RECORRIENDO ESCOCIA ’09

Mediados de febrero. Con dos amigos más, cogemos un vuelo de Ryanair rumbo a Glasgow. Sí, nos vamos a Escocia y sí, en pleno invierno. Probablemente el 99% de las fotos que nos enamoran del país de los castillos, sean de un intenso verde, en plena primavera o verano, cuando la naturaleza está en pleno apogeo. Pues bien, nosotros vimos otra Escocia, una Escocia de otro color, más fría, más misteriosa, pero no menos bonita. En un recorrido de 6 días en coche, experimentamos lo que este destino tiene por ofrecer, que es mucho. Paisajes maravillosos, castillos de cuento, una gente encantadora y una idiosincrasia única son algunos de los ejemplos.

Escocia en el mapa

 FICHA DEL VIAJE

 

DESTINO: Escocia.

DURACÍON / FECHAS: 6 días, del 11/02/2009 al 16/02/2009

VIAJEROS: Jose, Sergio y Toni.

ITINERARIO / RUTA:

  • DÍA 1: Llegada y desplazamiento a Edimburgo.
  • DÍA 2: Edimburgo y desplazamiento a Dundee.
  • DÍA 3: Saint Andrews, Dunnottar Castle y desplazamiento hacia las Highlands.
  • DÍA 4: Inverness, Lago Ness, Fort Augustus y Fort William.
  • DÍA 5: Isla de Skye.
  • DÍA 6: Vuelta a casa.

ALOJAMIENTO:

  • Northumberland Hotel (Edimburgo): Fue nuestro alojamiento en la única noche que pasamos en Edimburgo. Acogedor y económico Bed & Breakfast regentado por una familia y bien comunicado con el centro de la ciudad. Pese a que está un poco alejado (unos 30 minutos caminando) una parada de autobús justo en frente facilita el trabajo. Habitaciones sencillas pero limpias y cómodas. Recomendable.
  •   Dundee Carlton Hotel (Dundee): Nada más llegar nos quisieron encasquetar una habitación de 2 para tres personas. Después de quejarnos, nos brindaron la mejor habitación del hotel así que, finalmente no hubo queja del servicio. Habitaciones cómodas y desayuno escocés brutal. Recomendable.
  • Loch Ness Clansman Hotel (Lago Ness): Se trata de un hotel situado a orillas del lago Ness y con decoración típica escocesa. Pese a que fue el más caro del viaje (nada del otro mundo) sus vistas y proximidad al lago hacen que sea una muy buena elección. Habitaciones confortables y muy buen desayuno además de un atento personal que se ocupó de buscarnos alojamiento para el día siguiente. Desde el embarcadero del hotel parten cruceros diarios por el lago. Habitaciones sencillas y cómodas. Muy recomendable.
  • Greenlea Bed & Breakfast ( Drumnadrochit): Esa noche no llevábamos nada reservado y los trabajadores del Clansman Hotel nos buscaron este alojamiento. Acogedor Bed & Breakfast regentado por una encantadora escocesa y su marido que nos trataron en todo momento como si fuéramos de la familia. Habitaciones con decoración familiar, estábamos allí y no teníamos la sensación de estar en un hotel sinó en una casa normal y corriente. La mujer se levantó a las 7 de la mañana para prepararnos el desayuno ya que devíamos partir temprano hacia Skye. Muy recomendable.
  • Inn at Ardgour ( Fort William): Fue un hotel que cogimos de camino a Glasgow, desde donde salía nuestro vuelo. Pese a que el hotel no estaba mal, no lo recomendaría ya que es necesario coger (y pagar) un ferrie para poder acceder a él.

PRESUPUESTO APROXIMADO: 550 euros.

