Un recorrido de norte a sur por uno de los países más extensos del mundo y con una cultura e idiomas totalmente diferentes al nuestro. Casi 4.500 kilómetros de ruta atravesando míticas ciudades imperiales chinas como Beijing y Xian, lugares de ensueño con paisajes inolvidables en la china rural como Yangshuo o ciudades super modernas con uno de los skyline más vistosos del mundo como Hong Kong. Un viaje, una aventura, que nos ha permitido conocer un país con una cultura milenaria en la que nos han sorprendido positivamente sus gentes, siempre dispuestos a ayudar y en general sonrientes y curiosos. Para tal recorrido hemos utilizado casi todos los medios de transporte habidos y por haber: aviones, taxis, coches particulares, trenes, metro, autobuses, bicis, rickshaws, tranvías, teleféricos, balsas de bambú… todos con el objetivo de movernos por el país y descubrir las joyas que este esconde. Joyas como la Gran Muralla, los Guerreros de Terracota, el paisaje kárstico de Yangshuo o las impresionantes vistas de la bahía de Hong Kong por poner algunos ejemplos. Nos ha encantado el país y la experiencia de movernos a nuestro aire por él, aunque a veces un poco estresante por la barrera del idioma, al final todo ha salido bien y nos ha aportado mucha experiencia para afrontar futuros viajes. Para no enrollarme, ha sido un viaje genial a un país genial al que espero volver alguna que otra vez para descubrir todo lo que tiene por ofrecer, que es mucho. Bienvenidos a nuestra primera aventura asiática con un fuerte ” Ni Hao!”.
FICHA DEL VIAJE
DESTINO: China.
DURACIÓN / FECHAS: 18 días de viaje, del 22/03/2010 al 08/04/2010.
VIAJEROS: Laura y Toni.
ITINERARIO / RUTA:
- DÍA 1: En vuelo hacia Beijing.
- DÍA 2: Beijing.
- DÍA 3: Beijing.
- DÍA 4: Beijing. Excursión a la Gran Muralla en Mutianyu.
- DÍA 5: Beijing.
- DÍA 6: Beijing. Tren nocturno hacia Luoyang.
- DÍA 7: Tren hacia Xian.
- DÍA 8: Xian. Excursión a los Guerreros de Terracota.
- DÍA 9: Xian. Vuelo hacia Gulin.
- DÍA 10: Yangshuo.
- DÍA 11: Yangshuo. Excursión a las terrazas de Longji.
- DÍA 12: Yangshuo.
- DÍA 13: Guilin. Tren nocturno hasta Shenzhen.
- DÍA 14: Hong Kong.
- DÍA 15: Hong Kong. Excursión a la isla de Lantau.
- DÍA 16: Hong Kong.
- DÍA 17: Vuelo Shenzhen – Beijing.
- DÍA 18: En vuelo hacia casa.
TRANSPORTE:
En un viaje de tales dimensiones se hace necesario utilizar multitud de medios de transporte para cubrir las largas distancias que pueden separar en ocasiones a los objetivos. Nosotros utilizamos los siguientes en nuestro viaje por China:
Avión: Compramos desde España todos los vuelos que necesitábamos para el viaje, que fueron los siguientes: Billetes de avión Barcelona – Frankfurt – Beijing y Beijing – Frankfurt – Barcelona con Air China y Lufthansa. Vuelo interno Xian - Guilin con Air China y Shenzhen – Beijing con China Southern. Los vuelos internos los compramos desde le web de Elong y no nos dio ningún problema. Solo hay que presentarse en el aeropuerto con el pasaporte y el número de vuelo.
Tren: Los billetes de tren los cogimos desde China, en las mismas estaciones o encargándoselo al hotel (comisión de 30 yuans). Fue el caso del primer trayecto, Beijing – Luoyang. En los otros dos casos, Luoyang – Xian y Guilin - Shenzen, los compramos en la misma estación y tampoco fue tan difícil como pensábamos llevando escritas en chino las instrucciones. Los trenes nocturnos (litera dura) nos parecieron una excelente forma de trasladarse y ahorrarse el alojamiento. Aunque la litera era algo dura (como su propio nombre indica) pudimos dormir sin problemas mientras duraba el trayecto.
Taxi: Salvo el primer día en Beijing, donde nos clavaron 80 yuans con un taxímetro falso, no tuvimos problemas con los taxis en este aspecto. Salen bastante económicos (un desplazamiento normal 20 – 30 yuans) y es una buena manera de moverse por las ciudades sin problemas. En Beijing nos pasó en diversas ocasiones que intentamos parar taxis por la calle y se negaron a recogernos, aún nos preguntamos el porqué. Para entenderse con los taxistas (ni papa de inglés), lo más fácil es enseñarles, escrito en caracteres chinos, el lugar donde quieres ir. Si se empieza la conversación pidiendo precio, no pondrán el taxímetro y cobrarán por encima de lo estipulado.
Metro: Solo tenemos buenas palabras para describir los metros de Beijing y Hong Kong. Puntuales, limpios, rápidos, fáciles y con indicaciones en inglés. Sin duda son la mejor manera para desplazarse por ambas ciudades y nosotros les sacamos mucho partido. El de Beijing además es super económico y por 2 yuans puedes comprar un billete sencillo a cualquier parada, da igual lo lejos que esté. El de Hong Kong en este sentido es un poco más caro ya que dependiendo de la parada a la que te dirijas, te cobran más o menos.
Autobuses: Los utilizamos para desplazamientos medios como las excursiones (Gran Muralla y Guerreros de Terracota) o otros trayectos como el de Gulin – Yangshuo o el de Hong Kong – Shenzen. Por lo general bastante cómodos y económicos aunque alguno de ellos fue algo temerario.
ALOJAMIENTO:
- Hotel Hutong Inn Zaoyuanju (Beijing): Fue nuestro hotel para la estancia en Beijing y la verdad es que nuestra experiencia es positiva. Su situación es buena, al lado de las torres de la campana y el tambor, y en el interior de un hutong, la zona es de lo más auténtica. Además tiene una parada de metro a poca distancia a pie. Es un hotel económico con lo que los lujos están descartados y el personal es amable, atento y eficiente. Hablan inglés. Su único pero es que nuestra habitación olía bastante a humedad, olor que se impregnó en toda nuestra ropa. Lo recomendaría para presupuestos ajustados.
- Grand Soluxe International Hotel (Xian): Debido a ciertos imprevistos del viaje (Laura se puso enferma), tuvimos que buscar alojamiento improvisado en Xian. No tardamos mucho ya que nada más salir de la estació de trenes topamos con este hotel. Si bien tiene un hall de 5 estrellas, las habitaciones no llegan a las 4, aunque son espaciosas y limpias. Caro para ser chino (450 yuans/noche) y bastante alejado del centro aunque un taxi en China lo soluciona todo. Personal atento.
- Sofitel (Xian): Fue nuestro capricho del viaje en lo que a alojamiento se refiere. Nos salió algo cara la noche (unos 1.100 yuans con desayuno), pero era mi regalo de cumpleaños para Laura, que esa noche cumplía los 25. Este hotel es todo lujo y nuestra habitación una preciosa suite con todos los detalles que se le puede pedir a un hotel. Bastante céntrico y con un desayuno buffet espectacular. Todo perfecto.
- Eva Inn (Guilin): Muy buen hotel de precio medio (unos 270 yuans / noche) perfectamente situado en la ciudad, pegado al centro y en frente del río Li. Nosotros teníamos reservado otro hotel para Guilin, pero después de buscarlo durante hora y media con la mochila y no encontrarlo, nos metimos en este. Recomendable.
- Riverview (Yangshuo): Uno de los hoteles que más nos gustó del viaje. Sobretodo por su genial terracita con vistas al río Li y a los pico kársticos de la zona. Encantador y económico alojamiento con un amable personal que habla inglés. Su ubicación, justo al lado del río, es inmejorable. Tienen todas las excursiones realizables por la zona para contratar. Nosotros contratamos un par, a precios razonables y sin ningún problema. Muy recomendable.
- The Harbourview (Hong Kong): Hotel situado en la isla de Hong Kong, cerca de la parada de metro de Wan Chai y al lado del Convention & Exhibition Center. Increíbles vistas desde la habitación del skyline del otro lado de la bahía y del puerto. Servicios del hotel un poco caros (un cuarto de hora de Internet 30 HKD) y el precio nos salió por unos 770 HKD/noche con un delicioso desayuno buffet incluido. Buen hotel de precio medio-alto en lo que sería un 4 estrellas de aquí. Habitación limpia y confortable, aunque un poco pequeña, en la linea de Hong Kong. Recomendable.
- Petrel Hotel (Shenzhen): Fue nuestro último alojamiento del viaje y un taxi nos llevó hasta él después de sugerirle que nos llevara a uno recomendado por nuestra guía. Es un hotel chino situado en el centro de la ciudad que por unos 320 yuans la noche nos brindó una amplia habitación con preciosas vistas a la ciudad. “Chininglish” complicado de entender por parte de los empleados.
PRESUPUESTO: 1.600 euros aproximadamente.
(Precios por persona)
- Vuelo ida y vuelta Barcelona – Beijing: 500 euros.
- 2 Vuelos internos: 250 euros.
- 3 Trenes en litera dura: 50 euros.
- Alojamiento: 320 euros.
- Comidas, monumentos, excursiones, souvenirs y resto de gastos: 480 euros.
Los precios son aproximados y la verdad es que el viaje se puede sacar bastante más económico ya que nosotros nos permitimos el capricho de reservar hoteles caros para ser China y no nos privamos de casi nada durante el viaje.
OTROS:
- Visado: En nuestro caso, tuvimos que hacernos con un visado chino de 2 entradas ya que entramos en Hong Kong y posteriormente volvimos a China. Para entrar en Hong Kong no se requiere visado. El precio fue de 35 euros aunque el de una sola entrada vale 25. Para conseguirlo fuimos al Consulado de China en Barcelona, al que hay que ir dos veces, una para encargarlo y otra para recogerlo una semana más tarde.
- Idioma: Como es sabido, la gran mayoría de los chinos no habla inglés así que la comunicación a veces se hace un poco complicada, pero para nada imposible. En la mayoría de hoteles si que lo chapurrean con una especie de “chininglish” suficiente para ser entendidos. Dicho esto, también encontramos gente con un nivel bastante aceptable a la que entendimos sin problemas. La barrera idiomática no debería echar para atrás a nadie que tenga alguna noción de inglés y que quiera realizar el viaje. En Hong Kong el nível de inglés y de gente que lo habla sube espectacularmente, como es lógico.
- Seguridad: Nos sentimos completamente seguros en todos los lugares en los que estuvimos. Ningún tipo de problema en este aspecto salvo pequeños timos o estafas como la ya conocida “ceremonia del te” que se llevan a cabo en Beijing.
- Comida: No se si es que tuvimos mala suerte o es que escogimos mal, pero la comida china pudo con nosotros. La encontramos en la mayoría de los casos sosa e insulsa. Probamos el famoso pato laqueado (no nos gustó), los noodles, el arroz y el pollo en caña de bambú, los rollitos de primavera…nada que ver con lo que sirven en los chinos de por aquí. Debido a esto, tuvimos que tirar bastantes días de comida rápida (hay locales por todas partes) en los ya conocidos Mc Donald’s, KFC o Pizza Hut. También nos salvaron unos noodles de ternera que vendían en los super a 4 yuans (los de la caja roja) y que preparábamos en la habitación con agua caliente para cenar. Económicos y sabrosos.
DIARIO DE VIAJE
(Nota: Para ver las fotos con mejor calidad, haced click sobre ellas.)
DÍA 1, LUNES 22/03/2010: VOLANDO HACIA NUESTRA PRIMERA EXPERIENCIA EN EL LEJANO ORIENTE.
Con las mochilas cargadas con lo necesario y mucha ilusión, dejamos Mataró rumbó al aeropuerto del Prat para coger nuestro vuelo de Lufthansa, que salía a las 15:50 de la tarde desde la nueva y moderna terminal 1 del aeropuerto de Barcelona. El avión salió con puntualidad para dejarnos en la ciudad alemana, donde teníamos la conexión, 2 horas más tardes. Una vez allí y tras encontrar rápidamente nuestra nueva puerta de embarque, nos limitamos a esperar a que saliera, en tan solo una hora, el enorme avión de Air China que debía llevarnos hasta Beijing. El trayecto Frankfurt – Beijing, de casi 10 horas de duración, nos sirvió para echarle un último vistazo a la guía, dormir un rato en los casi siempre incómodos asientos de avión, probar la primera muestra de gastronomía China (unos fideos con verduras bastante aceptables que nos sirvieron a la hora de cenar) y sobretodo para comenzar a hacernos a la idea de que la aventura estaba a punto de comenzar. China estaba a la vuelta de la esquina.
DÍA 2, MARTES 23/03/2010: EH!, QUE ESTAMOS EN CHINA!
