HOLANDA Y BÉLGICA ’08

                                                                      

Vacaciones de verano de 2008. Tres amigos dispuestos a viajar y divertirse. Donde ir? No, la elección no fue difícil. Holanda; tenía que ser Holanda. Que otro país puede, en tan pequeño espacio, reunir tanta diversión, belleza, tranquilidad y precios asequibles? Si los hay serán contados y por eso Holanda es uno de los destinos preferidos de la gente joven, y no tan joven… Si a éste magnifico lugar le combinamos un par de días por dos de las joyas del país vecino como son Brujas y Bruselas, nos sale un viaje de 5 estrellas. Un viaje que disfruté a tope en gran medida porque era mi primer gran viaje por Europa, acompañado de dos de mis mejores amigos. He aquí el relato de nuestros 10 días por los Países Bajos.

 

Holanda y Bélgica en el mapa

FICHA DE VIAJE

DESTINO: Holanda y Bélgica.

DURACIÓN / FECHAS: 10 días de viaje, del 16/09/2008 al 25/09/2008

VIAJEROS: Jordi, Jose y Toni.

ITINERARIO / RUTA:

  • DÍA 1: Llegada a Maastricht. Visita de la ciudad.
  • DÍA 2: Amsterdam.
  • DÍA 3: Amsterdam.
  • DÍA 4: Amsterdam.
  • DÍA 5: Zaanse Schans y más Amsterdam.
  • DÍA 6: Amsterdam.
  • DÍA 7: Volendam, Rotterdam y Delft.
  • DÍA 8: Brujas.
  • DÍA 9: Bruselas.
  • DÍA 10: Vuelta a casa desde Maastricht.

ALOJAMIENTO:

  • Stayokay Maastricht: En toda nuestra estancia en Holanda estuvimos alojados en esta cadena de albergues holandesa aunque el de Maastricht en concreto fue el mejor de los tres. Instalaciones modernas, buena atención, tranquilidad y ubicación perfecta a orillas del río Maas. El precio, poco más de 20 euros por persona con desayuno incluido. A nosotros nos tocó compartir una habitación de 6 con otras dos chicas que, casualidad, eran también españolas. Muy buen recuerdo y totalmente recomendable.

 

  • Stayokay Amsterdam Voendelpark: Aunque de instalaciones más viejas que el de Maastricht, éste es un albergue con mucho ambiente juvenil y bien situado casi dentro de Voendelpark y a pocos metros de la animada Leidseplein. En el estuvimos 5 noches en una habitación de 6 compartiendo espacio con personajes de los más variopinto. El 90% por ciento de los inquilinos eran gente jover así que se puede esperar jaleo nocturno o que te entren a la habitación a las 3 de la mañana. Mismo precio que el de Maastricht y también desayuno incluido. Recomendable.
  • Stayokay Rotterdam: Quizá fue de los tres el que menos nos gustó aunque ya veníamos con algún que otro prejuicio de la ciudad. Nos costó horrores aparcar el coche para acceder a él y nos tocó compartir la habitación de 6 con unos personajes un tanto malolientes. De ahí que el recuerdo no sea muy positivo. Por lo demás, muy parecido al de Amsterdam aunque, claro está, con mucho menos ambiente. Situado en una zona de mucho tráfico. Por mi experiencia, no lo recomendaría.
  • Gasthof Groenhove (Brujas): Era nuestro primer hotel después de dormir 7 noches en albergues con habitaciones compartidas y le teníamos muchas ganas. La verdad es que nos encantó a los 3. Situado fuera del casco antiguo de Brujas pero a poco tiempo caminando. El dueño (es una casa) fue de lo más servicial ofreciéndonos información y mapas para nuestra visita y dándonos alojamiento en una habitación  abuhardillada muy acogedora (si reservais pedidla). Además la casa por fuera es preciosa cubierta por enredaderas y está en una zona de lo más tranquila. Aparcamiento gratuito y precio asequible. Muy recomendable si no se pretende estar en el meollo de Bras.

 

PRESUPUESTO APROXIMADO: 850 euros.

DIARIO DE VIAJE

 

DÍA 1: MAASTRICHT, LA CIUDAD TRANQUILA

Fue nuestra ciudad de entrada y salida del viaje ya que volamos con Ryanair que tiene base en su aeropuerto. Y de una ciudad de transición para llegar a Amsterdam pasó a ser  una de las sorpresas agradables del viaje ya que, a priori, poco esperábamos de una ciudad llamada Maastricht tan sólo conocida por el famoso tratado. Llegamos al aeropuerto más o menos a media mañana y cogimos un autobús que nos dejó en la ciudad, justo al lado de la estación de trenes. Nuestra primera imagen al bajar del autobús fue ver la cantidad de bicis aparcadas en la estación, situación que iba a ser una tónica en todo el viaje ya que las bicis en Holanda son como los bares en España, hay por todas partes. Desde allí, mapa en mano, caminamos un cuarto de hora hasta nuestro albergue, dónde dejamos nuestras cosas.