DIARIO DE VIAJE

 

DÍA 1: LLEGADA A ESCOCIA Y DESPLAZAMIENTO A EDIMBURGO: APRENDIENDO A CONDUCIR POR LA IZQUIERDA

Nuestro vuelo nos dejó en el aeropuerto de Prestwick (cercano a Glasgow) cuando ya había anochecido hacía rato en Escocia. Ya con nuestras maletas, nos acercamos al mostrador de Alamo para recoger nuestro coche de alquiler, un Peugeot 207 que nos acompañaría durante los 6 días. Debíamos dirigirnos hacia Edimburgo, la capital de Escocia y el lugar donde teníamos reservada nuestra primera noche de hotel. De el aeropuerto de Prestwick hasta Edimburgo hay aproximadamente una hora y media de trayecto que acabó siendo bastante más debido a mi aprendizaje de la conducción en sentido contrario (malditas rotondas!). Llegando a nuestro destino vimos que los alrededores de la ciudad estaban totalmente nevados, lo cual no nos extrañó mucho ya que nos proponíamos descubrir Escocia en pleno mes de Febrero.

  

Con la ayuda del GPS encontramos el hotel sin mayor complicación, dejamos las maletas y, como teníamos que cenar, decidimos coger de nuevo el coche para descubrir el Edimburgo nocturno y buscar algún sitio donde comer algo. Dejamos el coche cerca de Scott Monument y cenamos en un Mc Donald’s bastante cercano. Una vez cenados, paseamos por North Bridge desde el que se podían ver unas buenas vistas del Castillo de Edimburgo iluminado. Decidimos entonces buscar algún sitio donde poder brindar con cerveza por nuestro recién iniciado viaje así que nos metimos en el primer PUB que encontramos y nos pedimos unas pintas que nos ayudaron a entrar en calor, pues la temperatura de afuera debía ser realmente baja. Salimos de nuevo a la fría y solitaria calle, lo que nos hizo pensar que ya era hora de irnos hacia el hotel para pasar nuestra primera noche en tierras escocesas.

DÍA 2: UNA EDIMBURGO CUBIERTA DE NIEVE

Lo primero que hicimos al despertarnos fue abrir las cortinas y descubrir que estaba cayendo una intensa nevada sobre la ciudad. Hicimos el café en la misma habitación, nos abrigamos bien y descendimos a la planta baja para desayunar. Teníamos todo el día para descubrir Edimburgo así que entre eso y el tiempo, decidimos dejar el coche aparacado en el hotel y coger el autobus público que nos llevaba en un cuarto de hora hasta el centro de la ciudad. Descendimos en la parada de North Bridge y desde allí ya cogimos la famosa Royal Mile dirección subida, dirección al Castillo de Edimburgo, el que sería nuestro primer objetivo. La Royal Mile es lo que fue la arteria principal de la Edimburgo medieval, una avenida que une el Castillo de Edimburgo, en un extremo, con el palacio de Holyroodhouse, en el otro. Su visita es imprescindible ya que es donde se concentra el mayor atractivo de la ciudad y caminándola de arriba a abajo puedes hacerte una idea de lo que es Edimburgo, o al menos la Edimburgo más turística. Contra viento y nieve conseguimos alcanzar el castillo, desde donde obtuvimos unas preciosas vistas de la ciudad cubierta por un manto de nieve.

  

 Pagamos la entrada al castillo (creo recordar unas 10 libras) e hicimos su visita interior donde pudimos visitar algún que otro museo, algún que otro salón y los calabozos del mismo. No se hasta que punto valió la pena ( no soy muy partidario a las visitas a los interiores de castillos) pero tratándose de Edimburgo, si no entras al castillo…pocas cosas más tienes por ver ya que es una ciudad bastante reducida. Vaya, que lo mejor del castillo fueron las vistas de la ciudad y su aspecto exterior (suele pasar) así que una vez acabamos de recorrer su interior, nos pusimos a  caminar de nuevo por la Royal Mile, esta vez en sentido contrario. Paramos a hacer un café en un bar cercano ya que el frío comenzaba a hacer mella y llegamos al Palacio de Hollyroodhouse. Caminamos por los alrededores de un parque de Hollyroodhouse totalmente nevado hasta que se nos hizo la hora de comer, que por esos lares es bastante temprano. Comimos en un Pizza Hut bastante céntrico y nos encaminamos hacia Calton Hill. De camino a éste, topamos con un cementerio de acceso libre así que entramos a explorarlo un poco. No se porque pero me encantan los cementerios de las islas británicas y ese en concreto con todo el suelo nevado tenía un aire de los más tétrico que le daba un encanto especial. Como anécdota decir que albergaba la tumba de David Hume, un famoso filósofo y economista escocés. Finalmente ascendimos a Calton Hill que es una colina que sirve como parque y que alberga una especie de partenón que se quedó a medias por falta de presupuesto. La verdad es que la visita a la colina nos gustó bastante ya que toda nevada, con una niebla creciente, y con monumentos como el partenón, tenía un toque de los más misterioso. Estuvimos un buen rato paseando, jugando con la nieve y haciéndonos alguna que otra fotografía delante de algún monumento hasta que los pies mojados y semi-congelados comenzaron a decir basta y comenzamos el descenso.