Aterrizamos en el moderno aeropuerto de Beijing a eso de las 11:30 de la mañana en un día que, como nos pasaría el resto de viaje, estaba bastante gris. Después de entregar la declaración sanitaria (previamente cumplimentada en el avión) y de pasar los scanners de calor corporal nos dirigimos a la sala de recogida de equipaje, a la que se llega mediante un tren que circula entre las terminales. Recogimos nuestras mochilas tras una larga espera y cambiamos los Euros que llevábamos en una agencia de cambio situada en la misma sala de recogida de equipajes tras pagar una buena comisión de 50 Yuans (10 Yuans = 1,10 Euros) .
Con nuestros Yuans en el bolsillo ahora tocaba encontrar la mejor forma de cubrir la distancia entre el aeropuerto y la ciudad. No tuvimos que buscar mucho ya que pronto nos encontramos con los carteles indicativos del Airport Express, un tren que de forma rápida te conduce al centro de la ciudad. Compramos el billete (25 Y), y preguntamos en que parada debíamos bajarnos. La chica, con un pésimo inglés pero una gran sonrisa, atinó a decirnos que teníamos que bajarnos en la segunda parada así que eso hicimos después de menos de media hora de trayecto. Cuando salimos de la estación no teníamos ni idea de donde estábamos y tampoco teníamos ningún mapa para averiguarlo así que la decisión fue fácil: coger el primer taxi de los que estaban allí esperando. El hombre al vernos la cara de jet-lag y desorientación se descolgó pidiéndonos 100 Y por llevarnos al hotel, a lo que me negué en rotundo. De nuevo fuera del taxi nos abordó otro taxista que nos aseguró que nos iba a poner el taxímetro. Y vaya si lo hizo… el problema es que estaba más trucado que las motos de Moto GP y nos acabó saliendo el trayecto de 10 minutos por 80 Y, cuando un trayecto normal no debería pagarse por encima de los 20 -35. Cuidado con dichos taxistas si cogéis el Airport Express. Entramos en nuestro hotel, situado en pleno hutong, e hicimos el check in mientras nos bebimos un té al jazmín con el que nos obsequió la simpática chica de recepción. A continuación dejamos nuestras mochilas en la modesta habitación, compramos un mapa en el propio hotel y salimos a la calle. Eran las tres de la tarde y el jet lag comenzaba a hacer mella en nosotros, así que entre eso, el sablazo del taxi, y que eran nuestras primeras horas en un lugar tan diferente, quizá nos estresamos un poco ante la aventura que teníamos por delante. Nos conjuramos para disfrutar del viaje al máximo y caminamos para buscar un taxi. No tardamos en encontrar uno que, ahora sí con un taxímetro bueno, nos llevó hasta el Parque del Templo del cielo por 35 Y. Pagamos otros 35 Y para entrar al parque y comenzar la visita de lo que era nuestro primer monumento en China, nuestras primeras imágenes y sensaciones.
En esta primera visita nos comenzamos a dar cuenta de algunos aspectos relacionados con el país: de que China tiene un gran volumen de turismo interno así que los lugares turísticos están plagados de hordas de turistas chinos que viajan en grupo; y de que tienen la fea costumbre de escupir constantemente sin ningún ánimo por disimularlo. Estuvimos paseando por el recinto durante aproximadamente 1 hora admirando la belleza del conjunto de templos pero sobretodo la del Pabellón de la Sala de la Oración por la Buena Cosecha, el más conocido y estético, que se ha convertido en uno de los iconos de la ciudad. A mí personalmente me pareció uno de los templos más bellos y curiosos de todo el viaje aunque quizá también influyó que fuera el primero. A la salida del parque, un hombre se ofreció a llevarnos hasta Tiananmen con su rickshaw a pedales por 20 Y y nos pareció buena idea así que aceptamos. Nos hizo un recorrido hasta la plaza atravesando un hutong que duró un cuarto de hora aproximadamente. Una vez en los alrededores de la plaza, pasamos el control de equipaje del túnel subterráneo, y salimos al exterior. Tiananmen impone respeto. No en vano, es la plaza más grande del mundo y entre eso, la multitud de policías, los edificios comunistas que la flanquean y la foto de Mao… te sientes en un lugar cuanto menos imponente.
Situados en medio de la plaza, cansados y con un cielo gris a más no poder nos dijimos el uno al otro: “eh! que estamos en China!”. No podía haber prueba más clara de ello. Serían las 6 de la tarde cuando decidimos, debido a nuestro progresivo jet lag, poner rumbo hacia el hotel a descansar un rato. Nos pusimos a buscar un taxi en las cercanías de Tiananmen sin mucho éxito ya que todos ellos se negaron a recogernos. Aún no entendemos el porqué. Finalmente apareció un providencial rickshaw motorizado (o tuk tuk), que nos ofreció llevarnos por 30 Y. Aceptamos. Nos estiramos un rato en la cama antes de salir de nuevo a la calle para buscar un lugar donde cenar.
No tuvimos mucho problema ya que la zona de nuestro hotel está plagado de oferta de lugares donde comer. Nos decantamos por un vietnamita que nos acabó saliendo un poco caro para lo poco que comimos (rollos de primavera) y una vez cenados volvimos al hotel. Aún era temprano, pero estábamos tan deshechos que decidimos irnos a dormir pronto para así estar frescos al día siguiente, así que a las 8 de la tarde estábamos ya metidos en la cama dispuestos a pasar nuestra primera noche en China, una China a la que tan solo habíamos empezado a conocer.
DÍA 3, MIÉRCOLES 24/03/2010: BEIJING A FONDO.
A las 7 de la mañana estábamos en pie para encarar, descansados e ilusionados, nuestro segundo día en la capital china. Nos metimos en el bar del hotel (Tiki Bar) para disfrutar de nuestro desayuno incluido en el precio de la habitación. A base de huevos, tostadas y un poco de fruta se basaron todos nuestros desayunos en Tiki Bar, un local un tanto descuidado pero con un simpático y amable camarero al que finalmente cogimos cariño. Salimos a la calle para dirigirnos a la Torre de la Campana, a escasos 5 minutos de nuestro hotel, y a la que accedimos previo pago de 15 Y.
La torre está situada a escasos metros de la del tambor dejando un espacio en medio donde se agolpan decenas de rickshaws esperando a turistas. Lo más destacable de la torre son sin duda sus vistas a la vecina Torre del Tambor y a los hutongs de la zona. Sólo por eso merece la pena la entrada ya que no tiene mucho más. Como la Torre de la Campana no nos dijo gran cosa descartamos subir a la del tambor y comenzamos nuestra caminata hasta el centro de la ciudad por la larga calle Diamenwai. Por el camino nos dimos cuenta que la fase de adaptación había concluido y que íbamos a empezar a disfrutar del viaje a tope. Por adaptarnos nos habíamos acostumbrado ya hasta a las constantes y cansinas miradas que nos propinaban algunos chinos como si fuéramos alguna especie de “rara avis”. Tras unos 25 minutos de paseo alcanzamos el parque de Jingshan, situado en la parte de atrás de la Ciudad Prohibida, y al que accedimos tras pagar la correspondiente entrada de 2Y (en China, todo se paga). De este parque hay dos cosas a destacar: por un lado, la gran cantidad de personas mayores haciendo tai chi y cualquier tipo de ejercicio como estiramientos, palmadas o el curioso ejercicio de caminar hacia atrás que nos sorprendió enormemente (si alguien sabe porque lo hacen que me ilumine).
Por otro lado, y tras escalar la colina, el parque ofrece unas excelentes vistas de los tejados de la Ciudad Prohibida, que queda justo delante. Por lo demás el parque nos pareció bastante normalito aunque tampoco lo recorrimos entero y en verano debe estar más verde. Descendimos la colina después de disfrutar las vistas y salimos del parque para cruzar la calle y plantarnos en la puerta norte de la Ciudad Prohibida. Compramos la entrada (40 Y), accedemos al recinto y nos sorprendemos al ver que hay algunas calles cortadas. Posteriormente y para nuestra decepción, nos enteramos que el presidente de Afganistán la estaba visitando y tenían los accesos limitados. Una lástima.
Sin embargo pudimos disfrutar de una Ciudad Prohibida con poca afluencia de turistas y eso en China vale su peso en oro. Comenzamos por la gran tienda de souvenirs en la que se puede encontrar desde estatuillas de jade a pañuelos de seda pura. Continuamos nuestro paseo por los rincones y recovecos, a los que teníamos permiso para acceder, admirando el enorme recinto que sirvió de morada para los emperadores de las dinastías Ming y Qing y cuya entrada había estado vetada al pueblo, de ahí su nombre. Los simétricos y preciosos edificios de madera y la grandiosidad del recinto nos pareció espectacular y es que por algo estamos hablando de un Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO. Sin duda nos pareció uno de los imprescindibles de Beijing, y eso que no pudimos verla entera…
Salimos de la ciudad por la Puerta de la Paz Celestial donde se encuentra la gran foto de Mao que preside Tiananmen y caminamos hacia el oeste por Xichangan Jie hasta encontrar un Mc Donald’s (señalizado en el mapa) que nos sirvió para calmar el apetito. Este recurso iba a ser utilizado bastantes veces de ahora en adelante ya que aunque nada sano, al no ser muy amantes de la comida china que fuimos probando, era lo más económico. Con el estómago lleno caminamos hacia el parque de Beihai (15 Y) que está situado justo al oeste del parque Jingshan. Nos pareció un parque realmente bello y que bien merece una visita con su lago, su templo budista y las vistas de la preciosa Pagoda Blanca en la isla del centro del lago.
Nosotros nos limitamos a pasear alrededor del lago, visitar el pequeño templo y disfrutar de la tranquilidad que reinaba en tan hermoso lugar mientras observábamos a un grupo de chinos bailando al son de la música. Salimos por la puerta norte del parque y después de cruzar algún que otro hutong y mucho caminar llegamos al hotel con calambres en las piernas. Beijing es de unas dimensiones enormes y como aún no habíamos descubierto el excelente metro, las caminatas nos dejaron hechos polvo. Descansamos un ratito y una vez hubo anochecido (sobre las 18:30) nos dispusimos a salir de nuevo no sin antes pedirle a la amable recepcionista que nos comprara los billetes de tren hacia Luoyang para el sábado noche. Con una rápida llamada de teléfono nos confirmó disponibilidad, horarios y precio y nos cobró los 190 Y del billete en litera dura y 30 Y de comisión por billete. También le pedimos que nos escribiera las instrucciones en chino para comprar el billete de Luoyang a Xian, a lo que accedió sin problemas. Con los deberes hechos salimos a la calle para coger el metro en una estación a escasos 10 minutos del hotel, la de Guloudajie. El metro de Beijing es bueno, bonito y barato, con instrucciones en inglés, no deja lugar a la desorientación. Tras hacer un transbordo bajamos en la parada de Denshikou para visitar la cercana y turística calle de Wangfujing, famosa por sus paradas de pinchos de lo más exóticos…
Esta es una calle hiper-moderna y comercial con multitud de pantallas gigantes, boutiques y carteles luminosos que le da un aire algo futurista. Paseamos tranquilamente hasta dar con un callejón donde se abría una especie de mercado nocturno con multitud de paradas tanto de comida como de souvenirs. Paseamos entre el gentío con una mezcla de curiosidad y repulsión al ver la variedad de pinchos con las que contaban algunas paradas: pinchos de escorpión, caballito de mar, larva, serpiente, estrella de mar… seguro que era todo delicioso… pero no quise comprobarlo. Mientras caminábamos por las callejuelas empezó a llover así que decidimos cenar en un KFC cercano (los hay a patadas) y resguardarnos de la lluvia.
Salimos de cenar y aún llovía así que decidimos emprender la vuelta al hotel y regresar a Wangfujing otra noche para probar algo de gastronomía callejera. Deshicimos el recorrido en metro y al salir de la parada vimos, para nuestra sorpresa, que estaba cayendo sobre Beijing una nevada de órdago. No supimos si alegrarnos o entristecernos porque al día siguiente teníamos planeado hacer la excursión a la Gran Muralla y temimos que la nieve nos lo impidiera. Finalmente fue una nevada intensa pero breve y no cuajó. Nos limitamos a recoger los billetes de tren en recepción, refugiarnos en nuestra habitación e irnos a dormir con la incertidumbre de si al amanecer veríamos a una Beijing vestida de blanco.
DÍA 4, JUEVES 25/03/2010: LA GRAN MURALLA.
Lo primero que hicimos al despertamos a eso de las 7 de la mañana fue asomarnos a la ventana para ver si la nevada del día anterior había dejado su huella. Comprobamos que no lo había hecho y que además hacía un día totalmente despejado (rareza!) y perfecto para ir a ver la Gran Muralla. Después del desayuno en el Tiki Bar salimos a la calle en una fresca mañana en dirección a la parada de metro. Nuestro tramo elegido para la Gran Muralla fue finalmente Mutianyu pese a que yo estaba bastante atraído por el trekking de Simatai. Quisimos huir de las masificaciones de Badaling y no quisimos pegarnos una paliza de 4 horas de trekking el segundo día de viaje pues nos quedaba mucho por delante. Para llegar al tramo de Mutianyu decidimos ir por libre y de esta manera, una vez en el metro, nos bajamos en la parada de Dongzhimen, que está conectada con la estación de autobuses.