  

 El albergue nos sorprendió positivamente por lo moderno que era y por su increíble ubicación a orillas del río. Y es que Maastricht es una ciudad situada en el sur de Holanda muy cerca de Bélgica y Alemania y por la que pasa el río Maas, que divide la ciudad en dos partes. Se acercaba la hora de comer así que como habíamos visto un Mc Donald’s (cuando viajo suelo abusar de ellos) en el camino hacia el albergue, para allí que nos fuimos. Teníamos toda una tarde para descubrir la ciudad, desde mi punto de vista suficiente ya que Maastricht no se caracteriza por tener muchas atracciones turísticas sinó por ser una ciudad tranquila y acogedora. Con esta premisa, nos dirigimos a la parte oeste del río Maas (donde se acumulan la mayoría de atractivos) para tomarnos un delicioso café sentados en una terraza de la plaza Vrijthof, la principal de Maastricht. Desde allí dimos un agradable paseo por el casco antiguo hasta que desembocamos en Stadspark, un bonito parque cercano a nuestro albergue donde puedes encontrar diversos animales como ocas, ciervos o cabras en un espacio vallado dentro del mismo parque. Muy cerca de éste se encuentran las antiguas murallas de la ciudad con sus cañones aún apuntando hacia el río y con su antigua puerta de entrada, Helpoort (puerta del infierno), que data de 1.229 y es probablemente el lugar más visitado de la ciudad.

 

  

Acabadas puertas y murallas nos dirigimos hacia el albergue a hacer unas cervezas (Heineken, por supuesto) y a jugar un rato a cartas tranquilamente sentados en la terraza que daba al río. Cuando oscureció nos dirigimos a la parte este del río para buscar algún lugar donde cenar que al final fue un puesto callejero de comida turca  donde comimos el mejor Kebab de nuestras vidas sentados en un banco. Aún no ha sido superado. Ya cansados por el trajín de todo el día nos dirigimos al albergue, no sin antes hacer unas fotos de la ciudad iluminada desde el puente.

Llegados a nuestra habitación conocimos a nuestras compañeras, dos simpáticas españolas que estaban de Erasmus en Maastricht y que aún no habían encontrado alojamiento. Tenían esa misma noche una fiesta Erasmus a la que nos invitaron pero nosotros, muy cansados, les dijimos que no. Siempre me arrpentiré de esa decisión, seguro que hubiese estado genial. Las chicas marcharon y nosotros nos quedamos en la habitación pensando que habíamos disfrutado de una ciudad que nos había ofrecido la primera muestra de algunos de los tópicos del país de los tulipanes: Coffeeshops, bellas mujeres y bicis, muchas bicis.

DÍA 2: LLEGAMOS A AMSTERDAM

Ese día estaba previsto coger un tren que nos llevara al núcleo de nuestro viaje: Amsterdam. Para ello una vez despiertos y desayunados nos dirigimos a la estación de trenes, donde nos había dejado el autobús del día anterior, para comprar los billetes hacia la capital holandesa. No se con que frecuencia partían los trenes pero recuerdo que después de comprar los billetes (28,50 euros) no tardamos mucho en salir. Pasamos las dos horas y media en el comodísimo tren jugando a cartas (el UNO es un gran compañero de viaje) y escuchando música mientras atravesábamos poblaciones como Eindhoven o Utrecht que quedarán para futuros viajes.

  

 Una vez en la pintoresca estación de Amsterdam y después de aclararnos sobre cómo llegar al hotel, cogimos un autobús desde el cual pudimos apreciar por primera vez la característica fisonomía de la ciudad, con sus estrechas viviendas y sus preciosos canales. Bajamos muy cerca del albergue, hicimos el check, conocimos a nuestras nuevas compañeras de habitación (una japonesa y una inglesa) y nos fuimos a buscar algún sitio para comer. Finalmente fue un Pizza Hut cercano al hostel dónde nos metimos unas buenas pizzas en el cuerpo. Con el estómago lleno, fuimos a pasear por Voendelpark, un agradable parque cercano a nuestro albergue en el que también nos estiramos un rato y jugamos tranquilamente a las cartas. Ya estábamos en Amsterdam! Y aún nos quedaban 4 días por delante para descubrirla por completo. Estaba ya oscureciendo cuando dimos un paseo por las calles aledañas al parque hasta que nos encontramos con Liedsplein, una de las plazas más animadas de Amsterdam si no la que más.

 

Después de cenar algo nos sentamos en una de las muchas terrazas de la plaza para disfrutar tranquilamente de unas buenas cervezas mientras observábamos el gran ambiente que se creaba en la plaza al caer la noche. Y es que entre coffeeshops, PUBs, discotecas, y espectáculos callejeros, la zona de Leidseplein no deja lugar al aburrimiento, probablemente sea el mejor lugar de la ciudad para salir de marcha.