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Comenzaba a anochecer así que decidimos ir hacia el hotel para proseguir con nuestro camino. Al montarnos en el autobús de regreso, nos dijeron que se había averiado así que pateamos hasta el hotel (una media hora) para hacer el check out. Cogimos el coche y pusimos rumbo a Dundee, ciudad a una hora y media de Edimburgo donde pasaríamos la noche. Llegamos a nuestro nuevo hotel y después de tener algún qiue otro problemilla con la habitación, dejamos nuestras cosas y salimos a cenar. Escogimos Dundee como ciudad de paso para visitar al día siguiente Saint Andrews y la verdad es que creo que acertamos ya que tenía pinta (la vimos de noche) de ser la típica ciudad portuaria sin mucho encanto. Al menos a nosotros nos dio esa impresión. Antes de cenar fuimos a tomar unas cervezas en un tipiquísmo PUB local donde pudimos apreciar como la gente escocesa hacía vida después de concluir la jornada laboral. Finalmente cenamos en Rancho Pancho, un mejicano cuyo nombre nos encandiló y en el que nos comimos unos buenos burritos regados por la siempre imprescindible Coronita. Después de nuestra cena, nos encaminamos de nuevo al hotel para descansar para el día siguiente, que prometía ser emocionante.

DÍA 3: SAINT ANDREWS, DUNNOTTAR CASTLE Y RUMBO HACIA LAS HIGHLANDS

Comenzó el día a base de un excelente desayuno escocés formado por huevo frito, salchichas, bacon y morcilla antes de despedirnos del hotel, coger el coche y continuar nuestro trayecto. Hacía un día perfectamente soleado aunque eso no impedía que todo el paisaje a nuestro alrededor estuviese totalmente nevado…por el momento, ni rastro del verde. En menos de media hora de camino nos plantamos en Saint Andrews, pequeño pueblo costero y típicamente escocés, padre del deporte del golf, y que alberga las ruinas de lo que fue la catedral más grande de todo el Reino Unido cuando ésta estaba en pie.

  

Teníamos claro que lo que queríamos ver por encima de todo eran las ruinas de la catedral con su respectivo cementerio y la verdad es que no defraudaron. Situadas al borde del mar, los restos de la catedral se levantan junto a las lápidas de manera casi fantasmagórica en lo que fue una de las mejores estampas del viaje sin duda. Paseamos por las ruinas cubiertas de nieve y posteriormente nos encaminamos hacia el centro del pueblo. Saint Andrews pocas cosas más tiene por ofrecer, aunque la sola visita a las ruinas de la catedral, ya vale la pena. Entramos a tomar unos cafés en uno de los locales del pueblo y después de callejear un rato más, dimos por concluida la visita y nos dirigimos a nuestro coche. Nuestro siguiente objetivo iba a ser el Glamis Castle, según dicen, de los castillo más bellos de Escocia y relativamente cercano a la población de Dundee, por donde nos encontrábamos. Comenzamos a adentrarnos en llanuras totalmente nevadas en lo que parecía ser el preludio de las Highlands hasta que finalmente dimos con el castillo, que para nuestra desgracia estaba cerrado hasta la primavera.