En el metro conocimos a una pareja de veteranos portugueses que estaban recorriendo China por libre y que al ver que nosotros íbamos a la Gran Muralla, cambiaron sus planes y se apuntaron con nosotros. Así los 4 cogimos el autobús 916 que nos costó 11 Y y comenzamos rápidamente el trayecto. En principio debíamos hacer 1 h y media de trayecto hasta Huairou y una vez allí coger un minibus hasta Mutianyu, el problema es que antes de llegar a Huairou (o eso creemos) subió un chino al autobús diciéndonos que bajásemos, que ya habíamos llegado. Nosotros, todo ingenuidad, le hicimos caso y descendimos del autobús. Nos dijo que era taxista y que nos iba a llevar a la Gran Muralla así que pactamos un precio de 20 Y por cabeza para que nos acercara, pues estábamos en medio de la nada. Cual fue nuestra sorpresa al descubrir que ni era taxista ni nada, sinó un “espabilao” que nos hizo montar en su utilitario de cristales tintados en el interior del cual se encontraba su mujer, así que tuvimos que hacer el trayecto de media hora apretujados los 6 en el coche, toda una aventura en la que echamos más de una risa. Finalmente llegamos a Mutianyu, y tras pactar con el taxista para que nos esperase, compramos las entradas.
A Laura y a mí nos salieron por 95 Y (cada uno), ya que decidimos subir en telesilla y descender por el divertido tobogán que tienen montado para poder bajar de la muralla. Por cierto, si sois estudiantes llevaros el carné internacional ya que hacen mitad de precio en todos los monumentos y al final es un ahorro considerable. Subimos en el telesilla, que en un corto trayecto nos subió hasta la muralla: ya estábamos allí! estábamos pisando la Gran Muralla China! Comenzamos a caminar hacia la derecha de la muralla saboreando cada paso dado y haciendo multitud de fotos para inmortalizar tan increíble momento. Llegamos hasta el final del tramo después de recorrer segmentos realmente empinados, en una muralla casi vacía, tan solo salpicada por algún que otro vendedor ambulante vestido de militar. Desde allí, la visión de la muralla serpenteando hasta el horizonte se me quedará grabada para siempre. El día era despejado y no había casi nadie en la muralla lo cual nos permitió disfrutar inmensamente de la experiencia mientras deshacíamos el camino hacia el punto de partida.
Tan solo había un pero: la montaña estaba un poco seca a causa del invierno y la muralla no contrastaba tanto como cuando está completamente verde. Suponemos que en verano debe ser más bonito. Después de 2 horas caminando, decidimos dar por concluida la experiencia y iniciar el descenso en el divertidísimo tobogán, que dura unos 5 minutos. Una vez abajo paseamos por el mercado y me compré una camiseta por 15 Y en la que reza: “I climbed the great wall”, podéis llamarme friki, pero me pareció un buen recuerdo a buen precio.
Como se acercaba la hora de comer y aún estábamos lejos de Beijing, decidimos calmar al gusanillo con unos bocatas en un Subway que por allí había. Nos montamos de nuevo en el coche de nuestro amigo los 6 y nos dejó media hora más tarde en Huairou, por 20 Y más, donde cogimos de nuevo el 916 de regreso a Beijing en lo que fue una hora y cuarto de trayecto. Cuidado porque en la misma parada de autobús hay otro 916 que no va a Beijing y que hace una ruta por el pueblo, conviene preguntar antes de subir. De nuevo en la capital a eso de las tres de la tarde decidimos ir al hotel y hacer una buena siesta, más que nada por no perder las buenas costumbres. A las 5, descansados, cogimos el metro hasta la parada de Qianmen, para visitar la bonita y turística calle, muy cercana a Tiananmen. Callejeamos un rato, chafardeando tiendas o tan solo disfrutando del ambiente que allí se respiraba, antes de entrar en el Qianmen Quanjude Roast Duck uno de los más famosos y antiguos restaurantes para comer pato laqueado de la ciudad. Una vez dentro nos dieron un número y tocó esperarnos un cuarto de hora pues siempre está lleno. Nos sentaron en una mesa y al ojear la carta nos dimos cuenta de que casi todos los platos estaban compuestos de pato. Ni rastro de noodles, ni rastro de arroz. Yo pedí medio pato laqueado y Laura otra variedad de pato. El mío lo cortaron delante nuestro y la verdad es que tenía una pinta increíble, pero otra cosa fue el sabor.
Nos costó acabarnos ambos platos y es que nuestros paladares no están hechos para según que variedades gastronómicas chinas. No será por que no lo intentamos… Antes de acabar nos trajeron una sopa de pepinillo o con pepinillos para digerir y pagamos la cuenta, que ascendió a unos 140 Y por persona, caro para ser China. Vaya, que salimos del restaurante aun con hambre y con 30 euros menos, supongo que habrá gente que le gustará, pero no fue nuestro caso. Ya de noche nos acercamos a Tiananmen para verla iluminada aunque para nuestra sorpresa encontramos que el acceso estaba ya cerrado así que nos conformamos con ver la Puerta de la Paz Celestial desde lejos.
De regreso al hotel, tres jóvenes chinos nos pidieron, muy amablemente, hacerse una foto con nosotros lo cual acabó siendo una experiencia repetitiva durante el viaje. Después de un día muy completo y en el que habíamos tachado uno de los objetivos clave del viaje, nos metimos en nuestra humilde habitación para disfrutar de un merecido descanso.
DÍA 5, VIERNES 26/03/2010: PALACIO DE VERANO, ZOO Y DE NUEVO A WANGFUJING.
El Palacio de Verano iba a ser la actividad principal de nuestro penúltimo día en Beijing así que después de cargar pilas en el Tiki Bar pusimos rumbo al metro para dirigirnos hacia allí. Una de las nuevas lineas de metro de la ciudad deja a pocos metros de la puerta norte del parque así que llegar hasta él es sencillo. La parada en cuestión es Beigongmen y se accede al parque por su lado norte, donde se encuentra la pintoresca calle Suzhou, ya dentro del parque.
La entrada son 50 Y para tener acceso a todos los rincones del Palacio de Verano. Nosotros compramos nuestros billete completo y un mapa hecho a mano (10 Y) y nos fuimos para dentro. Lo primero que nos encontramos al entrar fue la pintoresca Suzhou St., una bonita calle (o acera) a los lados de un canal con un montón de tiendas alrededor y diversos puentes de piedra atravesándolo. Por ella se puede dar un bonito y agradable paseo y obtener buenas fotografías. Comenzamos a ascender por la Colina de la Longevidad atravesando un parque donde un gran número de chinos hacían gimnasia al son de la música y hasta llegar al templo budista de la cima. En la mayoría de ellos no se puede tomar fotografías del interior pero aún así son espectaculares. Tan espectaculares como las vistas del lago Kunmig y del conjunto del recinto que se pueden obtener desde allí arriba. Caminamos un poco más por la colina y nos encontramos con la preciosa Torre del Incienso Budista, una de las imágenes más representativas del Palacio de Verano y a la que accedimos a su interior para observar los rezos y devoción que algunos chinos profesan por esta religión.
Descendimos la colina hasta la altura del lago Kunmig para pasear a su lado hasta encontrarnos con el famoso barco de mármol, tirarnos unas fotografías y volver a caminar en sentido contrario. Curiosidad: nos dimos cuenta que la mayoría de niños y niñas chinos llevan el pantalón con una apertura por la zona del culo, entendemos para poder hacer sus necesidades en cualquier lugar y lo más rápido posible… aunque al principio creímos que los llevaban rotos. Caminamos por el Gran Corredor, un pasillo techado que bordea el lago, hasta la zona este del parque. El Palacio de Verano es inmenso y bien se le puede dedicar un día entero para recorrerlo todo con calma.
Nosotros con una mañana tuvimos suficiente y después de visitar algún templo más y de comernos una mazorca de maíz que le compramos a una vendedora, salimos por la puerta este del parque para buscar la parada de metro más cercana. No tardamos más de 10 minutos en encontrar la parada de Xiyuan a la que accedimos para coger el metro rumbo a la parada de Beijing Zoo y así visitar el zoo de Beijing y ver los maravillosos osos panda. Antes de eso hicimos una parada para comer en un comida rápida cercano. Con el estómago lleno compramos las entradas al zoo que nos costaron 15 Y con acceso incluido al recinto de los pandas. Fue lo primero que visitamos y, sin duda lo que está más abarrotado de todo el zoo. Pudimos ver al maravilloso animal mientras se estaba pegando un festín de cañas de bambú tumbado cual marajá. Después de echarle unas cuantas fotos y hacer algún que otro vídeo desde detrás de la vitrina, salimos para ver al resto de animales.
Aquí es donde nos dimos cuenta de las penosas condiciones en la que viven los animales en este zoo, con unas jaulas sucias, ridículas en cuanto a tamaño y oscuras. Nada que ver con el recinto del panda, al nivel de cualquier zoo europeo . Se nos quitaron las ganas de seguir visitando el zoo vistas las condiciones así que sin verlo al completo ni mucho menos, cogimos la puerta de salida. Al menos pudimos ver a los pandas bastante felices… Si eres amante de los animales no te gustará para nada la visita.
Con mal sabor de boca nos metimos en el metro rumbo al hotel para ducharnos, descansar un rato y salir de nuevo a eso de las 6 de la tarde. Como hicimos dos días antes, cogimos el metro hasta la parada de Dongzhimen cuando ya estaba oscureciendo para visitar, ahora sí, las auténticas paradas nocturnas de pinchos de Wangfujing. Teníamos la intención de comer alguna cosa por la calle comprándola en alguna de las paradas, pero nada de escorpiones, caballitos de mar o larvas. Nos decidimos los dos por unos fideos con verduras que tenían una pinta buenísima así que compramos un par de raciones. Laura, muy a su pesar, los pidió picantes y casi no se los puede acabar… Por cierto nos costaron las 2 raciones a 30 Y por cabeza y estamos convencidos que ese era el precio de los dos… Cuidado con estas paradas porque también me intentaron dar mal el cambio, y a conciencia. Afortunadamente los fideos estaban buenísimos y nos pudimos dar por cenados aquella noche después de comprar un delicioso pincho de fruta. Paseamos un rato por la calle Wangfujing descendiendo por ésta en dirección a la parada de metro del mismo nombre que está situada dentro de un centro comercial. Antes de montarnos al metro vimos un Starbucks y nos vinieron muchas ganas de hacer un buen café ya que los chinos no son precisamente los mejores cafeteros. Los precios del Starbucks no están adaptados a China así que los dos cafés nos salieron por unos 50 Y. Lo siguiente fue regresar de nuevo al hotel, en lo que iba a ser nuestra última noche en aquella humilde aunque acogedora habitación, en pleno hutong de Beijing.
DÍA 6, SÁBADO 27/03/2010: APURANDO NUESTRAS ÚLTIMAS HORAS EN LA CAPITAL.
Era nuestro último día en Beijing y como en los días anteriores habíamos hecho los deberes, nos permitimos el lujo de despertamos un poco más tarde de lo normal, tampoco mucho, ya que a las 9:15 de la mañana ya teníamos hecho el check out de la habitación y habíamos dejado nuestras mochilas bajo la custodia del hotel. Queríamos aprovechar las últimas horas en la capital para visitar los sitios que nos habían quedado en el tintero (Templo de los Lamas) y para pasarnos por el mercado de la seda y ver lo que por allí se cocía. A las 21:30 de la noche saldría el tren que debía dejarnos a la mañana siguiente en la ciudad de Luoyang, donde pretendíamos visitar las Grutas de Longmen y el templo Shaolín. Para llegar a nuestro primer objetivo del día, el Templo de los Lamas, volvimos a recurrir al práctico metro de Beijing bajándonos en la parada a la que da nombre el templo: Lama Temple.
No tuvimos ninguna opción de perdernos una vez allí ya que nada más bajarnos del tren un alemán de origen chino se ofreció a guiarnos hasta el templo (no tiene pérdida) al que nos acompañó hasta la mismísima puerta. Los alrededores del lugar están plagados de tiendas y paradas que venden todo tipo de objetos o souvenirs budistas como incienso, collares, pulseras, amuletos… lo cual le da un gran ambiente a la zona. Compramos la entrada al recinto (25 Y) y comenzamos a adentrarnos por el paseo que da acceso al templo. Una vez en el meollo, nos encantó el ambiente que allí se respiraba con gente orando, quemando incienso, dándole a los rodillos giratorios o simplemente departiendo con los pocos monjes budistas que paseaban por el recinto.
Exploramos los diversos templos entre el intenso olor a incienso que lo cubría todo e intentando dar con el enorme buda de 17 metros de altura que salía reflejado en nuestra guía y al que finalmente encontramos. Conocido como Yonghegong, es el templo budista más importante fuera del Tíbet y la verdad es que bien merece una visita. Cuando creímos haberlo visto todo nos sentamos en uno de los bancos de los patios interiores para relajarnos y disfrutar del ambiente de un lugar realmente especial. Dimos por concluida la visita y decidimos comprar algún que otro souvenir en las tiendas de las inmediaciones como collares o barritas de incienso. Otro de los templo más importantes de la ciudad, el de Confucio, se encuentra realmente cerca de Lama Temple, a no más de 5 minutos, y nosotros nos acercamos hasta la puerta, pero como acabábamos de visitar otro templo y había leído que no era nada del otro mundo… decidimos descartarlo y me conformé con sacarle una fotografía a la estatua de Confucio, que preside el templo y está visible desde el exterior.
