacto con la fina arena. La hora de partir se acercaba mientras los empleados del albergue preparaban nuestros dromedarios. Una vez subidos en los camellos y acompañados por Hamid, nuestro guía, comenzamos a adentrarnos en las dunas.

  

El día estaba bastante nublado pero nunca nos hubiéramos esperado que a mitad del trayecto de una hora y media comenzara a llovernos…sí, en el desierto! La lluvia vino acompañada de una tormenta de arena que hizo del paseo casi una odisea. Las crestas de las dunas se deshacían con el viento mientras nosotros nos protegíamos como podíamos de la molesta arena. Al fin llegamos al campamento de jaimas, compartido por diversos albergues, y situado a los pies de la gran duna, que más que duna parece una montaña. Hicimos el té de rigor dentro de la tienda mientras la noche se cerraba por completo. Después vino la cena, compuesta como casi siempre de harira y tajine, y posteriormente disfrutamos de canciones bereberes bajo el cielo más bonito y con más estrellas que he visto en mi vida. Realmente espectacular. Fascinados por lo mágico del lugar, nos fuimos a dormir ya que al día siguiente nos despertaríamos a las 5, para, después de subir la Gran Duna, contemplar el amanecer.

DÍA 5: NOS DESPEDIMOS DEL DESIERTO…PERO CONTINÚA LA AVENTURA.

Era aún de noche cuando ya estábamos saliendo de nuestra jaima. No debíamos perder el tiempo si  queríamos presenciar la salida del Sol, así que pusimos rumbo a la Gran Duna. Cuando la ves desde debajo parece que subir a la cima va a ser una cosa sin mucha complicación, pero fue empezar a subirla y darnos cuenta de que si llegábamos a tres cuartos de la cumbre, podíamos darnos por satisfechos.

  

Entre el estómago vacío, el frío que hacía a esa hora de la mañana, la inclinación y lo que cuesta mover los pies en la dichosa arena, se nos hizo un mundo subir por la ladera. Finalmente allí estábamos , a las 5 y media de la mañana, subidos en una gigantesca duna viendo amanecer rodeados de un mar de arena. Mi retina lo guardará para siempre, es de aquellos recuerdos que se guardan con llave de oro en nuestro baúl de los recuerdos personal. Aunque el amanecer no fue lo bonito que deseábamos debido a que el cielo estaba totalmente encapotado, el paisaje que podíamos ver desde allí arriba fue único. Descendí la duna al estilo kamikaze ya que nos esperaba un desayuno con mucho encanto en pleno desierto y el hambre apretaba después del esfuerzo físico. Sin perder tiempo, una vez desayunados, nos montamos de nuevo en nuestros dromedarios para emprender la vuelta. Fue en este trayecto cuando las dunas nos dejaron su aspecto más bello: la luz de la mañana las hizo adquirir un tono rojizo que tardaré tiempo en olvidar.

  

Llegamos a nuestro albergue con un poco de agujetas allá donde la espalda pierde su honroso nombre y nos despedimos de Hamid, nuestro simpático guía y del resto de gente del albergue. Después de una necesaria ducha en una habitación que nos dejaron para tal efecto, cogimos de nuevo nuestro trillado Clio, rumbo de nuevo a Ouarzazate. Para la vuelta decidimos hacer el mismo camino de la ida a la inversa ya que al haber conducido la mayor parte de noche, no pudimos disfrutar de la ruta de las 1.000 kasbahs que consiste en el tramo que transcurre entre Ouarzazate y Tinghir (aproximadamente) y que está salpicado de un gran número de estas fortalezas de adobe tan peculiares. Fue un largo camino ( unas 6 horas ) en el que disfrutamos de grandes paisajes y en el que tan solo nos detuvimos una vez para comer a mediodía en un bar de carretera. La lluvia nos acompañó durante casi todo el camino, desbordando incluso ríos en las proximidades de Ouarzazate e inundando la carretera por la que circulábamos.