 Entre cerveza y cerveza comentamos la ilusión que nos hacía a los tres conocer la ciudad así que en parte por ese motivo no nos fuimos muy tarde hacia el hotel ya que al día siguiente teníamos previsto alquilar unas bicis y recorrer toda la ciudad a golpe de pedal. Unas partidas a la Wii y unos billares en el albergue pusieron punto y final a nuestro primer día en la capital holandesa.

DÍA 3: RECORRIENDO LA CIUDAD A GOLPE DE PEDAL

Es la mejor manera de recorrer una ciudad como Amsterdam. Alquilar unas bicis, mapa en mano, y atravesar los canales y calles de la capital holandesa en un día soleado, es una de esas experiencias que se quedan grabadas en la mente. Con esta idea y después del insulso desayuno de nuestro albergue, preguntamos en recepción dónde podíamos alquilar unas bicis para todo el día. Ellos nos recomendaron alquilarlas en Mac Bike, empresa a la cual pertenecen las llamativas bicis rojas que llevan casi todos los turistas de la ciudad. Para allá que nos fuimos ya que una de las sucursales estaba muy cercana al hotel y decidimos alquilarlas cuanto antes mejor.

  

 Un divertido dependiente que nos apodó como “cabrasitos” por nuestro claro acento hispano (que rápido lo detectan), nos alquiló cada bici por 12,50 euros las 24 horas, 9,50 el alquiler y 3 euros el seguro por robo, que vistas las cifras de bicis robadas en la ciudad, más vale añadirlo. Es necesaria tarjeta de crédito para llevar a cabo el alquiler. Una vez con  nuestras bicis nos pusimos a pedalear por la ciudad sin ningún rumbo fijo, hasta que decidimos pararnos, ojear el mapa, y comenzar a hacer visitas. Nos llamó la atención bastante conocer la “casa más estrecha del mundo” que según había leído se encontraba en la ciudad. Ésta está ubicada junto al canal Singel, uno de los primeros canales concéntricos que cruzan toda la ciudad. Concretamente se encontraba en el número 7, y la verdad es que no se si será la más estrecha del mundo, pero sí que tiene pinta de ser muy incómoda por mucho que en Amsterdam siga bastante la tónica ya que, por falta de espacio, todas las casas tienden a ser estrechas. Y si no, a vivir en un canal en una de las muchas casas flotantes que te vas encontrando. Desde el canal Singel nos acercamos al Centrum (centro de la ciudad) más en concreto a la Plaza Dam centro de vida de la capital.

 

  

 Nos sentamos en una de las terrazas de la amplia y soleada plaza y mientras tomábamos un café, disfrutamos del ambiente que allí había: Mimos, artistas callejeros, manifestantes, cómicos…todo un despliegue. De la plaza Dam destaca por encima de todo el imponente Palacio Real aunque también alberga la Iglesia Nueva, el Madame Tussaud (museo de cera que visitaríamos más adelante) y el Monumento Nacional a la Liberación. Nos despedimos de la plaza y nos encaminamos a la zona Oeste de la ciudad poniendo rumbo hacia Westerpark, un alejado parque (no en bici) que nos sirvió para descansar un rato y jugar unas partidas al UNO. El “bicing” por Amsterdam nos estaba encantando y coincidimos en que era una cómoda y divertida manera de descubrir tan bella ciudad. Cogimos de nuevo las bicis y nos dirigimos al conocido barrio de Jordaan, una de las zonas más bellas de Amsterdam plagado de canales, estrechas callejuelas y un montón de restaurantes. De hecho, como ya se acercaba la hora, nosotros optamos por quedarnos a comer en el barrio.

  

 Después de comer visitamos por fuera la casa dónde Ana Frank estuvo escondida junto a su familia durante la ocupación alemana. Decidimos dejar la visita para más adelante y, como suele pasar, al final no la hicimos. Seguimos pedaleando por la zona oeste de la ciudad hasta que pasamos cerca del albergue y decidimos hacer un “break”. El resto de la tarde-noche lo dedicamos a pasear por Muntplein, en la zona este de la ciudad, donde encontramos un agradable mercado por el que pasear. Seguidamente nos dirigimos a Rembrandtplein, bonita plaza alrededor de la cual crecen como setas los restaurantes y clubs nocturnos dándole mucho ambiente a la zona. Para los que vayan con ganas de marcha a la ciudad recomendaría esta zona junto a la de alrededor de la plaza Leidseplein. Cenamos en un restaurante italiano cercano a la plaza donde nos pusimos las botas después de unos días de fast food. Para acabar de rematar el día cogimos de nuevo las bicis y, ya de noche, nos dirigimos hacia el barrio rojo.