Sería más o menos la hora de comer así que en un Mc Donald’s de carretera decidimos, mientras devorábamos nuestras hamburguesas, a que íbamos a ocupar la tarde. La decisión fue unánime: subiríamos hasta la población de Stonehaven (cercana a la norteña Aberdeen) para visitar las ruinas del Dunnottar Castle, castillo que me habían recomendado visitar. Una vez en el pueblo, después de más de una hora de trayecto, preguntamos a una amable escocesa la manera de acceder a las ruinas. Nos dijo que se accedía caminando desde el mismo pueblo en un trayecto de una media hora. Dejamos el coche estacionado en el puerto del pueblo y nos pusimos a caminar por un impresionante sendero que bordea los acantilados de la costa escocesa hasta dejarte delante de las ruinas del castillo, situado en un peñón adentrado en el mar. La panorámica de las ruinas en lo alto del peñón rodeado por el mar fue realmente bonita, lástima que tampoco tuviéramos suerte para entrar dentro ya que, como el Glamis Castle, estaba cerrado. Deshicimos el bonito sendero que nos había llevado hasta el castillo y cogimos de nuevo el coche cuando el día comenzaba a evaporarse.

  

Debíamos llegar hasta el lago Ness para hacer noche, así que dadas las condiciones meteorológicas no cabía conducir mucho tiempo de noche. En las casi 4 horas de trayecto, hubo momentos en que pensamos que nos quedábamos tirados con el coche en medio de la nada ya que había carreteras secundarias que tuvimos que atravesar, que estaban totalmente cubiertas por la nieve y costaba hacer avanzar el coche. Me veía tirado en medio de las Highlands, sin cadenas, con temperaturas bajo cero y sin ningún rastro de cobertura movil. Afortunadamente nuestros malos augurios no se cumplieron y después de atravesar un puerto de montaña en plena nevada y de noche, conseguimos llegar a zonas más pobladas. Finalmente alcanzamos Inverness, capital de las Highlands, y señal de que nuestro hotel y el lago Ness estaban cerca. Bordeamos el lago totalmente oscuro hasta el hotel y, aliviados, nos resguardamos en su interior para dejar las maletas. En el hotel, con un ambiente muy escocés, nos aconsejaron volver a Inverness para cenar, que estaba a unos 20 minutos. De nuevo en Inverness encontramos un restaurente italiano donde, relajados, nos comimos un buen plato de pasta y entablamos conversación con el simpático dueño: un francés regentando un italiano en plenas highlands escocesas. Viva la globalización. Finalizada la cena, volvimos a nuestro hotel para prepararnos para una jornada donde, entre otras cosas, descubriríamos por fin el mítico lago Ness.

DÍA 4: BORDEANDO EL LAGO NESS

Nos despertamos temprano, y nada más descender a la sala de desayunos pudimos ver a  través de la cristalera el mítico lago Ness. Puede que no sea más que un lago,  pero tiene tanta leyenda y renombre que por lo menos a mí fue lo que más ilusión me hizo ver en todo el viaje, aunque, como he dicho antes acabara siendo simplemente un lago bastante grande y de aguas muy oscuras.

   

Mientras nos íbamos comiendo nuestras raciones de “colesterol breakfast” podíamos apreciar perfectamente el lago que a esas horas de la mañana estaba con una bruma que le daba un espectacular toque de misterio. Adjunto al hotel había un embarcadero desde donde salían cruceros para explorar el lago así que fuimos a preguntar horarios y tarifas. Decidimos hacer una visita matutina a Inverness y sobre las 11 de la mañana coger uno de los cruceros que partían del muelle. Cubrimos  los 20 minutos que nos separaban de la ciudad y estuvimos paseando por algunas de sus calles y ascendiendo al bonito castillo de la población, que si no recuerdo mal, también estaba cerrado o no se permitía la entrada. Inverness es una población tranquila (al menos en invierno) que sirve como perfecto “campamento base” para explorar toda la zona de las Highlands y el lago Ness, y por este motivo es frecuentada por bastantes turistas sobretodo en primavera y verano.