La mañana había pasado muy rápido y al acercarse la hora de comer decidimos dirigirnos en metro hacia la zona del Silk Market bajándonos en la parada de Yonganli. Una vez allí comimos en el socorrido Mc Donald’s y a primera hora de la tarde nos metimos en el mercado de la seda, a escasos 5 minutos a pie. No os penséis que el lugar es como un mercado convencional, con paradas al aire libre en una calle cualquiera. No. Es un edificio de no se cuantas plantas, con el aspecto exterior de un centro comercial y en cuyo interior se vende todo lo que uno pueda imaginar: relojes, ropa de marca, carteras, bolsos, maletas, souvenirs… Vaya, un paraíso para los amantes de las compras. No es nuestro caso, pese a que cayeron un par de caprichitos, así que después de un breve paseo por su interior y ante el agobio producido por las incansables vendedoras, decidimos salir de nuevo al aire libre. Decir que para toda compra hay que utilizar el maravilloso arte del regateo y que hay que mirar con lupa lo que se nos vende pues estos chinos se las saben todas.
Nos venía de gusto hacer un café y relajarnos un poco después de la estresante experiencia del Silk Market así que nos metimos en una de las cafeterías que hay en sus alrededores sin tan siquiera preguntar el precio del café. Error! Nos metieron la clavada del viaje cobrándonos la nada despreciable cifra de 70 Y por dos cafés con leche, casi al mismo precio que en la Plaza San Marco… Al salir nos fijamos y los precios de los cafés de al lado eran los mismos así que hay que ir con cuidado con tomarse un café por la zona. Sería media tarde cuando salimos de la cafetería para regresar a nuestro hotel a recoger las maletas. Una vez allí perdimos un poco de tiempo conectándonos a Internet y escribiendo en el libro de visitas antes de despedirnos y meternos en un metro abarrotado de gente (sería hora punta) con nuestras pesadas y abultadas mochilas. El trayecto se me hizo eterno pero al fin llegamos a la parada de Military Museum, donde uno tiene que bajarse para llegar a la Beijing West Station.
Desde la parada de metro hay la opción de coger un rickshaw o pegarse la pateada de 15 minutos hasta la estación, opción que escogimos nosotros después de que otro amable chino nos indicara el camino. Cenamos antes de meternos en la estación, unas tres horas antes de que saliera nuestro tren. La verdad es que localizarlo fue bastante sencillo, tan solo tuvimos que buscar el número de tren, comprobar que la hora de salida correspondiese y dirigirnos hacia la puerta que marcaba el inmenso panel informativo. Ya en la abarrotada sala de espera, nos sentamos en el suelo ante la atenta mirada de las decenas de chinos que nos rodeaban en el que fue, sin duda, el momento del viaje en el que nos sentimos más observados. Parecía que no habían visto a un occidental en su vida.
Lo mismo digo esto como que la gente con la que compartimos el viaje fue a cual más amable (a su manera) y sonriente. Después de la larga espera, una media hora antes de la salida nos permitieron comenzar a embarcar. Buscamos nuestro vagón y nuestra litera y nos acomodamos junto con nuestros compañeros de viaje, con los que no tuvimos ningún problema. El vagón se veía bastante limpio y, aunque la cama era un poco dura, pudimos descansar lo suficiente desde el momento en el que, sobre las once de la noche, se apagaron las luces. Al día siguiente, amaneceríamos en Luoyang.
DÍA 8, DOMINGO 28/03/2010: LAURA CAE ENFERMA. CAMBIO FORZOSO DE PLANES.
El tren llegó a la hora prevista, las 7 de la mañana, a la estación de Luoyang en la céntrica provincia China de Henan. Una vez allí y cuando estábamos preparándonos para bajar saltó la alarma: Laura comenzaba a sentirse indispuesta y con náuseas. Mal asunto, pensé. Salimos de la estación y la situación comenzó a ir a peor hasta el punto de tener que meternos en un Kentucky cercano para que Laura pudiese sentarse tranquilamente e ir al baño a devolver. Había que tomar una decisión, y rápida. En el estado en el que comenzaba a sentirse ella no podíamos ni plantearnos llevar a cabo las dos excursiones previstas para el día, las Grutas de Longmen y el Templo Shaolín. Menos aún teniendo que cargar con las pesadas mochilas todo el día.
La decisión, muy a nuestro pesar (nos hacían mucha ilusión ambas visitas), estaba clara. Debíamos tomar el primer tren que saliese hacia Xian y, una vez allí, buscar un hotel para que Laura pudiese descansar y recuperarse. De esta manera, nos dirigimos de nuevo hasta la estación y, mientras Laura agonizaba sentada en una esquina, me las apañé como pude para comprar dos billetes para el próximo tren hacia Xian. Los billetes nos costaron 105 Y por cabeza y el tren saldría en una hora y media. La espera se hizo eterna hasta que finalmente pudimos subir al tren y acomodarnos en nuestras literas duras. El trayecto de 5 horas fue bastante duro para Laura ya que se pasó casi todo el camino entre la litera y el lavabo del tren, dejando su estómago totalmente vacío y dolorido. Mientras, yo entablaba conversación con un curioso chino que viajaba con nosotros y con el que estuve casi 2 horas hablando sobre varias cosas e intentando entenderle con su inglés, que no era precisamente de Cambridge. Finalmente, y para nuestro alivio, llegamos a la estación de Xian de la que salimos rápidamente para perdernos en la caótica aglomeración de gente que había acumulada en sus alrededores. Lo que nos faltaba, creo que nunca me había estresado tanto por estar rodeado de tanta gente. Nos sentamos 5 minutos en un bordillo en parte porque Laura ya no podía más y en parte para decidir que debíamos entrar en el primer hotel (daba igual como fuese) para pedir una habitación. No nos costó encontrarlo ya que justo al lado de la estación está el enorme hotel donde finalmente nos alojamos. Subimos a nuestra habitación y Laura se metió directamente en la cama para hacer reposo. Yo por mi parte salí a comprar algo para comer y decidí quedarme lo que quedaba de tarde con ella para hacerla compañía y también para descansar, después de demasiadas horas de tren en poco tiempo. Aunque finalmente perdimos un día entero, tuvimos la suerte de que Laura logró recuperarse en tiempo récord.
DÍA 9, LUNES 29/03/2010: GUERREROS DE TERRACOTA.
Aunque tal vez no al cien por cien, Laura ya se encontraba mucho mejor cuando nos despertamos aquella mañana. Una buena noticia no acompañada por el tiempo, pues hacía un día gris y lluvioso en la vieja Xian que nos obligó a hacer la visita de los Guerreros de Terracota (es en recinto cubierto) esa misma mañana. Hicimos el check out y dejamos nuestras mochilas en el hotel antes de dirigirnos a la parada de autobuses que hay justo al lado de la estación de trenes, una vez atravesada la muralla. Tal y como nos habían dicho en el hotel, localizamos el autobús 306 que ya estaba esperando a punto de salir y subimos a él después de pagar los 7 Y que cuesta el trayecto de una hora de duración. Durante el trayecto, el autobús va haciendo diversas paradas en diferentes atracciones turísticas; simplemente hay que bajarse en la última.
Llegamos al recinto entre una intensa niebla y la persistente lluvia y lo primero que hicimos fue dirigirnos hacia las taquillas donde nos hicimos con dos entradas a 45 (con carné de estudiante) y 90 Y respectivamente. En la zona de las taquillas hay multitud de guías que ofrecen sus servicios en inglés y, aunque nosotros decidimos hacerlo por nuestra cuenta, puede ser buena idea contratarlos para hacerte una mejor idea de todo lo que envuelve a los guerreros. Caminamos los 10 minutos que separan las taquillas de los pabellones, un recorrido lleno de puestos de souvenirs donde intentarán venderte cualquier réplica de los Terracota Warriors. El museo está compuesto por diversos pabellones: el nº 1, que es donde se encuentra el grueso de los guerreros, los pabellones 2 y 3, en los que todavía se excava y hay alguna muestra de éstos, el pabellón que alberga una especie de museo y el carruaje de bronce, y la sala de cine donde emiten la película – documental que explica la historia de los Guerreros de Terracota. Una historia que se basa en las creencias del primer emperador chino, Qin Shi Huang (quien también mandó construir la Gran Muralla), que creyó que enterrando consigo tal ejército conseguiría seguir gobernando tras su muerte. En 1974, unos campesinos de la región descubrieron, mientras cavaban un pozo, este increíble yacimiento arqueológico de más de 2.000 años de antigüedad.
Se recomienda comenzar la visita por los pabellones 2 y 3 para obtener las primeras “dosis” de los Guerreros y así pasar, para finalizar, al pabellón 1 y asombrarse con la parte importante de la exposición. Particularmente lo que más me asombró, a parte de su abundancia y tamaño real, fue descubrir que cada cual era diferente al otro, que originariamente estaban pintados a color real y que portaban armas que bien podrían haberse utilizado en una batalla real. Estuvimos cerca de una hora y media recorriendo los tres pabellones y, si bien es cierto que no deja indiferente, tampoco creo que sea como para ser considerada “la octava maravilla del mundo”. Tanto no. Después de recorrer el pabellón 1, donde se presume que hay unas 6.000 figuras (solo una parte de ellas restauradas), dimos una rápida vuelta por el museo y finalizamos la visita en el cine, empapándonos de la historia que envolvió a la creación de uno de los descubrimientos arqueológicos más curiosos que puedan existir. Ya era casi la hora de comer cuando volvimos a coger el bus 306 para volver a Xian.
Una vez recogidas las mochilas y comprado un mapa de la ciudad, cogimos un taxi (18 Y) hasta nuestro nuevo hotel, el lujoso Sofitel que había reservado como regalo de aniversario para Laura, que esa noche cumplía los 25. Para nuestra sorpresa y alegría, al hacer el check in nos dijeron que debían cambiarnos la habitación standard que habíamos reservado por una suite junior, así que podéis imaginaros que no nos quejamos en absoluto. Ya en la habitación, nos comimos los noodles de preparación rápida que habíamos comprado por la mañana y salimos de nuevo a la calle. El objetivo de la tarde era ver algo de la ciudad, así que nuestra elección fue ir a la Pagoda del Gran Ganso Salvaje ya que se encuentra bastante alejada y así podríamos dejar el día siguiente para visitar toda la zona centro y la muralla.
Para llegar a la pagoda utilizamos un rickshaw que nos pegó una buena clavada (50 Y) pese a que el trayecto duró casi 20 minutos, recorriéndolo al cansino ritmo del tuk tuk. Compramos la entrada a la pagoda (otros 50 Y) y paseamos por sus patios y jardines, ya que cuando llegamos para subir a la torre ésta ya estaba cerrada. Pese al imprevisto, disfrutamos mucho de la visita y del ambiente que se respiraba en el templo, en el que coincidimos con unos monjes budistas en plena oración y en el que pudimos ver un precioso buda dorado en uno de los recintos. Pese a que está un poco alejado, creo que es buena idea acercarse a hacerle una visita.
Cenamos en un Pizza Hut cercano y cogimos un taxi para que nos devolviera al hotel (15 Y), taxi desde el que pudimos apreciar lo cuidada y bien iluminada que está esa zona de Xian por la noche. Llegados al hotel, disfrutamos un rato de las comodidades de la suite y nos fuimos a dormir.
DÍA 10, LUNES 30/03/2010: XIAN, ALGO MÁS QUE GUERREROS.
Un gran desayuno en el hotel dio el pistoletazo de salida a la que sería nuestra última mañana en Xian, pues a las 6 de la tarde salía nuestro vuelo rumbo a la siguiente parada del viaje: Guilin. Con el estómago lleno (quizá demasiado) y las pilas cargadas, hicimos el check out del hotel dejando como siempre las mochilas y nos dispusimos a salir a la calle y caminar rumbo al centro de la ciudad amurallada, donde se hayan las torres de la campana y el tambor.
En un día con una intensa neblina que envolvía toda la ciudad, recorrimos los 15-20 minutos que separaban nuestro hotel del acceso subterráneo de la Torre de la Campana. Con los carnés de estudiantes por delante (unas veces nos los aceptaban, otras no), compramos los billetes de acceso a ambas torres por 30 Y, cuando la entrada general vale 60. Habiendo visto ya la torre de la campana de Beijing, no supimos encontrarle la gracia a esta nueva torre salvo, de nuevo, sus vistas de la ciudad que tampoco eran las mejores debido a la niebla.