 

No nos podíamos ir de la ciudad sin echarle un ojo a éste singular fenómeno que sólo podía pasar en Amsterdam. Antes de adentrarnos en él, hicimos unas fotos a De Waag, antigua puerta medieval de la ciudad que queda preciosa iluminada de noche. A escasos metros de la puerta y adentrándonos por unos callejones, topamos con el canal Oudejids Voorburgwal alrededor del cual se encuentra el barrio rojo. Curiosa la experiencia, ya que entre prostitutas expuestas y camellos había familias con niños paseando en la más absoluta tranquilidad. Después de un paseo por la zona, dejamos atrás las luces rojas de la tentación y volvimos a buscar nuestras bicis convenientemente aparcadas y aseguradas con un candado. El día había dado para bastante así que decidimos dirigirnos a nuestro albergue (se había hecho tarde) y descansar para el día siguiente.

DÍA 4: AMSTERDAM ARENA Y DE FIESTA POR LEIDSEPLEIN

En nuestro tercer día en la ciudad decidimos ir a visitar uno de los mejores estadios de fútbol del mundo, el Amsterdam Arena, campo del Ajax de Amsterdam y toda una delicia para los amantes del fútbol. El estadio está en las afueras de la ciudad así que tuvimos que dirigirnos en autobús hasta la estación central de Amsterdam y allí tomar el metro para bajarnos en la parada Bijlmer Arena / Strandvliet. En unos 20 minutos de trayecto, el metro te deja justo al lado del estadio donde también se encuentran el Heineken Music Hall, lugar que alberga conciertos y sesiones de los mejores DJ holandeses, muy conocido en la ciudad.

 

Una vez en el estadio compramos la entrada para hacer el tour World of Ajax que cuesta unos 12 euros. Durante la visita te muestran el espectacular campo por dentro con su techo corredizo, la sala de prensa, las gradas, los banquillos, la zona VIP, el museo,… vaya lo imprescindible para cualquier visita a un estadio. A nosotros, bastante futboleros los tres, nos pareció una buena visita pero para quien no le guste el fútbol… es totalmente obviable.

 

 

Con la tontería del estadio se nos fue toda la mañana así que comimos en un comida rápida en los mismos alrededores del estadio. La tarde la dediqué a pasear tranquilamente por la ciudad ( Jose y Jordi se quedaron en el albergue) sin tener un rumbo fijo, simplemente dejándome llevar y perdiéndome por unas calles y canales que hicieron del paseo una delicia. A veces ésta es la mejor manera para descubrir una ciudad ya que cuando lo llevamos todo muy planificado, vamos demasiado a piñón fijo sin fijarnos verdaderamente en lo que nos rodea. Concluido mi paseo regresé al hotel dónde me encontré con Jose y Jordi y nos fuimos a cenar.

  

Después de unas cervecitas en Leidseplein, Jose y yo nos animamos y nos fuimos a uno de los PUBs de alrededor de la plaza a acabar la noche. Lamento no recordar el nombre, pero nos lo recomendaron en el albergue y la verdad es que nos gustó bastante. Era un PUB donde se tocaban conocidísimas canciones en directo y donde estuvimos hasta pasadas las 3 de la madrugada, hora en la que decidimos regresar al hotel.

DÍA 5: ZAANSE SCHANS: VISITA AL PUEBLO QUE REÚNE TODOS LOS TÓPICOS DE LA CULTURA HOLANDESA

Era un día especial. Tocaba excursión a Zaanse Schans, encantador pueblo a las afueras de Amsterdam y casi museo al aire libre de la cultura y folclore holandeses. A los tres nos hacía especial ilusión visitarlo así que después de desayunar como de costumbre en nuestro albergue, tomamos de nuevo el bus hacia la bonita estación central de Amsterdam. Para llegar a Zaanse Schans hay que comprar un billete de tren que vaya hacia Koog-Zaandijk, bajarse en esa misma parada y conseguir un mapa cerca de la estación (hay máquinas expendedoras gratuïtas) que os ayudará a encontrarlo. Cuando fuimos nosotros había que coger un ferry gratuïto para llegar y es que Zaanse Schans está como aislado de la modernidad, anclado en el pasado de los molinos de viento y los zuecos de madera.

  

Llegamos sin ningún tipo de problema al pueblo y comenzamos a pasear entre las verdes casas de madera y la tranquilidad que emanan sus escasas calles, si tienes la suerte de no coincidir en la visita con un autobús de turistas. A mí se me quedó grabada una imagen en particular, la del riachuelo que cruza el pueblo con las casitas de madera construidas en su ribera. Preciosa estampa. Nos sentamos en una terracita de un local donde tomamos tranquilamente un café mientras admirábamos el entorno. A continuación, nos dirigimos hacia una zona donde había una especie de museo al aire libre donde se hacían zuecos de madera artesanalmente, se enseñaba la fabricación del queso y donde algunos habitantes del pueblo iban vestidos con trajes típicos holandeses. Tan sólo nos faltaba un topicazo holandés: los molinos. Y allí los teníamos también. Preciosos molinos de viento alineados alrededor de los cuales paseamos hasta que dimos por concluida la visita. Recomiendo totalmente acercarse a este pueblo, pese a que probablemente esté todo un poco teatralizado para el turista. Nosotros disfrutamos y pasamos un buen rato en un lugar bello como pocos.