  

Por fin llegamos a Ouarzazate y con los deberes de buscar alojamiento para esa misma noche. A partir de entonces, no llevaríamos ningún alojamiento reservado… No nos quisimos complicar la vida así que cuando vimos un Hotel de la cadena Ibis en pleno centro de la ciudad entramos a preguntar las tarifas.  El precio nos convenció así que por primera vez íbamos a dormir en una habitación de estilo occidental en todo lo que llevábamos de viaje. Y no sólo fue eso ya que también por primera vez tuvimos la oportunidad de pedir una refrescante cerveza ( a precio de oro ) que disfrutamos en la terraza del hotel charlando sobre lo que hasta el momento nos había deparado el viaje. Esa tarde la acabaríamos de dedicar al relax hasta la hora de cenar, cena que llevaríamos a cabo en un restaurante próximo al hotel. Después de una copiosa cena volvimos al hotel, y, aunque aún teníamos pendiente volver a cruzar el Atlas al día siguiente, nos despedimos del sur, las kasbahs, los palmerales y la magia del desierto.

DÍA 6: RETORNO A MARRAKECH Y DESPEDIDA DE LA CIUDAD.

Nos despertamos temprano para poder aprovechar el día ya que antes de cruzar de nuevo el Atlas rumbo a Marrakech, nos decidimos a visitar la Kasbah de Taourirt, situada en pleno Ouarzazate. Por unos 10 Dírhams pudimos disfrutar del interior de una de las tantas fortalezas de adobe que habíamos visto durante nuestro trayecto por el sur.

  

Un poco saturados ya de tanto adobe y una vez finalizada la visita, cogimos de nuevo el coche para emprender la vuelta. Comenzamos a adentrarnos  en el Atlas y a serpentear de nuevo por sus laderas, y viendo la gran presencia de vendedores de minerales por la zona, decidimos parar el coche y probar suerte con las piedras de la zona. Consistía en recoger piedras y estrellarlas  contra otra piedra para así partirlas en dos, y poder ver si contenían o no minerales. Pues bien, una de estas piedras rebotadas, en lo que fue una de las anécdotas graciosas del viaje, cogió trayectoria directa hacia mi oreja, provocándome un buen corte por el que sangraba, y algún que otro dolor de cabeza…gracias Jose! Para colmo, de minerales nada de nada, así que la actividad fue absurda a más no poder. Con un buen dolor de cabeza y muy pocas ganas de curvas, acabamos de cruzar el Atlas para llegar por fin a Marrakech. Después de perdernos con el coche en el caos de la medina (no os metáis con el coche en ella!) y encontrar finalmente la salida, decidimos comer en un siempre práctico Mc Donalds en plena Avenida Mohammed V y a pocos metros de la oficina de Avis donde debíamos devolver nuestro coche. Una vez devuelto el coche sin ningún inconveniente nos pusimos a buscar alojamiento en la misma avenida bajo una intensa lluvia. El elegido fue un tres estrellas, Hotel Amalay, que por un módico precio ( unos 470 dírhams) nos ofreció una habitación que olía a cerrado que echaba para atrás y sin un gran aspecto de limpieza.

 