  

Al acercarse la hora del crucero, cogimos de nuevo el coche para volver al hotel y bajamos al embarcadero desde donde opera la empresa Jacobite encargada de los cruceros y donde había claras referencias a Nessie (el monstruo) por toda partes. Y es que la leyenda parece no tener fin. Nuestro billete nos costó unos 11 euros y consistía en un viaje de ida y vuelta por el lago llegando al Castillo de Urquhart o Castillo del lago Ness. Si no recuerdo mal el crucero duró sobre una hora en la que primero estuvimos en la parte exterior disfrutando del paisaje e intentando localizar a Nessie, pero el camino de vuelta lo pasamos refugiados del frío en el interior, tomando un café y intentando localizar a Nessie, esta vez, por el radar “turístico” del que disponía el barco. Del lago Ness decir que me impactaron sus aguas tremendamente oscuras, casi negras, y que finalmente no hubo rastro del monstruo por ninguna parte…

  

Descendimos del crucero y nos pusimos de nuevo en ruta, esta vez hacia Fort Augustus, nuestro siguiente destino. Recorrimos durante media hora el borde del lago hasta que llegamos a la población en cuestión, un diminuto pueblo a orillas del lago y típicamente escocés. Nuestro propósito era comer allí y encaminarnos hacia Fort William. Después de pasear un rato por las tranquilas calles, nos metimos en un restaurante, The Bothy donde por fin probamos la comida escocesa. Empezamos por degustar un típico Haggis ( probablemente el plato con más renombre en Escocia) que está compuesto por diferentes visceras de cordero. Pese a mis iniciales reparos, tengo que decir que no estaba malo del todo. De segundo, un estofado de carne de oveja que bueno… para que nos vamos a engañar, la gastronomía no es el punto fuerte de las islas británicas. Cogimos de nuevo el coche camino a Fort William, turístico pueblo de montaña que atrae a multitud de excursionistas y montañeros debido a su cercanía al Ben Nevis, la montaña más alta del Reino Unido con 1.344 metros de altura.

  

Estuvimos explorando Fort William que en invierno tiene más el aspecto de un pueblo fantasma pues estaba bastante muerto. Como no le encontramos grandes atractivos, nos acercamos al Inverlochy Castle, unas ruinas de castillo bastante cercanas al pueblo y que nos dejaron mejor sabor de boca. Para acabar la tarde, nos encaminamos a los pies del Ben Nevis por una carretera muy recomendable (la que va en dirección Ben Nevis) ya que contiene unos paisajes totalmente inhóspitos dignos de la mejor postal de las Highlands. Una vez allí nos bajamos del coche, disfrutamos del purísimo aire y nos quedamos embelesados con el paisaje que se abría ante nosotros aunque la cumbre del Ben Nevis, con un poco de bruma, no estaba del todo visible. En esa misma parada en plena carretera tuvimos la suerte de toparnos con las vacas de las Highlands, un tipo de vaca muy peluda que a mí particularmente me parece un animal maravilloso. Solo hay que ver las fotos.

  

Después de interactuar un poco con las vaquitas, cogimos el camino de regreso hacia Drumnadrochit, población cercana a nuestro último hotel donde los amables responsables de éste nos habían reservado un Bed & Breakfast. Llegamos al alojamiento, y un amabilísimo matrimonio nos recibió, alojándonos en dos de sus habitaciones. Esa noche subimos de nuevo a cenar a Inverness (esta vez fue un Mc donalds) y regresamos a nuestras habitaciones para recuperarnos de lo que había sido un día bastante agotador.

DÍA 5: UN DÍA EN LA ISLA DE SKYE

Nuestra anfitriona escocesa se levantó a las 7 de la mañana para prepararnos un suculento desayuno a base de huevos fritos y bacon. Después de pagarle la noche y darle mil gracias por el exquisito trato que nos había dispensado, cogimos el coche en una jornada aún por amanecer para encaminarnos a un lugar que nos ocuparía todo el día: la isla de Skye. Unas 2 horas de camino cruzando las highlands era lo que teníamos por delante así que no había tiempo que perder.

Por el camino a la isla, la más conocida de las Hébridas interiores, nos fuimos topando con unos paisajes nevados que incitaban a parar el coche y hacer decenas de fotografías en un entorno típicamente de las tierras altas: suaves colinas nevadas rodeando hermosos lagos de aguas oscuras. Esos eran los paisajes que íbamos buscando en nuestro periplo por las Highlands y ahí estábamos atravesándolos con el coche rumbo a la isla de Skye. Antes de acceder a la isla hay una parada imprescindible en el Castillo de Eilean Donan, situado a pocos kilómetros de la isla por la carretera de entrada. No había oído hablar mucho del castillo pero fue, por unanimidad, el mejor de los que habíamos visto para los tres.