Acabada una torre nos liamos con la otra (a muy poca distancia) que fue más de lo mismo excepto por los pintorescos tambores que esta segunda tenía en su exterior y que antiguamente servían para marcar las horas. Aledaño a la Torre del Tambor se encuentra el famoso barrio musulmán de Xian, habitado por la comunidad Hui, y por el que estuvimos perdiéndonos por sus calles entre los diferentes puestos callejeros que desprendían una mezcla de colores y olores a veces agradables y a veces difícilmente soportables. Concretamente paseamos por una estrecha calle donde se concentraban las carnicerías al aire libre en la que a mitad de recorrido tuvimos que acelerar el paso ya que nos estábamos ahogando por el intenso olor que se desprendía de los hígados en plena calle y de los trozos de carne colgando a escasos metros de nosotros. Ciertamente fue como revivir algunas zonas de las medinas de Fez o Marrakech en nuestro viaje a Marruecos del pasado septiembre, solo que esta vez los protagonistas eran de ojos rasgados. Pese a todo, el ajetreo y vida que desprende este conjunto de calles merecieron por completo que les dedicáramos un hueco en nuestra apretada agenda matutina en Xian.
Salimos del laberíntico Barrio Musulmán para poner rumbo hacia la muralla, en concreto su puerta oeste, que era la que nos quedaba más cerca. Como recomendación, deciros que si tenéis que ir a la muralla, lo hagáis por la puerta sur, ya que es allí donde alquilan las bicis, la mejor manera sin duda de recorrer la muralla. Como ya he dicho antes nosotros accedimos a la muralla (40 Y) por la puerta oeste, y allí no había ni rastro de ningún lugar para alquilar bicis. Tuvimos que conformarnos con hacer el recorrido a pie, eso sí, sin nadie más que nosotros sobre la muralla, salvo contadas excepciones. Caminamos en la más absoluta tranquilidad y por un lugar único, durante los casi 40 minutos que nos llevó cubrir la distancia que va desde la puerta oeste a la puerta sur. La sensación de caminar por la interminable muralla de ni más ni menos que Xian, la ciudad desde donde partían las caravanas de la mítica Ruta de la Seda, puso el mejor colofón a nuestra estancia en la ciudad.
Descendimos de la muralla para coger el primer taxi que encontramos y que nos acercó al hotel por unos 10 Y. Después de recoger nuestras cosas cogimos un taxi que nos llevó de nuevo hasta la Torre de la campana (8 Y), en concreto delante del Melody Hotel, desde el que parten cada hora autocares que llevan al aeropuerto. Comimos por la zona y, después de esquivar a los pesadísimos taxistas que nos ofrecían el trayecto al aeropuerto por precios de risa, nos montamos en el autocar (40 Y) que partió puntual a las 2 del mediodía para dejarnos una hora más tarde en el pequeño aunque moderno aeropuerto de Xian. Nos gusta ser muy previsores con el tema de los vuelos (a veces en exceso), así que nos tocó esperar casi tres horas antes de embarcar en el pequeño avión de Air China que, junto a un grupo organizado de turistas españoles, nos llevaría hasta la sureña ciudad de Guilin.
El trayecto no llegó a las 2 horas y bajamos del avión en una noche lluviosa, preludio de los días que nos iba a hacer por la región, que no está tan verde por arte de magia. Después de recoger nuestras mochilas nos montamos en el primer autobús que vimos y en el que nos aseguraron que nos iba a llevar a la ciudad. El tortuoso camino (muchas carreteras estaban en obras) duró cerca de 40 minutos y nos costó 20 Y por cabeza. En el aeropuerto nos dijeron que debíamos bajarnos en la primera parada así que eso hicimos y, sin perder tiempo, cogimos un taxi que afortunadamente por allí andaba. Le entregamos la dirección del hotel escrita en chino y por 20 Y nos dejó por la zona, aunque no precisamente en la puerta de nuestro alojamiento. Eran las 22:00 de la noche y no teníamos ni idea de donde estaba el hotel, pese a tener la dirección y el mapa. A pesar de ir preguntando pacientemente a diferentes personas que nos íbamos encontrando, nadie nos supo decir donde se encontraba. Desesperados, después de una hora y media buscando el hotel en plena noche y cargados con las pesadas mochilas, decidimos alojarnos en uno que nos pareció que estaba bien. Desde allí llamamos al “hotel perdido” y cancelamos nuestra reserva. Había sido un contratiempo pesado y estábamos hechos polvo así que no tuvimos más remedio que ir a nuestra habitación, pegarnos una buena ducha (la humedad en Guilin es sofocante) y descansar, para al día siguiente encarar lo que para nosotros fue la mejor etapa del viaje.
DÍA 11, MARTES 31/03/2010: LLEGAMOS A YANGSHUO, UN LUGAR MARAVILLOSO.
Teníamos bastante claro que gran parte de nuestro tiempo en la provincia de Guangxi queríamos pasarlo en el encantador aunque turístico pueblo de Yangshuo. Ésta es una población rodeada por un paisaje de cuento formado por sus campos de arroz, sus verdes ríos y las increíbles formaciones kársticas, que no dejan de asombrar por más que las mires. Pese a que es base del turismo mochilero desde hace ya años y que el pueblo tiene partes bastante “occidentalizadas”, no deja de ser un lugar al que sin duda había que ir y del que os puedo asegurar que no nos defraudó convirtiéndose, sin lugar a dudas, en nuestro mejor recuerdo del viaje. Con todo esto en mente nos despertamos en un día gris y lluvioso que nos hizo bajar un poco el ánimo y temer que nuestra estancia por la zona fuese pasada por agua. Recogimos nuestras mochilas y paramos el primer taxi que encontramos para que nos acercase a la estación de autobuses de Guilin por unos 7 Y.
Una vez allí compramos nuestros billetes hacia Yangshuo y después de un poco de lío conseguimos montar en el autobús correcto gracias a la ayuda de un chino que se llamaba Jason (como nombre occidental) y con el que estuvimos hablando durante todo el trayecto ya que él estaba estudiando español y, como muchos chinos que conocimos, se mostró muy curioso e interesado por nuestra estancia en su país. Después de intercambiarnos los mails y recomendarle algún grupo de música español, llegamos a la estación de autobuses de Yangshuo desde la que Jason, muy amablemente, nos guió hasta nuestro hotel. Personas como esta fue la que ayudó a que nos formáramos una buena imagen en general de los chinos, aunque supongo que cada cual tendrá su propia experiencia. Una vez dejadas las mochilas en la habitación – con una excelente terraza con preciosas vistas al paisaje de la zona – bajamos a recepción para contratar un descenso en balsa de bambú por el río Yulong. El día se había despejado bastante y era el momento idóneo para hacerla. La mayoría de turistas realiza el descenso en barco por el río Li desde Guilin, pero nosotros nos decantamos por esta opción para disfrutar de las formaciones kársticas de la zona, y la verdad es que no defraudó en absoluto. Pagamos en recepción los 150 Y de la excursión, cogimos unas bicis de alquiler del propio hotel (20 Y/día) y, mapa en mano, nos encaminamos hacia el lugar desde donde partían las balsas.
El trayecto de unos 40 minutos hasta allí fue de lo más agradable en lo que era una sucesión continua de picos kársticos y campos de arroz que formaban un paisaje de ensueño que daba ganas de pararse a fotografiar cada 5 minutos. Estábamos en otra China totalmente diferente, la rural, la de los paisajes sobrecogedores y la tranquilidad. Finalmente llegamos al lugar pactado donde ya nos estaba esperando nuestro barquero. Dejamos las bicis (ellos se encargan de bajarlas por carretera) y montamos en nuestra pequeña balsa, que iba a ser nuestro medio de transporte durante las 2 horas que iba a durar el descenso. Dos horas que nos dejaron con el mejor sabor de boca del viaje (creo que Laura coincide conmigo) en lo que fue un descenso repleto de sosiego y belleza.
No se cuantas fotos y videos llegué a realizar mientras estábamos en la balsa, pero seguro que si dijese un número me quedaba corto. Los picos tenían cada vez formas más imposibles a medida que íbamos avanzando y los bueyes de agua se dejaban ver en las orillas, a las que se acercaban a beber. Nosotros, recién llegados a la zona, lo contemplábamos todo en silencio y con la boca abierta. Incluso tuvimos la suerte de ver a un pescador utilizando a sus cormoranes fuera de cualquier espectáculo turístico. Podría tirarme varias lineas poniendo adjetivos sobre la experiencia, pero lo resumiré con decir que ha sido uno de esos momentos mágicos que me llevo de cada viaje, como cuando vi por primera vez las dunas del Sáhara o me puse delante de la inmensidad del Gran Cañón.
Llegamos a destino cuando ya se estaría aproximando la hora de comer así que decidimos regresar a Yangshuo con nuestras bicis, pero esta vez siguiendo la carretera. Ya en el pueblo, devolvimos las bicis y nos fuimos a su zona peatonal (la más turística) para encontrar un sitio donde comer. La verdad es que no es nada difícil ya que hay una amplia oferta de todo tipo de restaurantes, muchos de ellos llevados por occidentales. Nosotros optamos por Mickey’s Place, en una de las calles del centro, y la verdad es que fue un acierto tanto por precio como por calidad de la comida. Para los más intrépidos tienen platos como el perro frito, la rata de bambú o la serpiente; nosotros nos decantamos por la tradicional pizza…
La tarde la empezamos paseando por la zona peatonal del pueblo, plagada de paraditas donde se puede encontrar hasta el souvenir más insospechado y por donde circula la mayoría de turistas que pasan unos días en Yangshuo, de ahí que la calle se conozca como “Western Street”. Para acabar de rematar el día visitamos el parque de Yangshuo y ascendimos a uno de sus picos kársticos, desde el que obtuvimos unas impagables vistas del pueblo, literalmente “rodeado” por las extrañas formaciones geológicas. Desde allí arriba nos dimos cuenta de dos cosas: que un pueblecito en China tiene fácilmente 300.000 habitante y un tamaño considerable, y que Yangshuo es realmente un lugar especial. Que cada vez hay más turistas? Sí. Pero eso no le quita todo lo demás, que es mucho. Al menos a nosotros dos nos dejó enamorados. Llamé a mis padres desde allí arriba y no atinaba a explicarles la sensación que me recorría el cuerpo, esa sensación de sentirte en un lugar único, alejado y bello, esa sensación que a veces vivo cuando viajo en situaciones en las que me gustaría que mis seres queridos me pudiesen ver por un agujerito.
Descendimos del pico kárstico por la empinada escalera y, ya anochechiendo, nos dirigimos al hotel. De nuevo cenamos en la terracita de la habitación los prácticos noodles de preparación rápida, descansamos un ratito y salimos de nuevo a la calle, a palpar el ambiente nocturno del pueblo. Por la zona peatonal, todo lo que por la mañana eran restaurantes, se habían convertido por la noche en pubs y animadas discotecas, y es que Yangshuo además de todo lo anteriormente dicho, también tiene marcha nocturna. Optamos por entrar en un pub donde vimos que actuaban dos chinos, tocando la guitarra y cantando, y allí nos quedamos un buen rato tomando unas cervezas chinas a la luz de las velas.
Después de salir del bar, dimos un último paseo por las animadas calles (como debe estar en Agosto…) y volvimos al hotel. Antes de subir a nuestra habitación, reservamos para el día siguiente la excursión a las Terrazas de arroz de Longji, que nos costó 180 Y por cabeza. Partiríamos a las 7 de la mañana así que no había tiempo que perder, la cama estaba esperando después de, seguramente, el mejor día del viaje.
DÍA 12, MIÉRCOLES 01/04/2010: EXCURSIÓN A LOS BANCALES DE ARROZ DE LONGJI
Un minibus cargado hasta los topes nos estaba esperando puntual cuando descendimos a la recepción del hotel a las 7 de la mañana. Junto con 6 chinos y 2 americanos más nos dispusimos a recorrer las 3 horas de camino que nos separaban de nuestro destino. El trayecto no se nos hizo muy pesado debido a alguna que otra cabezadita que nos echamos así que antes de darnos cuenta ya estábamos bajando del autobús en un recóndito pueblecito rural chino. Allí estiramos un poco las piernas y empezamos a ver las terrazas de arroz excavadas en las laderas de las montañas. Cuando pasaron los 10 minutos de tiempo que nos dieron volvimos a montar en el minibus, donde nos hicieron pagar 60 Y más, en lo que fue un atraco a mano armada, para asisitir al espectáculo que las mujeres de la minoría Yao ofrecen a los turistas en uno de los pueblos que habitan.
Llegados al pueblo nos metieron en un recinto donde las mujeres Yao comenzaron mediante cantos y bailes a representar su cultura y su forma de vida durante la hora aproximada que duró el “show”. Las mujeres Yao tienen como especial característica común su larguísima melena que puede llegar a los 2 metros de largo y que según como esté recogida en su cabeza, la mujer estará casada, soltera, con hijos o sin hijos. En fin, que el espectáculo nos pareció por fases avergonzantemente turístico y que salimos de allí contentos con que al fin hubiese acabado, pese a que al menos pudimos conocer algunas de las características de esta etnia china. A la salida del recinto…vinito de arroz y pellizco en el culo, que se ve que es tradición por esos lares. Atravesamos el puente colgante que cruza el río y separa el poblado, de casas típicas de madera, de la carretera principal. Montamos de nuevo en el minibús y comenzamos a ascender la montaña en dirección al pueblo de Ping’an, puerta de entrada a las impresionantes Terrazas de Arroz de Longji.