  

Volvimos a cruzar el río con el ferry y nos encaminamos hacia la estación donde cogimos el tren de regreso a Amsterdam, a la que llegamos sobre las 4 de la tarde. A esa hora aún no habíamos comido pero tuvimos la suerte de encontrar un restaurante argentino en las cercanías de la Plaza Dam donde dimos buena cuenta de los churrascos y los filetes. La comilona merecía una buena siesta (no hay que perder las buenas costumbres cuando se viaja) así que fuimos a amortizar las camas del albergue. Nos tomamos la tarde con bastante filosofía, jugando a cartas y charlando, sin muchas ganas de visitar nada en particular. Aún nos quedaba un día entero en Amsterdam así que lo más  destacable del resto de la tarde – noche fue la visita a un coffeeshop de los alrededores de Leidsplein donde tomamos algo mientras disfrutábamos del peculiar ambiente que se suele crear en estos locales.

DÍA 6: IMPROVISANDO POR AMSTERDAM

Era un día previsto para hacer otra excursión, esta vez a Volendam, que debería habernos ocupado casi todo el día. Teníamos que coger un autobús cerca de la estación central que nos dejase en el pintoresco pueblo, pero debido a que ese día se corría una multitudinaria maratón por la ciudad, el servicio se había cancelado. Con este panorama, decidimos acercarnos al día siguiente aprovechando que ya tendríamos nuestro coche de alquiler. Total, Volendam está a escasa media hora en coche de la capital holandesa. El problema es que no teníamos nada pensado para hacer en Amsterdam y teníamos todo el día por delante así que tocó improvisar. Muy cerca de la estación central vimos que partían cruceros turísticos por los canales de la ciudad y nos pareció una genial idea para pasar la mañana. Compramos el billete (7,50 euros) para uno de los cruceros, que salían cada media hora.

  

En nuestra ruta por los canales pudimos apreciar la ciudad desde otro punto de vista además de disfrutar de un agradable paseo por los sitios más turísticos de la capital, entre ellos, el canal que cruza el barrio rojo. Finalizado el crucero (creo recordar que duró una hora) nos dirigimos hacia los alrededores de la Plaza Dam y aprovechamos lo que nos quedaba de mañana para comprar los souvenirs del viaje, en mi caso un imán de nevera para añadirlo a la colección. Llegó la hora de comer y lo hicimos de nuevo en un fast food (creo que ha sido el viaje en el que en más fast food de todo tipo he comido) ya que queríamos que el viaje no se nos disparara de presupuesto. Una vez hubimos comido, fuimos hasta la plaza Dam sin tener muy claro a que íbamos a dedicar la tarde. Por el momento, nos sentamos de nuevo en una terraza para tomar un café y disfrutar del ambiente de la concurrida plaza. Desde el café vimos el Museo Madame Tussaud y nos planteamos ir a preguntar el precio ya que nos pareció una forma entretenida de pasar la tarde.

  

Pese a que la entrada general era bastante cara (21 euros), conseguimos que nos hicieran descuento de estudiante a los tres y finalmente entramos casi a mitad de precio. De no llevar los carnés encima, ni nos hubiésemos planteado entrar por ese precio. Y es que el Madame Tussaud no deja de ser un museo de cera, entretenido, pero un museo de cera. La verdad es que nos lo pasamos en grande interactuando con los diversos famosos representados en cera y cumplimos sobradamente con el objetivo de rellenar una tarde que no esperábamos pasar en Amsterdam. Cuando acabamos la visita al museo, dimos un último paseo por las preciosas calles y canales de la ciudad y regresamos al albergue. A la hora de cenar, nos encaminamos a la zona de Rembrandtplein ya que nos pareció en nuestra visita anterior la zona con más oferta para cenar.

Una vez allí nos metimos en un restaurante, y mientras devorábamos unas hamburguesas (esta vez caseras), disfrutamos de un partido del Barça, que ganaba en Gijón por 1 a 6. Unas cervecitas por la zona pusieron punto y final a un día totalmente improvisado pero que al final resultó ser de los más divertidos del viaje, un viaje que ponía punto y final a su etapa principal. A la mañana siguiente nos despedíamos de Amsterdam.

DÍA 7: ÚLTIMO DÍA EN HOLANDA: VOLENDAM, ROTTERDAM Y DELFT.