  

No tanto por su arquitectura como por su ubicación, situado en un islote en medio de un precioso lago y tan solo comunicado por tierra por un antiguo puente de piedra. Además el entorno a esas horas de la mañana (aún era temprano) era de lo más misterioso como creo que refleja perfectamente su fotografía. A este castillo no me hubiese importado entrar en absoluto pero la maldición de los castillos nos perseguía y estaba cerrado por reformas. Otra vez será. Continuamos nuestro camino cruzando el puente que lleva a la isla de Skye y paramos el coche para  proponernos hacer un recorrido circular por ésta, viendo lo más destacable: los inhóspitos paisajes, el Dunvegan Castle, el pueblo de Portree y los acantilados de la costa este o Kilt Rock. Nada más empezar nuestro recorrido nos topamos con una típica vivienda de la isla que nos pareció de lo más curiosa con el tejado hecho de algo así como paja. Continuamos adentrándonos por la isla y se nos iban apareciendo paisajes a cual más virgen salpicados por ovejas, omnipresentes por todo el país. Probablemente la isla tenga un tono de verde más agradable en primavera pero en invierno sus colores dan una sensación de soledad e incertidumbre que no dejan indifernete a nadie.

  

Después de cruzarnos con 20 rebaños de ovejas y de apretarle un poco al coche por las solitarias carreteras ( luego nos pasaría factura) nos topamos con nuestra primera visita en la isla, el Dunvegan Castle, un castillo que tan solo visitamos por fuera, accediendo a sus jardines, ya que no nos pareció merecedor de dedicarle mucho más tiempo. Entre pitos y flautas se nos aproximaba la hora de comer así que decidimos dirigirnos al pintoresco pueblo de Portree a buscar un sitio dónde comer. Antes de eso estuvimos paseando un poco por el centro y la zona del puerto donde estan las casas de colores que hacen famoso a este pequeño pueblo de pescadores ( el más grande de Skye ).

  

Para comer entramos en un Fish & Chips donde nos decidimos por unas jugosas hamburguesas de angus, una ternera escocesa que estaba deliciosa. Nos despedimos del bonito pueblo y continuamos hacia el norte bordeando la costa este de la isla parándonos de vez en cuando a asomarnos, por los senderos habilitados, a los impresionantes acantilados que caen a plomo sobre la costa. Finalmente llegamos a la cascada de Kilt Rock, un riachuelo que se precipita por el acantilado formando una bonita cascada que se ha convertido en el mayor reclamo turístico de la isla, y ni que decir tiene que bien vale la pena hacerle una visita ya que es un espectáculo natural digno de ver. Con la cascada de Kilt Rock habíamos cumplido con creces en la isla de Skye así que, antes que anocheciera demasiado, pusimos rumbo hacia Fort William, donde estaba nuestro último hotel.

  

Concretamente estaba a unos kilómetros al sur de Fort William, despúes de cruzar con ferrie uno de los cientos de lagos que hay en Escocia, el lago Linnhe. Si llegamos a saber que había que coger un ferrie ( de pago ) para ir a dormir allí…otro gallo hubiera cantado. Finalmente llegamos a nuestro alojamiento y después de una buena cena donde cayó un buen entrecot de ternera, nos fuimos a dormir a nuestra espaciosa habitación en lo que era nuestra última noche en Escocia.

DÍA 6: DE CAMINO AL AEROPUERTO

Nuestro vuelo de vuelta tenía su hora prevista de salida a las 2 del mediodía así que para nuestro último día por tierras escocesas solo nos daría tiempo a cubrir tranquilamente las tres horas que nos separaban del aeropuerto. Nos despertamos temprano para poder disfrutar del camino y el paisaje con tranquilidad y así lo hicimos ya que Escocia nos deleitó con dos joyas más antes de llegar al aeropuerto. En primer lugar nos topamos con las denominadas tres hermanas, un conjunto precioso de tres montañas seguidas que forman unos valles muy apreciados  por los excursionistas.