El paisaje que se comenzaba a apreciar era realmente bello, con diferentes tonos de verde por toda la montaña. Llegados a un punto, hay que dejar los vehículos de motor y continuar la ascensión a pie, lo cual hicimos entre los lugareños porteadores que por irrisorias cantidades de yuans te suben el equipaje al pueblo, acción que a muchos de nosotros nos costaría sangre y sudor realizar con esa edad. Al fin llegamos a Ping’an que se descubrió como un pequeño y encantador pueblo situado en las montañas y cuyas empinadas y estrechas calles (si se les puede llamar calles) son una delicia de recorrer. Nuestra guía nos indicó entonces el lugar donde comer, un pequeño restaurante (debe ser el único del pueblo) donde probamos algunos platos típicos locales como el arroz cocinado en caña de bambú, el pollo en caña de bambú o los huevos revueltos con hojas de bambú.
Pese a que no pareció nada especialmente delicioso, fueron platos que se dejaron comer. Mientras estábamos en el restaurante comenzó a llover, lo cual nos hizo temernos lo peor: la niebla podía taparnos las vistas de los arrozales y hacer que la excursión fuera un fracaso. Así fue como rápidamente y bajo la lluvia comenzamos a ascender la colina hasta el primer mirador, al que llegamos en escasos 10 minutos. Cuando miramos hacia los arrozales y vimos que una intensa niebla lo cubría todo y no dejaba ver absolutamente NADA, quisimos morirnos. Tres horas de camino y la excursión más cara de todo el viaje para…esto?? Sin duda lo que escondía la niebla (lo habíamos visto en fotos) era realmente precioso y eso hacía que nos crispáramos más por momentos. Toda la gente que llegaba hasta allí hacía el mismo gesto de desilusión al comprobar la nula visibilidad provocada por la maldita niebla. Sin perder la esperanza, nos cargamos de moral y subimos hasta el segundo mirador bajo una lluvia cada vez más intensa.
Pues bien, el esfuerzo y la paciencia tuvieron recompensa ya que una vez en el segundo mirador, una racha de viento despejó la niebla por momentos y nos dejó contemplar bajo la manta de agua las preciosas vistas de las terrazas de arroz. Todas las colinas colindantes estaban cultivadas formando un paisaje realmente único que finalmente, gracias a un golpe de suerte, pudimos admirar. Y es que las Terrazas de Arroz de Longji son, pese a que quedan un poco alejadas de Guilin y Yangshuo, uno de los atractivos imprescindibles si se está por la zona, una de esas cosas que uno no debe perderse. Contentos por haber sido recompensados por nuestra paciencia y de poder haber visto por fin las terrazas comenzamos el descenso primero de la colina y luego del pueblo para encaminarnos hacia el minibús ya que la hora a la que habíamos quedado para partir se estaba acercando. Mientras descendíamos pudimos ver bastante más del fenomenal paisaje de la zona que cuando ascendíamos, pues la niebla se estaba disipando. A las 4 de la tarde montamos de nuevo en nuestro transporte y emprendimos el retorno hasta Yangshuo, no sin antes parar por el camino recogiendo gente hasta llevar el mini-bus hasta los topes. De nuevo en Yangshuo nos tomamos lo que quedaba de tarde-noche para el relax.
Paseamos tranquilamente entre los puestecillos, en los que compramos caligrafía china, y tuvimos una deliciosa cena de nuevo en Mickey’s Place que nos deleitó con unos maravillosos rollitos de primavera y burritos mejicanos (vaya mezcla de gastronomías) con los que nos quedamos absolutamente saciados y con ganas de volver al hotel a descansar después de una larga y agitada jornada.
DÍA 13, MARTES 02/04/2010: HASTA SIEMPRE YANGSHUO!
Era día de despedida. Despedida de, probablemente, el lugar con más encanto de todo el viaje y al que le llegamos a coger cariño en los escasos tres días que estuvimos por allí. Aún así teníamos toda la mañana para acabar de disfrutarlo ya que regresaríamos a Guilin en un bus por la tarde. Lo primero que hicimos por la mañana fue hacer el check out, dejar nuestras cosas en el hotel y alquilar de nuevo unas bicis, el mejor medio de transporte que se puede usar en la zona. Laura se había fijado en un local donde una familia china hacía “American breakfast” o “English breakfast” por el módico precio de 25 Y, así que para allí que nos fuimos. Nos dimos todo un homenaje matutino formado por fruta, huevos fritos, bacon, tostadas, zumo de naranja y un buen café con leche ya que había que cargar pilas pues estaríamos dándole a los pedales toda la mañana. Acabados de desayunar, agarramos nuestras bicis y nos pusimos en marcha.
La verdad es que no nos planteamos ninguna ruta, simplemente nos decidimos a avanzar y perdernos entre los campos de arroz, los picos kársticos y los pequeños pueblos. Como ya se ha dicho anteriormente, y no quisiera ser repetitivo, los paisajes que íbamos atravesando eran cada vez más bellos, realmente no importaba en absoluto perderse por la zona. De hecho no lo hicimos ya que una vez nos topamos con el río Yulong, pedaleamos por la carretera que va paralela a éste haciendo diversas paradas, unas para descansar y otras simplemente para sentarnos un rato y disfrutar de lo que nos envolvía.
Atravesamos pequeños pueblos de agricultores donde pudimos ver a la gente trabajando los campos de arroz con la inestimable ayuda de los bueyes de agua y, también hay que decirlo, a muchos menores trabajando el campo en compañía de sus madres, lo cual no nos produjo ninguna alegría. Paramos en uno de los pequeños diques que cruzan el río, donde hay varios puestecillos que intentan vender algo de comida a las balsas que lo descienden, y nos sentamos en la misma orilla a comernos unas deliciosas mazorcas de maíz que acabábamos de comprar por 5 Y. A nuestro lado, una pareja de novios se hacía el reportaje fotográfico para su boda en un lugar, pensé, de belleza difícilmente superable.
Después de unas dos horas de pedaleo agradable en un paisaje rozando lo selvático, llegamos al cruce con la carretera que va a Yangshuo por un lado, y que por el otro te lleva a distintas atracciones turísticas como la Water Cave, el Moon Hill o el Gran Árbol Banyan. Aunque me hubiese gustado probar la experiencia de la Water Cave (unas cuevas kársticas donde te puedes bañar en barro), desestimamos la opción en primer lugar porque Laura es alérgica a la humedad y en segundo porque nos pareció una actividad bastante cara, pese a que no logro recordar el precio. En los alrededores de Yangshuo hay inacabables actividades por hacer, puedes tirarte meses en la población y no acabártelas todas. Al final nos decantamos por entrar al parque del Gran Árbol Banyan que nos pillaba al lado y al que accedimos después de abonar los correspondientes 20 Y. Éste es un parque corriente si no fuera por los picos kársticos que lo rodean (uno de ellos con un curioso agujero en el centro) y por el maravilloso árbol de más de 1.500 años que hay en pleno centro. Es enorme!
Visto desde lejos parece como un pequeño bosquecito de varios árboles pero a medida que te vas acercando te das cuenta de que todo sale de un mismo tronco. Recomiendo la visita solo para ver tan fantástico árbol. El resto del parque está bien para pasear, había algún camello por ahí pululando (¿?) y el mencionado pico agujereado al que se accede en barca y detrás del cual hay una especie de mini pueblo con pinta de ser bastante turístico. Nosotros nos conformamos con el árbol ya que se había pasado de largo la hora de comer y después de estar toda la mañana pedaleando el hambre comenzaba a apretar. Nos dirigimos de nuevo al hotel por la carretera principal y llegamos a éste exhaustos para devolver las bicis. No es que no nos guste variar de sitio para comer pero en Mickey’s Place nos sentimos tan a gusto que volvimos a repetir. Por la tarde paseamos un rato por la zona peatonal y cambiamos los últimos Euros que nos quedaban en un Bank of China, lugar al que recurrimos siempre para obtener Yuans. Simplemente hay que rellenar un sencillo formulario en inglés, presentar el pasaporte y listo. Recogimos las mochilas del hotel, que a estas alturas del viaje estaban de mierda hasta arriba, y caminamos hasta la cercana estación de autobuses. Una vez allí, una señora nos indicó a grito pelao de “Guilin! Guilin!” que ese era el autobús que debíamos coger. Nosotros, cansados y sin ganas de entendernos con la señora china, subimos sin pensarlo y fue un error por nuestra parte ya que hay dos tipos de autobuses que van a Guilin: los que van directos y los que van haciendo parada en cada pueblo o a cada persona que se encuentra en el camino. Ya os podéis imaginar a cual fuimos a parar nosotros…convirtiendo el viaje de 1 hora en casi 2. Por cierto, nos costó 15 Y por cabeza. Después del pesado trayecto, nos bajamos en frente de la estación de trenes de Guilin en pleno embotellamiento de tráfico. Entramos a la estación sucios, cansados, cargando con las mochilas y con pocas ganas de hacer la gestión de compra de los billetes para Shenzhen. Así que cuando vimos las colas que había se nos vino el mundo encima. Laura se quedó de nuevo con las mochilas así que me tocó hacer cola y hacerme entender para ver si estaba en la cola correcta, ya que todo estaba escrito en chino. Afortunadamente di con un joven con ganas de ayudar y que hablaba bien el inglés, que me indicó la fila correcta. Después de unos 10 minutos esperando, me tocó el turno (las colas avanzan bastante rápidas). Como pude le hice entender a la chica que me atendió que quería dos billetes nocturnos a Shenzhen para el día siguiente. Tuve suerte que la chica fue simpática (con las colas que tenía podía no haberlo sido) y se defendía con el inglés así que al final llevé a cabo la misión con éxito. Con los billetes como preciado tesoro en nuestras manos (nos costaron unos 120 Y por persona en litera dura) cogimos un taxi que había en la misma estación y que por 20 Y (ni taxímetros ni leches) nos dejó en la puerta del hotel. El hotel elegido fue el Eva Inn, el mismo donde nos hospedamos aquella tortuosa noche tres días atrás. Nos pareció un buen hotel, a buen precio y excelentemente situado… por que no repetir? Nos metimos en la habitación y después de una buena ducha y un merecido descanso (viajar en China por libre puede ser por momentos agotador), cenamos de nuevo los famosos noodles de preparación rápida a los que tantas noches recurrimos por el irrisorio precio de 4 Y. Con las pilas de nuevo cargadas salimos a dar un paseo nocturno por la ciudad.
Lo primero que hicimos es ir al lago Shanhu, cercano a nuestro hotel y donde se encuentran las dos famosas pagodas de la ciudad. El lago tiene un parque alrededor preciosamente iluminado desde el que se pueden admirar las dos preciosas construcciones, una iluminada en plateado simbolizando la luna y la otra en dorado simbolizando el sol. Tengo que decir que la estampa visual de ese lago con las dos pagodas iluminadas me pareció que rozaba la perfección, otra cosa es verlas de día cuando estas son simplemente bonitas. Guilin nos empezaba a sorprender positivamente y más cuando empezamos a adentrarnos en la bulliciosa y animada zona centro. Por allí nos tomamos un helado mientras paseamos entre los diferentes puestecillos donde uno puede encontrar casi de todo y mientras disfrutábamos de una zona peatonal llena de vida pese a ser las 10 pasadas de la noche. No mucho más tarde de esa hora decidimos tocar retirada después de un completo día en el que nos habíamos despedido de uno de los mejores lugares del viaje; pero no cabía ponerse melancólico, la aventura continuaba y prometía nuevas sensaciones en los 5 días que nos quedaban.
DÍA 14, MIÉRCOLES 03/04/2010: UN POCO DE GUILIN
Guilin se ha convertido, debido a su maravilloso entorno, en uno de los puntos fuertes del turismo chino. Pese a que mucha gente se lo toma tan solo como “lugar de paso” para estar más días en lugares como la cercana Yangshuo, no deja de ser una ciudad con diversos atractivos que empezamos a descubrir la noche anterior y que continuaríamos explorando ese mismo día, antes de partir hacia Shenzhen. El día era lluvioso, como de costumbre, así que nos pusimos nuestros chubasqueros y salimos a la calle.
Lo primero que hicimos fue ir a ver las dos pagodas, que tanto nos habían gustado la noche anterior, pero esta vez con la luz del día. Pese a que siguen siendo bellas con su silueta reflejada en el lago Shanhu, para mi gusto de noche ganan mucho más. Después de dar un pequeño rodeo por el lago nos pusimos en camino hacia el Parque de las Siete Estrellas, el parque más extenso de Guilin y probablemente la visita más “obligada” de la ciudad. Aquella que uno no debe perderse si se está poco tiempo en ella. Caminamos por la ribera del río Li, donde vimos navegar a los barcos de turistas que hacen el trayecto hasta Yangshuo, hasta llegar al puente por donde cruza Jiefang East Road, por donde cruzamos al otro lado del río. Caminamos unos 5 minutos más en linea recta y llegamos a la puerta del parque, también conocido como Qixing Park. Después de abonar en la taquilla los 35 Y correspondientes nos adentramos, después de cruzar un bonito puente de piedra, en la frondosidad del parque.