Si se viaja por Marruecos la mejor opción, indudablemente, es reservar un Riad, o al menos esa es nuestra experiencia. Dejamos nuestro equipaje en la habitación y nos dirigimos a la cercana  estación de autobuses de Supratours (http://www.supratours.ma/), al lado de la estación de tren, donde teníamos previsto comprar billetes rumbo a Essaouira para la mañana siguiente. Cuál fue nuestra sorpresa cuando al ir a comprar los billetes nos informaron de que los primeros asientos libres del día siguiente  salían casi a las 2 de la tarde. Estos autobuses a Essaouira  van normalmente llenos ya que es una escapada muy turística, con lo que es recomendable reservar los billetes con antelación. No nos podíamos permitir coger el autobús de las 14:00 ya que supondría llegar a Essaouira a las 17:00 y no poder aprovechar el día allí. La solución vino negociando con uno de los taxistas “estratégicamente” situados en la puerta de la estación. Después de un arduo regateo nos dejó el trayecto de tres horas a un precio de 600 Dírhams, unos 52 euros, que dividido entre 3 nos pareció un precio más que razonable y más en la situación en la que nos encontrábamos. Después de quedar con nuestro taxista a las 7:30 del día siguiente para llegar tempranito a nuestro destino, cogimos otro taxi que nos llevó de nuevo a la plaza Jemaa el Fna donde disfrutaríamos por última vez de su ambiente paseando entre sus gentes a modo de despedida. Después de una agradable cena en el mismo restaurante de nuestro segundo día, cogimos un temerario taxi que nos alejó de la plaza rumbo a nuestro hotel. Alejándonos de la plaza sabíamos que a la vez nos estábamos despidiendo de uno de los mejores momentos del viaje, de un lugar mágico al que espero volver algún día.

DÍA 7: DEL DESIERTO AL ATLÁNTICO. UN DÍA EN ESSAOUIRA, LA ANTIGUA MOGADOR.

Essaouira nos esperaba, así que a las 7 y media de la mañana siguiente, puntuales, montamos en el taxi que ya nos estaba esperando en el lugar pactado. Unas tres horas tardamos en llegar a la puerta de la medina de Essaouira, que fue donde nos dejó nuestro poco hablador taxista. Nos dirigimos de nuevo a la estación de Supratours de Essaouira, de la que suponíamos salía un autocar el día siguiente con dirección Meknés, nuestro próximo objetivo,  pero cual fue nuestra sorpresa cuando nos dijeron que no existía dicho bus y que la única manera de llegar a Meknés era volviendo en autocar a Marrakech y cogiendo allí un tren de 6 horas hacia la ciudad imperial. No nos apetecía la idea de tener que volver a Marrakech así que decidimos que, a lo largo del día, buscaríamos otras opciones. Teníamos el día entero para disfrutar del bonito pueblo costero así que después de encontrar un económico y acogedor Riad,  nos dispusimos a explorarlo.

  

Pasamos la mañana por la zona del puerto pesquero, observando el trajín de los pescadores y disfrutando de las excelentes vistas del Atlántico. Después de preguntar precios en las paradas de pescado fresco que te asan al momento, nos dirigimos a la plaza principal para tomar un agradable té y jugar un rato a las cartas. Decidimos que sería en la cena cuando disfrutaríamos del pescado local así que comimos una pizza en el mismo local donde llevábamos ya un rato. La tarde la dedicamos a pasear por la blanquiazul medina, todo un contraste comparándola con la de Marrakech, tanto en color como en tranquilidad. Se acercaba la noche y aún no sabíamos cómo llegar a Meknés al día siguiente, con lo que fuimos a nuestro Riad a pedir ayuda. Su solución fue cubrir la distancia de 600 kilómetros (8 horas de viaje) en un taxi de un conocido que nos haría un precio de “amigos”. Al no tener otra escapatoria, aceptamos la estrambótica solución, teniendo que pagar, eso sí, casi 60 euros por cabeza, que para 8 horas en taxi no es mucho, pero para la media presupuestaria del viaje sí lo era. Solucionado el problema del transporte nos dirigimos a una parte de la medina donde hay verdaderas gangas realizadas con madera de forma totalmente artesanal. Después de comprar algún que otro capricho de madera nos subimos a la muralla para disfrutar del atardecer sobre el Atlántico, uno de los momentos realmente bonitos del viaje.