  

 En segundo lugar, circulamos a orillas del impresionante  lago Lomond, el más extenso de toda la isla de Gran Bretaña y tan oscuro como su vecino del norte, el lago Ness. Fue como si Escocia nos quisiera brindar toda su belleza antes de adentrarnos en la gris Glasgow y poner rumbo final al aeropuerto. Una vez allí, devolvimos el coche de alquiler y la empresa Alamo nos hizo pagar un neumático ya que en nuestro “rallie” por la isla de Skye habíamos deformado una de las ruedas. Pese a todo la anécdota no fue suficiente para quitarnos el buen sabor de boca que nos había dejado el viaje así que, tomando un agradable café, esperamos que llegara el momento en que nuestro avión de Ryanair nos devolviera a casa.

CONCLUSIONES

Escocia es un lugar que recomendaría con los ojos cerrados a cualquier persona que le guste disfrutar del placer de viajar. Yo lo hice en este viaje. Serán los castillos, los paisajes, los lagos o sus gentes, pero Escocia me dejó huella. Nos dejamos por ver algunas cosas como Stirling, Glen Coe, las Shetland o el norte de la isla pero prometí que volvería. Volveré alguna primavera a verla vestida de verde.

  • ↑ LO MEJOR: Los paisajes de las Highlands, el lago Ness, los castillos de Eilean Donan y Dunnotar, las vacas de las Highlands, Edimburgo, la catedral de Saint Andrews, la Isla de Skye,los desayunos y la acogedora gente escocesa.
  • LO PEOR: Tener que conducir por la izquierda y la gastronomía escocesa y de las islas en general.

Nos vemos en próximos viajes,

Bye!!!

    

 

 

Comentarios

  1. marisa

    Hola

    A mitad de Diciembre vamos a ir a Escocia, asi que el tiempo va a ser parecedido al vuestro, queria saber si tubisteis problemas con las carreteras por la nieve, el hielo, si alguna estaba cerradas…ya que estamos esperando reservar el coche a ver como va evolucionando el tiempo , ya que de momento son las previsiones son malas.

    Normalmente nosotros viajamos en esta epoca y solemos reservar desde España solo la primera o las dos primeras noches,las demas sobre la marcha, hay problema de hacerlo en el ultimo momento, hay muchos sitios cerrados ????

    Bueno lo de verlo todo blanco en vez de verde…ya vamos con esa idea, pero es cuando tenemos vacaciones… Graciasss

    1. Autor de la
      Entrada
      Toni

      Hola Marisa,

      Si te digo la verdad, el día que tuvimos que desplazarnos de Saint Andrews a Inverness, tuvimos algún que otro problema con las carreteras y la nieve. Seguimos las instrucciones del GPS, que nos llevó por alguna carretera secundaria en la que casi nos quedamos atascados…Creo que también coincidió que nos pilló un temporal de nieve bastante fuerte.

      Por otro lado, el coche es la mejor manera de descubrir Escocia, yo lo haría de esta manera.

      Nosotros tan solo llevamos una noche sin reservar, y la solucionamos sin mucho problema en un Bed & Breakfast, pero si es verdad que en invierno las opciones de alojamiento están más limitadas, sobretodo en zonas escasamente pobladas como las highlands. Yo me trazaría un itinerario y el grueso del alojamiento lo llevaría reservado, por si las moscas…

      Escocia en invierno también tiene su encanto…ya me contarás a la vuelta!

      Un saludo!

  2. Autor de la
    Entrada
    Toni

    Hola Iker,

    Por la zona de las Highlands las carreteras son de un solo carril, pero en buen estado. Desde la zona de Fort August y el lago Ness tienes unas dos horas hasta la Isla de Skye, pero cuéntale algo más porque te verás obligado a pararte para admirar el impresionante paisaje y parar en algún que otro castillo como el de Eilean Donan.

    Disfruta de Escocia, seguro que la ves mucho más verde que nosotros.

    Un saludo!

  3. Iker

    Gracias Toni! Me ha ayudado mucho esto, ya que la semana que viene tengo intención de ir a escocia. te quería preguntar una cosa.

    Qué tal son las carreteras desde fort augustus, fort williams, y la carretera direcc a la isla skye??

    y otra cosilla, muchas horas de coche???

    gracias!!

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