Los carteles de “Be careful! Monkeys Dangerous” nos hicieron recordar que más que en un parque, estábamos en un trocito de selva domesticado. El parque de Qixing cubre más de 120 hectáreas y tiene diversos lugares a visitar. En él, puedes tirarte casi sin darte cuenta toda una mañana dando vueltas. Nosotros empezamos el recorrido visitando el bosque de las siete estrellas, un lugar un poco apartado al que se accede después de un agradable paseo entre la frondosa vegetación. Una vez allí, el bosque de las 7 estrellas es todo un oasis de tranquilidad, con bonitas flores, esculturas y inscripciones chinas grabadas en la piedra. Sin duda un bonito lugar para relajarse y escapar del bullicio de las ciudades chinas.
Del bosque de las 7 estrellas nos dirigimos a la preciosa cascada del parque, situada aproximadamente en el centro de éste. Nos hicimos unas bonitas fotos con la caída de agua al fondo antes de seguir con nuestro camino. Como curiosidad, decir que en dicha cascada había unos exuberantes pavos reales con los que te podías hacer una, cuanto menos, original foto pagando indudablemente la correspondiente tarifa. Siempre dentro del parque, lo siguiente que hicimos fue ir a ver el Camel Hill, una curiosa formación kárstica que se levanta en medio del parque con una perfectamente reconocible forma de camello.
Justo al lado del “camello kárstico” se encuentra un original museo de piedras, de entrada gratuita, por el que estuvimos deambulando observando las diferentes variedades de piedras – algunas muy raras y algunas realmente bellas – que allí tenían expuestas. Para finalizar con el parque nos dirigimos hacia uno de sus extremos para ver un templo que habíamos visto indicado en el mapa y la verdad es que nos encantó. Se trata de un precioso templo budista del que puedo decir que es de los que más me gustó en todo el viaje y que además se encuentra en un entorno único, en medio del parque y rodeado de vegetación. Además de todo esto, en el parque también se ubica la Cueva de las 7 Estrellas (otra cueva con extrañas formaciones kársticas), un zoo y hasta un pequeño parque de atracciones con circuito de karts incluido. Vaya, que el parque no da para aburrirse.
No obstante nosotros decidimos concluir nuestra visita antes de comer e ir caminando de nuevo hacia el centro, donde nos metimos en un comida rápida para saciar nuestro apetito. De camino, nos fijamos en que había varios locales que ofrecían masajes completos a 30 Y, así que a la hora de la siesta no pudimos encontrar mejor cosa que hacer que esa. La verdad es que el local de los masajes era bastante sórdido y no se respiraba la tranquilidad que se debería respirar mientras te hacen un buen masaje. Aún así, estuvieron una hora completa dándole a las manos, cosa que nuestra espalda (resentida de llevar tantos días la mochila a cuestas), nos agradeció enormemente. Salimos del masaje de lo más relajados y nos metimos en una agradable cafetería donde, mientras nos tomamos los cafés, casi nos quedamos dormidos de la gustera que llevábamos. Ya era media tarde y queríamos aprovechar para ver el famoso Pico de la Belleza Solitaria de Guilin así que salimos de nuevo a la calle y en menos de 10 minutos andando nos plantamos en la puerta (las atracciones turísticas de Guilin están relativamente cerca unas de otras). Una vez en la taquilla vimos que la entrada valía 70 Y por persona, todo un atraco a mano armada. Nos lo pensamos muy mucho y decidimos que, para ver otro pico kárstico, por el precio de una sola entrada teníamos una hora más de masajes cada uno, y aún nos sobraban 10 Y… Espero no haberme equivocado en la decisión y que el Pico de la Belleza Solitaria no fuese nada del otro mundo, como indicaba la guía. La cosa es que acabamos en el centro de masajes contiguo al del primero, ya que quisimos comprobar si la competencia lo hacía mejor. Y vaya si lo hizo! Ahora sí en una habitación pulcra y tranquila, recibimos un segundo y delicioso masaje que nos dejó sin más ganas que las de ir al ho
tel y sentarnos un rato en el hall para leer y así hacer tiempo hasta la noche. Sobre las 7 de la tarde salimos a cenar algo por la bulliciosa zona peatonal de Guilin para regresar a eso de las ocho y media a recoger nuestras mochilas. Cogimos un taxi hacia la estación de trenes (15 Y) y sin mucho problema encontramos nuestra sala de espera desde donde saldría nuestro tren en aproximadamente 2 horas. Embarcamos sin problemas y buscamos nuestras literas duras, que esa noche compartiríamos con una adorable anciana y su inquieto pero simpático nieto, que no debería tener más de 2 años. Nos temimos lo peor pero la verdad es que el niño se comportó durante toda la noche o al menos yo no me enteré, porque desde que apagaron las luces me quedé sumido en el más profundo de los sueños. Benditos masajes.
DÍA 15, JUEVES 04/04/2010: WELCOME TO HONG KONG!
El tren se adentraba en la ciudad de Shenzhen mientras nosotros, ya despiertos, nos preguntábamos de que manera deberíamos cruzar la frontera china una vez llegados a la estación. Shenzhen es una de las denominadas “zona económica especial de China” y hace frontera con Hong Kong, lo cual la convierte en un lugar clave de paso para la gente que se dirija en tren a la ciudad de los rascacielos.
Serían pasadas las 11 de la mañana (el tren llegó con retraso para variar) cuando nos detuvimos en el bullicioso andén. Descendimos de nuestro vagón y nos limitamos a seguir las riadas de gente que se acumulaban en aquella estación hasta que vimos señalizados los carteles indicativos de Hong Kong y nuestras dudas se aclararon: cruzaríamos la frontera a pie. Y es que, aunque Hong Kong pertenezca a la República Popular China, diríamos que come aparte, y tiene unas condiciones especiales aplicadas. La cuestión es que te da la sensació de que estás entrando en otro estado y parte de la “culpa” la tiene el período en que la isla perteneció a la corona británica (hasta el año 1997), etapa que ha dejado una gran huella en las costumbres y aspecto de Hong Kong. Estuvimos caminando por los pasillos de la estación siguiendo los carteles indicativos hasta que llegamos a la aduana china, donde sellamos nuestra salida del país sin problemas. Unos metros más adelante, y tras soportar las colas, atravesamos la aduana de Hong Kong con nuestro sello de entrada en el pasaporte. Ya podemos decir que estamos en Hong Kong! Ahora la cuestión era desplazarnos hacia la isla, donde teníamos nuestro hotel. La región especial administrativa de Hong Kong está básicamente formada por los nuevos territorios del norte (donde ahora nos encontrábamos), la península de Kowloon, la famosa isla de Hong Kong y un montón de diferentes islas como la de Lama o Lantau que forman el archipiélago del sur. Nos dispusimos a sacar Dólares de Hong Kong (HKD) en uno de los cajeros automáticos que por allí había pero al no tener mucho éxito tuvimos que recurrir a cambiar los últimos 20 euros que nos quedaban y probar a sacar en la isla. Compramos dos billetes del MTR (el metro de Hong Kong) hasta la parada de Wan Chai que nos salieron por 43 HKD cada uno. El cambio del HKD iba más o menos así en ese momento: 10 HKD = 1 Euro, así que nos empezamos a dar cuenta de que Hong Kong era bastante más caro que China. El trayecto en el excelente metro (considerado uno de los mejores del mundo) duró unos 40 minutos después de tres transbordos.
Salimos a la calle en la bulliciosa zona de Wan Chai, que desplegó ante nosotros exactamente la imagen creada que teníamos en nuestras mentes sobre Hong Kong. Llevábamos toda la mañana cargando con nuestras mochilas así que cuando llegamos al hotel – que estaba por la zona – y pudimos dejar el equipaje, sentimos un gran alivio. No nos dio tiempo a descansar ya que era hora de comer y salimos de nuevo a la calle. Wan Chai es un barrio donde no hay ningún problema en cuanto a oferta gastronómica, de hecho es una de las zonas más recomendadas para comer algo en sus diferentes puestos de comida. Después de comer nos dirigimos directamente a la estación de metro para poner rumbo hacia la zona de Kowloon – al otro lado de la bahía – y así visitar lugares como Nathan Road o el famosísimo Ave of Stars. Por unos 8 HKD el metro nos dejó en la estación de Tsim Tsa Tui, animada zona comercial aledaña a Nathan Road. Lo primero que hicimos después de salir de la inmensa estación de metro fue dirigirnos hacia el Ave of Stars, paseo marítimo donde se exhiben en el suelo – cual Paseo de la Fama de Los Ángeles – las estrellas con los más importantes actores chinos como Jackie Chan o Bruce Lee.
Pero lo más destacable de este paseo no es precisamente esto sino las increíbles vistas del skyline de la isla de Hong Kong que se pueden obtener justo al otro lado de la bahía. Nosotros no tuvimos nada de suerte ya que la niebla nos impidió ver con nitidez (y casi por completo) el otro lado de la bahía. La verdad es que llegar hasta Hong Kong y que te pase esto…es para desesperar. Caminamos tranquilamente aunque algo cansados por el paseo y descartamos quedarnos a ver el espectáculo de luz y sonido que cada día a las 8 de la tarde se lleva a cabo en los rascacielos de Hong Kong; la niebla aún era demasiado espesa y decidimos probar otro día. Decidido ésto nos encaminamos hasta Nathan Road, arteria principal de Kowloon y comercial avenida donde se puede comprar de todo.
Aunque para mi gusto son mejores las calles aledañas a Nathan Road, ya que con su bullicio comercial y luces de neón, nos hacen captar la verdadera estampa de Hong Kong que todos hemos visto por televisión. Una estampa cuya esencia es la mezcla cultural que se aglomera en sus calles y que está formada por chinos, indios, filipinos, occidentales…todo un cocktail de procedencias. Entre el bullicio que había en las calles y la fatiga que llevábamos acumulada no tardamos mucho en buscar de nuevo la estación de metro para regresar a la zona de nuestro hotel. La calor y humedad en Hong Kong es casi insoportable así que nada más llegar al hotel nos pegamos una reconfortante y refrescante ducha. A las 8 y desde la habitación, pudimos disfrutar de parte del espectáculo de luces y sonido gracias a las excelentes vistas de las que disponíamos desde nuestra ventana. Acabado el espectáculo salimos a buscar un lugar donde cenar por la zona.
Fue aquí donde nos dimos cuenta de que muy cerca de nuestro hotel y en el barrio de Wan Chai, hay un gran número de nightclubs repletos de turistas occidentales dispuestos a emborracharse y a acabar la noche con alguna de las muchas jovencitas ligeras de ropa que rondan estas calles. Al más puro estilo Thailandés. La verdad es que nuestro paseo nocturno fue de lo más enriquecedor pulsando el gran ambiente de Wan Chai, un barrio que uno no debe perderse si visita Hong Kong. Finalmente cenamos en un especie de restaurante de comida rápida china donde probamos algo de carne con una extraña salsa de pimienta negra. Nuestro primer día en Hong Kong nos había dejado una grata imagen de la ciudad – pese a que no pudimos disfrutar de las vistas – y muchas ganas de continuar conociéndola así que dimos nuestro día por concluido para regresar al hotel y recargar pilas para el día siguiente.
DÍA 16, VIERNES 05/04/2010: EXPLORANDO LA ISLA DE LANTAU
Se despertó un nuevo día en Hong Kong y se despertó – tal y como pudimos apreciar por la ventana de la habitación – de nuevo nublado. La suerte no nos estaba acompañando en lo que a clima se refiere durante el viaje, estaba claro. Visto el panorama, decidimos hacer ese día la excursión a la isla de Lantau ya que con un día nublado era una pérdida de tiempo subir al Peak Victoria o ir de nuevo al Ave of Stars a probar suerte. Después de un genial desayuno buffet, salimos de nuestro moderno hotel, al lado del Exhibition & Convention Center, y nos dirigimos a la parada del MTR de Wan Chai. A la Isla de Lantau se puede acceder de dos maneras: vía ferry o vía MTR; nosotros optamos por la segunda ya que creímos que sería la más sencilla. Cogimos el metro y, tras abonar los 20 HKD del trayecto y una media hora de camino, nos descendimos en la última parada de la linea: Tung Chung. Durante el viaje pudimos observar el verdor de la nueva isla donde nos adentrábamos y su virginidad, tan solo alterada por sus 35.000 habitantes y unos cuantos cientos más de turistas.