 

  

Empezamos a buscar un restaurante donde pusieran buen pescado fresco, actividad imprescindible si se visita Essaouira hasta que finalmente un “personaje” de la medina nos ofreció una parrillada para tres personas por siete euros, a lo que aceptamos sin pensarlo demasiado. Nos subieron a una sencilla terraza pero con unas bonitas vistas, donde pudimos disfrutar por fin del pescado de Essouira bajo una suave brisa marinera. Charla y partidas de cartas en la terracita del Riad, y a descansar para la paliza del día siguiente: 8 horas en taxi con un único objetivo, la ciudad imperial de Meknés.

DÍA 8: DE CÓMO PASAR TODO UN DÍA METIDOS EN UN TAXI. LLEGADA A MEKNÉS.

Se presentaba un día totalmente de transición ya que teníamos que cubrir las 8 horas de camino que nos separaban de Meknés en el taxi con el que habíamos pactado la tarde anterior. La hora de salida eran las 10 de la mañana así que sobre las 9:30 ya estábamos desayunando en la bonita terraza con vistas al océano. Puntualmente, el chico que nos preparaba el desayuno nos dijo que ya había llegado nuestro transporte así que bajamos a la recepción ya con nuestras mochilas.

  

Salimos de la medina acompañados de los dos taxistas (uno para la ida y otro para la vuelta) y montamos en el antiguo Mercedes que tenía una paliza de trayecto por delante que pondría a prueba su resistencia. Emprendimos camino hacia el norte amenizando el trayecto con partidas de cartas, la música del MP4 y alguna que otra cabezadita. A la hora de comer, nuestros taxistas se detuvieron en un bar de carretera donde nos comimos un tajine a compartir entre los tres. Del resto del trayecto simplemente destacar que la policía nos paró 2 veces para multar a nuestro conductor. Éste, ni cortó ni perezoso, les pagó bajo mano las dos veces para que le retiraran la multa. Nuestro taxista, cabizbajo, seguro que hacía números para sí mismo calculando si le había salido a cuenta la aventurita…seguro que sí. Después de más de 8 horas de viaje y con el culo casi plano,  llegamos al centro de la medina de Meknés, donde ya era de noche. Pagamos y nos despedimos de nuestros simpáticos taxistas ( hubieron muchas risas gracias a ellos) de los que creo que no habían visto tanto dinero junto en su vida, por la manera en que intentaban que la “transacción” se hiciese casi de incógnito. De noche y muy cansados, nos cargamos las mochilas al hombro y nos dispusimos a buscar un alojamiento. Nos valía cualquier cosa ya que no teníamos muchas ganas de buscar nada pero tuvimos la suerte de dar con el mejor alojamiento del viaje. En pleno centro de la medina un “comisionista” nos abordó y nos guió hasta el que sería nuestro Riad por dos noches. Cenamos en un muy típico restaurante que nos aconsejó el mismo “comisionista” que nos condujo al Riad y regresamos a nuestra preciosa habitación para irnos a dormir sin pensarlo mucho ya que, sin duda, ese día nos lo habíamos ganado.

DÍA 9: MEKNÉS Y VOLUBILIS.

Amaneció una mañana con un cielo totalmente cerrado y con una lluvia fina pero persistente. Después de disfrutar de un muy buen desayuno, salimos a descubrir la ciudad. Rápidamente, nos dimos cuenta de que nuestro Riad estaba perfectamente situado ya que nos encontrábamos a 5 minutos caminando de Bab Mansour, la puerta más grande y bella de todo Marruecos, y de la plaza Lahdime, centro neurálgico de la medina y como una Jemaa el Fna más modesta.