En nuestro último día en Amsterdam tocó madrugar ya que teníamos que recoger nuestro coche de alquiler a las 9 de la mañana. Nos dirigimos a la calle Overtoom, muy cercana al albergue y donde se encontraba la oficina Hertz en la que recogeríamos el Opel Astra que nos acompañaría los siguientes tres días. Una vez con nuestro coche, conseguimos salir de Amsterdam y poner rumbo a Volendam, a la que llegamos en una media hora después de atravesar el típico paisaje holandés de prados verdes. Lástima que viajáramos en una época en la que no crecen los tulipanes ya que fue una de las cosas que nos quedó por ver del país. Una vez llegamos a Volendam, aparcamos el coche en un supermercado y nos dispusimos a recorrer el pueblo.

  

Volendam es un pequeño pueblo de pescadores formado por pintorescas casas de madera pintadas de azul o verde y que tiene un muelle donde hay una buena oferta gastronómica entre la que destacan los deliciosos mejillones. Además desde el pueblo y cogiendo un ferry se puede visitar Marken, una isla que alberga un  precioso pueblo que nosotros no visitamos por ir un poco ajustados de tiempo. Nos dedicamos a pasear  por las calles del pueblo y por su bonito muelle en una tranquilidad absoluta ya que por no haber, esa mañana no habían ni turistas. En un par o tres de horas Volendam queda visto a la perfección así que antes de la hora de comer ya estábamos de nuevo en carretera con un nuevo objetivo: Rotterdam. Tardamos 1 hora aproximadamente en recorrer los 100 kilómetros que la separan de Volendam y una vez llegamos, nos dirigimos a nuestro albergue (de la misma cadena) para hacer el check in y dejar las cosas. Rotterdam es una ciudad mediananamente grande y moderna que posee el puerto más grande de toda Europa. A nosotros no nos gustó mucho, nos pareció un lugar con escaso encanto pero eso sí muy moderno y siempre a la última.

  

Así que a quien valore esto último probablemente le guste la ciudad, sobretodo en lo que arquitectura se refiere. Nos limitamos a comer en la ciudad y visitar las famosas casas cubo, único punto de interés que le supimos sacar a Rotterdam. Estas casas son realmente curiosas y damos fe de que están habitadas aunque su peculiar estructura pueda indicar lo contrario. En mi opinión tienen tanto de originales como de feas. Aún y así, bien merecen una visita ya que arquitectónicamente hablando son sorprendentes, sólo hay que ver las fotos. Cómo Rotterdam no nos acabó de convencer, decicimos visitar algúna población cercana para acabar de pasar la tarde. Había oído hablar por algún foro de Delft, a un cuarto de hora de Rotterdam, y la verdad es que la elección fue de lo más acertada. Pasamos la tarde en esta pequeña ciudad medieval paseando por sus calles surcadas (como no) por preciosos canales. Fue una de las sorpresas agradables del viaje, sobretodo por su plaza principal (Markt) donde se haya el bonito ayuntamiento y la espectacular torre de la iglesia Oude Kerk (iglesia vieja). Cuando regresamos a recoger el coche vimos que nos habían multado por aparcar en un lugar que, por lo visto, era de pago.

  

La multa llegó a España, y seguirá llegando hasta que se cansen de enviarla ya que, escrita en holandés, ni yo ni el trabajador de Correos supimos como pagarla. Regresamos a Rotterdam cuando ya estaba anocheciendo e intentamos buscar aparcamiento cerca del albergue. Me sacó de quicio que las pocas zonas libres que habían solo se pudiesen pagar con  tarjetas con chip así que como no teníamos ninguna de esas, tuvimos que aparacar casi en Delft (exagerando un poco) y coger el sórdido metro de la ciudad para llegar al albergue y aquí no estoy exagerando. Visto lo visto no tuvimos ganas de salir después de cenar así que el día acabó tomando unas cervezas en el bar del albergue y yéndonos a dormir en una habitación de 6 que tuvimos que compartir con tres personajes, a cual más fétido.

DÍA 8: ENTRAMOS A BÉLGICA: UN DÍA EN BRUJAS

Nada más levantarnos nos tocó pegarnos la pateada padre para llegar donde teníamos aparcado el coche de alquiler. Rápidamente nos pusimos en marcha para alcanzar lo antes posible la ciudad de Brujas, uno de los lugares con más encanto de toda Europa. Unas 2 horas de camino fue lo que tardamos por las excelentes carreteras holandesas y belgas en alcanzar la ciudad. Antes de cruzar el canal y adentrarnos en sus murallas, nos dirigimos al hotel (situado fuera de las murallas) a hacer el check in y dejar las maletas. Allí, el amable responsable de nuestro hotel nos brindó unos mapas e indicaciones básicas sobre que visitar. Ya estábamos preparados para adentrarnos en Brujas! Y es que es una ciudad a la que tenía muchas ganas debido a los siempre positivos comentarios que había oído de ella. Por fin pude comprobarlo en persona.