  

 Como estaba lloviendo y no teníamos muchas ganas de ir todo el día mojados decidimos alquilar una de las calesas que están al lado de Bab Mansour y que por unos 10 euros (regateables) te hacen la ruta de la ciudad imperial. Así pasamos media mañana, paseando por la bonita ciudad imperial y el barrio judío antes de que nuestro guía nos dejara de nuevo en Bab Mansour. Decidimos entonces perdernos un poco por la medina, una medina mucho más tranquila y sosegada que la que vivimos en Marrakech o que la que nos íbamos a encontrar en Fez al día siguiente. Paseamos por un típico mercadillo para los lugareños antes de desembocar de nuevo en la plaza Lahdime. Allí nos sentamos tranquilamente a hacer un té y deleitarnos con las vistas de la puerta que se obtienen sentado en alguno de los restaurantes de la plaza. Después de saciar el hambre en un modernísimo Pizza Hut de la parte nueva de Meknés, nos decidimos a coger un taxi para hacer la excursión de Volubilis y de esa manera cubrir la tarde. Después de detener dos “petit taxi” y que nos dijeran que ellos no iban tan lejos, empezamos a buscar, infructuosamente, “grands taxis” vacíos. Como la búsqueda no daba resultado, decidimos quedarnos quietos en la acera hasta que alguien viniera a “socorrernos” o dicho de otra manera, a ver cómo podía hacer el día con nosotros. La fórmula no falla, y en menos de 5 minutos, ya teníamos a un más que curioso “intermediario” que se ofreció a llevarnos con el taxi de un amigo. El momento taxi fue brutal. Destartalado a más no poder, con tapizado de leopardo y agujeros en el techo, el “intermediario” nada más subir sacó el alza cristales del bolsillo y se lo ofreció a Jose para subir la ventanilla. No podíamos parar de reír cuando vimos un “grand taxi” igualito que el nuestro, estampado en una cuneta; y nosotros sin cinturón… Para colmo, a mitad de camino, el gracioso “intermediario”, que a la vez nos hacía de guía turístico,  me pidió un cigarro, que buenamente le di para que, sin mediar palabra, comenzara a mezclarlo con el “producto típico marroquí” y se fumara un buen canuto a nuestra salud. Al fin y después de una media hora de taxi, llegamos a Volubilis y la verdad es que las ruinas bien merecen la excursión.

  

No pegaban para nada con todo lo visto hasta el momento, pero ya se sabe que todos los caminos llevan a Roma…Después de un buen paseo entre los vestigios de lo que fue un gran imperio, volvimos a la entrada de las ruinas donde nos esperaba nuestra pareja de taxistas para devolvernos de nuevo a Meknés, no sin antes parar a medio camino para comprarse la merienda en lo que fue un alarde de profesionalidad por parte del taxista. El día llegaba a su fin y cenamos en una terraza de la plaza Lahdime de cara a la gran Bab Mansour, comiendo unos pinchos y pensando que el viaje se nos empezaba a escapar, como arena entre las manos.

DÍA 10: LA CIUDAD IMPERIAL DE FEZ PONE PUNTO Y FINAL A LA AVENTURA.

Se trataba de  nuestro último día hábil de viaje ya que al día siguiente tendríamos el tiempo justo para desayunar tranquilamente y poner rumbo al aeropuerto. Después de otro suculento desayuno y de dejar un sencillo comentario en el libro de visitas del Riad, cogimos un taxi para que nos dejara en la estación de trenes, que sería nuestro medio de transporte para llegar a la bulliciosa Fez. En menos de una hora de trayecto y otro taxi de por medio, estábamos plantados en la puerta de la medina dispuestos, de nuevo, a buscar un Riad que no tardamos en encontrar en la misma Tala el Kbira, calle principal de la medina y a la que no hay que perder nunca de referencia si no te quieres desorientar en el entramado de calles que forma el casco antiguo de Fez.

  

La medina de Fez presume de ser la más grande de todo Marruecos e incluso se aconseja un guía para no perderse por sus cientos de callejones. A nosotros, con poner un pie en ella, se nos olvidó toda la tranquilidad respirada en Meknés. El bullicio, los artesanos, los olores, los falsos guías y las mulas pueden en un principio estresar un poco al turista que se adentra en ella, pero es precisamente eso la que la hace especial y lo que hizo que nos pareciera la mejor medina de las vistas hasta el momento, la más auténtica sin lugar a dudas. Recorrimos Tala el Kbira hasta dar con un moderno “lounge” donde nos detuvimos a comer. Para hacer la digestión, probamos las deliciosas pipas de agua o “shishas”, que el mismo local ofrecía a los clientes. En un ambiente de lo más relajado y humeante decidimos proseguir con nuestra exploración de la medina para dirigirnos a uno de los mayores atractivos de Fez: el barrio de los curtidores.

  

Poco andamos hasta que de nuevo un “intermediario” nos ofreció su “desinteresada” ayuda para llevarnos a un balcón donde podríamos contemplar a los curtidores en plena faena. Resultó que nuestro falso guía trabajaba en la cooperativa del cuero así que después de la visita pasamos, irremediablemente, por la tienda de babuchas. Ver trabajar las pieles a los curtidores realmente nos impactó sobremanera aunque el penetrante y vomitivo olor que tenían que soportar esos trabajadores en un oficio ya de por sí duro, no nos permitió estar más de 3 minutos en la terraza. Totalmente recomendable la visita, aunque eso sí, siempre con una ramita de menta bajo la nariz. Entre el barrio de los curtidores y una posterior visita a una preciosa madraza, la de Bou Inania, se nos acabó de consumir la tarde y acabamos cenando en un céntrico restaurante de la medina viendo un partido de la Champions con los camareros del local. El día y el viaje bajaron el telón sentados en la terraza de nuestro Riad compartiendo juegos de cartas y conversaciones con Zsad, un joven marroquí que vivía en nuestro mismo alojamiento.

DÍA 11: VUELTA A LA RUTINA.

En nuestro último día por Marruecos tan sólo nos dio tiempo a desayunar en la terraza y a pedir un taxi en el mismo Riad, que nos acercaría al aeropuerto de Fez. Nos despedimos del personal del hotel, con los que habíamos congeniado la noche anterior, y salimos de la medina para coger nuestro taxi. En menos de media hora estábamos plantados en la sala de espera, dispuestos a realizar los mismos trámites de siempre que tanto odio en las vueltas  y tan contento paso en las idas.

CONCLUSIONES     

Qué decir de un viaje como éste a modo de conclusión? Simplemente que superó ampliamente las expectativas que tenía y que por dos o tres horas de vuelo no se puede ir a otro lugar tan diferente, mágico y especial a la vez. Por eso recomiendo a todo el mundo que lo pruebe, que se deje de prejuicios, de vida occidental y que se inmiscuya en alguna medina, se ponga a regatear en uno de los muchos zocos, pasee sorprendido por la plaza Jemaa el Fnaa, que pruebe el delicioso tajine, que hable con gentes de otra cultura o que pase una noche en el desierto disfrutando, simplemente, del cielo más bonito que haya visto en su vida. A modo de conclusión, que viaje a Marruecos.

  • LO MEJOR: Las gentes, la plaza Jemaa el Fna, las dunas de Erg Chebbi, el cielo del desierto, la medina y el barrio de los curtidores de Fez, el regateo en el zoco y el Sur de Marruecos en general.
  • LO PEOR: Algunos olores en las medinas, las moscas, los “buscavidas” pesados y la conducción en general.

Nos vemos en próximos viajes,

Au revoir!

Comentarios

  1. Rubén

    Hola Toni, quiero ir a Marrakech durante el mes de marzo con mi pareja. Que riad me recomendarías céntrico y bueno?
    Voy cuatro días (3 noches), aparte de ver Marrakech que me recomendarías ver?
    UN SALUDO 🙂

    1. Autor de la
      Entrada
      Toni

      Hola Rubén,

      Nosotros estuvimos alojos en Dar Choumissa, y todo muy bien hasta que llegó la hora de pagar, donde hubo un pequeño malentendido. Pero el riad estaba bastante bien. Para tan poco tiempo me centraría en Marrakech, como mucho hacer la excursión de un día a Essaouira.