  

Nos adentramos en el casco antiguo mapa en mano y comenzamos a bordear la ciudad siguiendo el canal por un bonito parque que sigue la linea de la antigua muralla. Para un día que teníamos para verla, nos íbamos a centrar en lo más básico: pasear por sus empedradas calles y bonitos canales, visitar las plazas de Markt y Burg, y  probar los deliciosos gofres, muy típicos de la ciudad. Empezamos a adentrarnos por las callejuelas abriéndonos camino hacia las plazas principales que se encuentrarn justo en el centro de la ciudad. Simplemente, la ciudad es bonita a más no poder. Además tiene ese aire romántico/misterioso que de verdad atrapa cuando paseas entre las antiguas casas o cruzando algún puente de piedra sobre un canal. Al fin llegamos a la Plaza Markt, típica imagen de la ciudad con sus pintorescas casas de colores y el impresionante campanario del s. XIII al que se puede subir para deleitarse con las magníficas vistas de la ciudad. La plaza Markt es uno de esos lugares especiales de los que te sientes en la obligación de volver a ver. Muy cerca de la animada plaza se encuentra la plaza de Burg, que alberga el precioso ayuntamiento de estilo gótico con detalles en oro. Entre estas dos plaza se forma el centro neurálgico de la ciudad y es donde se aglomera el bullicio turístico. Para escapar de éste, seguimos explorando las calles alejadas de la plaza que iban sorprendiéndonos con bellos rincones a cada paso dado.

  

Comimos en un restaurant de una animada plaza donde nos metieron una buena clavada a la hora de pagar y es que en Bélgica suben bastante los precios con respecto a Holanda. Por la tarde, más de lo mismo. Seguimos paseando por la ciudad sin rumbo fijo hasta que llegó la hora de merendar y nos metimos en una de las muchas pastelerías en las que hacen variados gofres. Nos pusimos las botas con el delicioso dulce y continuamos el camino. Antes de que anocheciera estábamos en el hotel descansando pues la marcha que tuvimos ese día fue considerable. Poco más que contar del día que descubrimos Brujas ya que, aún no se porque (no logro recordarlo) no visitamos la ciudad de noche. Y vista ésta de día no hace falta verla de noche para imaginar que debe ser maravillosa. Habrá que volver a comprobarlo. El viaje estaba llegando a su fin, quedaba tan solo un día hábil que sería el que pasaríamos al día siguiente en la capital belga, Bruselas.

DÍA 9: BRUSELAS DE UN VISTAZO

Nos despedimos de Brujas con un delicioso desayuno en nuestro hotel de las afueras y a eso de las 10 de la mañana ya estábamos en la carretera camino de Bruselas. Una hora y cuarto de camino y unos 100 kilómetros son los que separan ambas ciudades. De esta manera, llegamos al centro de la ciudad del comic a media mañana y nos pusimos a buscar aparcamiento, tarea siempre árdua en el centro de cualquier capital. Dejamos el coche en una zona de pago cercana a la Grand Place, la que sería nuestro primer y principal objetivo en la ciudad. La Grand Place es la principal plaza de Bruselas y, sin duda, una de las más bellas del mundo debido a su gran ornamentalidad. Declarada Patrimonio Mundial por la UNESCO en 1998, en ella destaca el espectacular ayuntamiento y su impresionante torre y las diferentes casas de los antiguos gremios, cada una de ellas diferente y perferctamente ornamentada.

  

La verdad es que es una plaza preciosa pese a que nosotros la vimos mientras montaban un enorme escenario en medio, así que nos tuvimos que tragar los andamios y tarimas en vez de la espectacular alfombra floral… En un escenario tan bonito optamos por sentarnos en una terraza y disfrutar de un buen café en una de las plazas más bellas del mundo. Pero eso se paga, así que el expresso salió por unos 3,50 euros más la propina del lavabo… aún así creo que valió la pena. Nos despedimos de la plaza para pasear por los alrededores y buscar al famoso Manneken Pis, estatua de bronce que representa a un niño orinando y que nos costó encontrar bastante pese a ser uno de los símbolos de la ciudad junto con el Atomium y la Grand Place. Mientras callejeábamos  buscándolo vimos alguna fichada pintada con motivos de Tintín (Hergé era belga) y pasamos por una calle donde los camareros de los restaurantes nos asaltaban para ir a comer a su establecimiento, lo cual me pareció más propio de Marrakech que de Bruselas. Al final la estatua no estaba tan alejada de la plaza, simplemente había que acertar con ella ya que en el mapa que llevábamos no detallaba la calle. Y para que nos vamos a engañar, la estatua del niño es bastante decepcionante para ser uno de los símbolos de la ciudad y si llega al medio metro de altura es mucho… Vaya que es una de esas cosas que no entiendes porque se le da tanto bombo. Para colmo había tanta gente haciéndose fotos que no pude ni retratarla decentemente. Dimos por vista la zona centro de Bruselas y nos dirigimos a ver el Atomium, situado en las afueras de la ciudad en la zona que albergó la Exposición Mundial de Bruselas de 1958.