      Saludos

  2. Cati

    Marruecos siempre nos resulta divertido por los contrastes con nuestra vida, nosotros hemos estado un par de veces pero todavía nos falta Marrakech, Ourarzazate y Essaouira; pero ya le tocará.

    Me ha gustado mucho y me he divertido leyéndote, mira que lloveros en pleno desierto.

    Saludos.

  3. Sonia

    Muy interesante toda la información sobre Marruecos. Yo tengo pendiente un viaje a allí. La idea es ver Marrakech, Essaouria e ir a la zona de desierto. Es suficiente una semana o me recomiendas pasar mas tiempo?

    Un saludo,
    Sonia.

    1. Autor de la
      Entrada
      Toni

      Hola Sonia,

      A ver, en una semana sí que da tiempo (nosotros lo hicimos más o menos en ese tiempo) pero te recomiendo que sí depende de tí, te cojas más días porque irás muy justa. Además, Marruecos embruja y te sabrá a poco… 😉

      Un saludo!

  4. Rut Rodriguez

    Hola!!

    Mi novio y yo acabamos de volver de Marruecos y nos ha parecido un lugar magico. Recomiendo a todo el mundo q vaya. Para hacer excursiones recomiendo ir con guia.

    Nuestro guia se llamaba Ismail. Puedes contactar con el a traves de su pagina web. http://www.ismailtours.tk

    Nosotros hicimos una ruta de 4 dias y nos lo pasamos fenomenal. Tambien estuvimos 2 dias en Marrakech.

    La planificacion del viaje fue:

    2 dias en Marrakech y 4 dias de ruta:

    Día 1: Marrakech – Ouarzazate – Dades

    Salimos de la ciudad a las 8:00 horas de la mañana con destino a Ouarzazate. Visitamos Ouarzazate, el Valle de las Rosas y las Gargantas del Dades. Almuerzo libre en el camino. Cena y alojamiento en Kasbah.

    Día 2: Dades – Las Dunas de Merzouga

    Desayuno en la Kasbah. Partimos hacia Merzouga. Realizamos varias paradas para descansar y contemplar los paisajes más llamativos. Almuerzo libre en el camino. Llegamos por la tarde a Merzouga donde los camellos les trasladarán al corazón deldesierto del Sáhara. Allí subida a las dunas más altas o simplemente esperamos alatardecer. Cena bajo la luz de las estrellas y alojamiento en jaimas típicas bereberes.

    DÍA 3: Merzouga – Rissani -A’lnif-Valle de Draa-Ouarzazate:

    Regresar con dromedario al pueblo para tomar una ducha caliente en albergue e iremos dirección alconocido pueblo de Rissani, visita su gran Mercado Luego seguiremos el camino hasta el Valle de Draa, pararemos para sacar fotos y continuaremos a Ouarzazate y alojamiento en Hotel

    DÍA 4 : Ouarzazate-Ait ben haddou-Marrakech

    Después del Desayuno iremos dirección a Marrakech visita Kasbah de ait ben Haddou donde se rodaron varias peliculas x ejemplo Obelix, Gladiator, Babel, etc… luego cruzaremos el Alto Atlas de nuevo para seguir el camino de vuelta a Marrakech

    Los hoteles de estos dias nos gustaron mucho y fueron elegidos por nuestro guia Ismail. Recomiendo que os pongais en contacto con el (ismail.agent@gmail.com). Yo encontre su web a traves de un foro y fue el mejor precio que encontre y eso que solo ibamos 2 personas.

    La noche en el desierto fue espectacular. Nos lo pasamos en grande. Coincidimos con una familia de chilenos y estuvimos tocando el tambor, cantando, etc.

  5. Autor de la
    Entrada

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