  

Cuando te vas acercando ya lo ves desde lejos ya que es una estructura de 103 metros de altura que representa los 9 átomos de un cristal de hierro (para los más entendidos). Fue creado como un atractivo más de la exposición que debía durar 6 meses y se acabó convirtiendo en símbolo de la ciudad. Hecha de acero y aluminio, posee un ascensor que permite subir a las esferas y de esa manera recrearse con las vistas. Tratándose de Bruselas, supongo que fue el precio lo que nos echó para atrás en probar la experiencia. Eso sí, no nos pudieron cobrar por hacernos unas preciosas fotografías con la espectacular estructura de fondo. Por la zona del Atomium también se encuentra Mini – Europe, algo así como una Europa recreada en miniatura con sus principales monumentos y ciudades. Decidimos no visitar el lugar y como ya era hora de comer nos pusimos a buscar un restaurante por el recinto que albergaba la expo donde hay bastantes y variados. Optamos por un mejicano donde comimos de fábula y donde incluso nos invitaron a un cóctel una vez hubimos acabado. Ya por la tarde decidimos emprender camino de nuevo hacia Maastricht, ya que nuestro vuelo salía desde allí la mañana siguiente y queríamos buscar algún sitio donde dormir en la ciudad. Cubrimos los 112 kilómetros que separan ambas ciudades y nos plantamos de nuevo en la ciudad tránquila cuando la tarde estaba ya cayendo. Pese a que barajábamos la opción de pasar la noche en el coche, finalmente optamos a volver al albergue del primer día que nos había gustado bastante. Pedimos precios y como no variaron mucho de nuestra primera noche, nos quedamos allí. Unas cervezas en la magnífica terraza del albergue después de cenar pusieron punto y final a un día que cerraba nuestro periplo por tierras holandesas y belgas.

DÍA 10: RETORNO

Fue el típico día de  retorno en el que ta solo nos dio tiempo a despertarnos, desayunar en el albergue, llegar al aeropuerto, devolver el coche de alquiler y esperar a que saliese nuestro avión con destino a Girona desde el pequeño aeropuerto de Maastricht.

CONCLUSIONES   

La combinación de estos dos países, tan similares y diferentes a la vez, puede dar como resultado un viaje tremendamente interesante que a nosotros no nos defraudó en absoluto. Es un viaje fácil de realizar y que aglomera cosas tan diferentes como la diversión y belleza de Amsterdam, la elegancia de Bruselas, el “embrujo” de  Brujas, la tranquilidad de Maastricht o el encanto de pueblecitos holandeses como Zaanse Schans, Volendam, o Delft. Demasiadas cosas positivas que hicieron que el viaje se me quedara grabado en la memoria (quizá también porque fuera el primero con amigos en el extranjero) y lo recuerde como una de las mejores experiencias que pueda recordar. A día de hoy vuelvo a mirar las fotos y aún esbozo una sonrisa.

  • ↑ LO MEJOR: Amsterdam en general ( su ambiente, sus canales, recorrerla en bici…), Zaanse Schans, Delft, Brujas y la Grand Place de Bruselas.
  • ↓LO PEOR: Lo caro que es todo en Bruselas, que te cobren por ir al lavabo…y poco más.

Nos vemos en próximos viajes,

Dag! / Au revoir!

Comentarios

  1. Autor de la
    Entrada
    Toni

    Hola Juan!

    No te preocupes por el trámite del alquiler, con el inglés primario tienes suficiente. Yo también tenía reparos la primera vez, pero después no es nada complicado.

    Las carreteras son buenas y la conducción normal. Sin ningún problema en este sentido. Es un buen país para recorrer en coche.

    Un saludo y gracias!!

  2. Juan

    Hola Toni,

    He dado con tu blog por casualidad y leyendo tu artículo sobre amsterdam he visto que habíais alquilado un coche. ¿Tuvisteis algún problema a la hora de recoger y entregar el coche? (yo nunca he alquilado un coche en el extranjero y mi inglés es absolutamente primario). De hecho estaba pensando en alquilarlo en la oficina de Europcar que hay en Overtooom, vosotros veo que lo hicisteís con Hertz. Quería ir a Brujas desde Amsterdam en un día, otro día ir a Delft y otro a Volendam y los pueblos de alrededor
    ¿que tal se conduce en Holanda? ¿como son las autovias de circulación de Amsterdam?
    … bueno perdona… creo que ya te he abasallado bastante con tanta pregunta

    Un saludo, enhorabuena por tu blog.
    (yo no tengo paciencia para estas cosas)

    1. pablo

      yo e hido este verano a holanda y belgica unos 12 dias y la verdad…
      esque me a encantado
      la casa de ana frank, los molinos, las bicis…
      te recomiendo mucho el viaje.

      inconveniente
      todo es carisimo

      1. Autor de la
        Entrada
        Toni

        Hola Pablo!

        A mi también me encantó…vaya dos países!

        Es lo malo que tiene viajar por Europa, mucho de sus países tienen unos precios prohibitivos!

        Saludos.

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