Decir que nuestro objetivo en la isla era únicamente el de visitar el monasterio de Po Lin y su gran buda de bronce así que lo primero que hicimos fue buscar el telecabina (Ngong Ping 360) que te lleva hasta lo alto de la colina donde se alza el buda (también se puede ir en bus). Nosotros pagamos 104 HKD por el siguiente pack: subir al monasterio en telecabina y luego allí poder utilizar gratis los autobuses de la isla para poder ir al pueblo de pescadores de Tai O y regresar a Tung Chung a coger el metro. De esta manera hicimos la cola para montarnos en uno de los telecabinas que comenzó a subir por las laderas de las montañas. El trayecto fue más largo de lo que pensábamos y las vistas prometían mucho, pero de nuevo la niebla se interpuso en nuestro camino. Lo que sí que vimos desde las alturas fue el sendero de trekking que lleva hasta el monasterio y que a juzgar por lo visto tiene que ser realmente agotador. Aprovecho esto para apuntar que la Isla de Lantau es aprovechada por muchos habitantes de Hong Kong para esparcirse y hacer deporte, como por ejemplo el trekking. Una vez arriba, caminamos hasta los pies de la escalinata donde se encuentra la gran estatua.
La verdad es que impresiona la enorme construcción, que va haciéndose más i más grande a medida que se avanza por las escaleras. Pese a la niebla, el lugar estaba bastante poblado de turistas que me impidieron hacerme una foto “sin apariciones” con el Gran Buda. Desde la colina donde está sentada la estatua, hay unas privilegiadas vistas de la isla, o eso quisimos interpretar. Acabado con el buda, entramos en el monasterio, que no deja de ser uno de tantos entre todos los templos budistas que visitamos: olor a incienso, quemada de barritas, estatuas budistas, gente rezando y mucho colorido.
Dimos por concluida nuestra visita a Po Lin y nos dirigimos hasta la cercana estación de autobuses donde esperamos unos 20 minutos a que llegara el nuestro, el número 21, que nos llevaría a Tai O, el pueblecito pesquero situado en uno de los extremos de la isla. Ni 10 minutos duró el trayecto entre curvas y espesa vegetación, que ya estábamos bajándonos en el puerto de la pintoresca población. El pueblo se encuentra justo donde te deja el autobús (no cruzar la larga pasarela) así que nosotros no adentramos en él. Del bullicio turístico que había no se podía ni avanzar por las estrechas callejuelas donde se comercia con todo tipo de pescado, pero en especial y lo que más nos sorprendió, con pescado seco. Por medio del pueblo cruza una especie de canal donde están todas las barquitas de pescadores amarradas que le dan a Tai O un aire de lo más encantador. Cuando estuvimos hartos de tanta gente y – sobretodo – del intenso olor a pescado, dimos por finalizado nuestro corto paseo por un lugar que no conocíamos a priori pero que no dudaría en recomendar a cualquiera que visite la Isla de Lantau.
Montamos en el bus nº11, que es el que nos llevo de nuevo, cruzando el paisaje verde y montañoso de la isla, al punto de partida. Tardó unos 40 minutos. Comimos en un Pizza Hut de los alrededores de la estación y de nuevo cogimos el MTR, esta vez con dirección a la zona de Central de la isla de Hong Kong. Lo que queríamos ver de esa zona era sobretodo sus impresionantes rascacielos desde ras de suelo, pero cuando llevábamos un rato caminando por las pasarelas para peatones y por el interior de los centros comerciales, nos cansamos y decidimos irnos. Y es que en esta zona de la ciudad (al menos en la parte donde estuvimos nosotros) el peatón ve recortados sus derechos a caminar por pasarelas elevadas que conectan los diferentes centros comerciales entre sí, un extraño y lioso entramado en el que a veces cuesta encontrar la salida. Para huir de todo esto, decidimos coger uno de los antiguos tranvías (2 HKD) que cruzan la isla de oeste a este así que en el primero que pasó nos subimos para bajarnos de nuevo en Wan Chai. Los rascacielos son realmente impresionantes vistos desde abajo pero creemos que la zona de Central no tiene mucho más interés a no ser que se quiera hacer un poco de shopping.
De nuevo en el hotel nos duchamos y nos cambiamos para ir de nuevo hacia Kowloon ya que queríamos ver, a las 8 en punto, el espectáculo de luces y sonido desde el Ave of Stars. Una vez allí el espectáculo comenzó puntual y la verdad es que nos dejó bastante fríos, supongo que debido en gran parte a la niebla que restaba nitidez a la iluminación de los edificios. Una lástima. Eso sí, la estampa de la bahía iluminada con su skyline y los típicos barcos de Hong Kong surcándola, no tiene precio.
Con niebla o sin ella. Acabado el espectáculo (que duró unos 15 minutos) nos fuimos en metro (una parada) hasta Jordaan, zona donde se encuentra Temple St, calle donde se extiende el famoso mercado nocturno. El ambiente nocturno por las calles de la zona era realmente especial, con auténtico sabor de Hong Kong. Llegamos al mercadillo que ocupa una calle entera y lo cruzamos de cabo a rabo parándonos tan solo a comprar un imán para nuestra nevera. La verdad es que no se porqué tiene tanta fama ya que no le vimos nada especial excepto el hecho de ser nocturno. Cenamos por los alrededores y decidimos dar por concluido nuestro día poniéndonos en marcha de regreso hacia el hotel.
DÍA 17, SÁBADO 06/04/2010: UN DÍA CON SABOR A DESPEDIDA.
Ni por ser nuestro último día en Hong Kong amaneció despejado. Pese a que habíamos dejado el Peak Victoria para el final para ver si nos salía un día azul, la suerte en este aspecto no se había venido de viaje con nosotros. Si al gris cielo le sumamos que éste era nuestro último día hábil en China, entenderéis que no fuera el mejor del viaje para levantarse. Y es que los 16 anteriores habían pasado a velocidad de vértigo, desgraciadamente a la velocidad que pasan las cosas cuando uno disfruta, sobretodo si se está viajando. Pero no había tiempo para lamentos ya que debíamos aprovechar lo poco que nos quedaba para intentar acabar de ver los últimos highlights de HK. Después del copioso desayuno bajamos a recepción para informarnos sobre como lo debíamos hacer para, a la mañana siguiente, estar en el aeropuerto de Shenzhen a las 6 de la mañana. Después de mirarnos con cara extraña y como queriéndonos decir que era una locura estar allí tan pronto, nos enviaron a la oficina de China Travel Service para que allí preguntáramos. La verdad es que no habíamos calculado los problemas que podía dar que el vuelo saliera tan pronto desde Shenzhen, así que comenzamos a ponernos un poco nerviosos. En la oficina de CTS nos indicaron que lo más viable era pernoctar esa misma noche en Shenzhen y coger por la mañana un taxi hacia el aeropuerto. La segunda opción era levantarse sobre las 3-4 de la mañana, coger un bus nocturno a Shenzhen y desde allí un taxi hasta el aeropuerto. La segunda opción nos pareció justa de tiempo y más arriesgada así que optamos por la opción más viable y fuimos al hotel a cancelar nuestra última noche, a lo cual no nos pusieron ningún problema. Finalmente, esa misma tarde partiríamos hacia Shenzhen y es que…más vale prevenir que curar. Solucionado nuestro dilema nos decidimos por disfrutar el tiempo que nos quedaba en la ciudad así que rápidamente cogimos un taxi que nos llevó hasta el templo de Man Mo por 30 HKD. Este es un pequeño templo budista situado cerca de la zona de Central, en la isla de Hong Kong, y que tiene como característica particular sus barritas de incienso en forma de espiral colgadas del techo.
La verdad es que es un templo poco iluminado y como he dicho antes de pequeñas dimensiones pero solo por el hecho de entrar y respirar el olor a incienso que lo impregna todo y comprobar su toque místico, vale la pena acercarse a hacerle una visita. Además las barritas en espiral y su ubicación en plena jungla de cemento y cristal le dan al lugar un aire de lo más curioso. Bastante cerca del templo se encuentra la estación del Peak Tram a la que, por lo ajustados que íbamos de tiempo, llegamos de nuevo en taxi por 18 HKD. Éste es un viejo tranvía que escala el Peak Victoria hasta su cumbre para que desde allí el turista pueda obtener una panorámica increíble de los rascacielos y la bahía. Pagamos los 36 HKD que vale el billete de ida y vuelta y comenzamos la ascensión, que no llega a los 10 minutos. Una vez arriba, de nuevo decepción. Nuestra amiga la niebla no permitía ver casi nada de lo que había debajo de la montaña.
Se había cerrado de tal manera que la gente en vez de estar disfrutando de las vistas estaba tomando café en el interior de la Peak Tower, una especie de centro comercial instalado en la cima lleno de tiendas y restaurantes. Visto el panorama decidimos dar un paseo por uno de los senderos que rodean la montaña y que son ideales, por su tranquilidad y espesa vegetación, para huir de la jungla de cristal que se extiende unos metros más abajo. Llegó la hora de comer y, viendo que la niebla no remitía, nos decidimos por comer en un Bubba Gump que había en el centro comercial. Ya habíamos probado este divertido restaurante – especializado en gambas y ambientado en la película Forrest Gump – en nuestra visita a San Francisco el año anterior, y la verdad es que nos encantó así que, pese a que tenía los precios un tanto elevados, nos dimos un buen homenaje de gambas de todo tipo. Al salir de nuevo de la Peak Tower…sorpresa! La niebla estaba dando una tregua y nos permitió – desde uno de los miradores – admirar la impresionante panorámica del skyline y la bahía de Hong Kong, esa que tantas veces hemos visto en películas de la tele.
Pese a que el día no era nítido del todo, fue suficiente para maravillarnos con uno de los grandes atractivos de Hong Kong, sus vistas desde el Victoria Peak. Con esa imagen debíamos quedarnos pues fue como poner el punto y final a las visitas del viaje, a sus maravillas y emociones fuertes. Una vez descendiéramos de nuevo con el viejo tranvía comenzaría la fase “retorno”, una fase pesada y agotadora. De nuevo en la jungla de cristal, cogimos un taxi hacia nuestro hotel (18 HKD) donde recogimos nuestras mochilas. Acto seguido, nos encaminamos a la estación de autobuses de Wan Chai Pier, justo al lado del Convention & Exhibition Center. Éstos son unos autobuses que salen las 24 horas del día y que por 45 HKD/persona te dejan en Shenzhen después de pasar el paso fronterizo. Montamos en el autobús y cubrimos los 40 minutos que nos separaban del paso fronterizo de Huaggang, donde sellamos nuestra salida del país. Volvimos a montar en el autobús que nos dejó ya en Shenzhen, donde hicimos los trámites para entrar de nuevo en China y cogimos un taxi para que nos llevara a un hotel céntrico. El taxi nos dejó por 30 Y en la puerta del Petrel Hotel, un hotel chino pero excelentemente situado en pleno centro de la enorme Shenzhen, la típica super-ciudad china, gris y bulliciosa. No teníamos pretensión de visitar nada por la zona así que a lo único que dedicamos la tarde fue a cambiar nuestros últimos HKD en un Bank of China cercano y a comprar por última vez los noodles de ternera de la caja roja que nos servirían de cena.
Así transcurrió nuestra última tarde en China, descansando tranquilamente en una habitación que, por cierto, tenía unas excelentes vistas de la ciudad. A la mañana siguiente debíamos estar en el aeropuerto de Shenzhen a las 6 de la mañana pues nuestro vuelo a Beijing salía a las 8. Tocaba irse a dormir.
DÍA 18, DOMINGO 07/04/2010: 14 HORAS DE ESPERA EN EL AEROPUERTO DE BEIJING ANTES DE DECIRLE ADIÓS A UN VIAJE INOLVIDABLE
El despertador de mi móvil pareció más molesto que de costumbre cuando empezó a sonar a las 5 en punto de la mañana. Comenzaba un día agotador, en el que debíamos desplazarnos hasta Beijing y esperar a que saliera nuestro vuelo de regreso a casa… a las 2 de la madrugada! 3 horas de vuelo hasta Beijing + 14 horas de espera en el aeropuerto + 11 horas más de vuelo para regresar a casa era lo que teníamos por delante, casi nada. Bajamos a recepción donde, en principio, debía estar un transporte esperándonos para llevarnos al aeropuerto.
Digo en principio porque lo reservamos el día anterior pero para nuestra sorpresa no había nadie. A las 6 en punto no quisimos esperar más y salimos en busca de un taxi. Afortunadamente había uno esperando en la puerta del hotel que nos condujo hasta el aeropuerto por 120 Y en un trayecto que duró poco más de una hora. Sin mucho problema encontramos nuestro mostrador de facturación para quitarnos de encima las pesadas mochilas. A partir de ahí, un rato de espera y un plácido vuelo que nos dejó en Beijing sobre las 12 de la mañana, a 14 horas de que nuestro vuelo de regreso tomara aire. Nuestra idea inicial al planear el viaje era la de hacer una última visita a Beijing y aprovechar para hacer un poco de compras. No contábamos con el cansancio acumulado que llevábamos así que, entre eso y el tener que pagar para dejar las mochilas en el aeropuerto, decidimos esperar pacientemente en éste. De esta manera las horas fueron pasando lentamente entre comidas, cabezaditas (había unas tumbonas excelentes), paseos por la terminal y horas muertas leyendo y escuchando una y otra vez las canciones del MP4. Pese a que se hizo eterno, el tiempo fue pasando y finalmente llegó la hora pese a que nuestro vuelo – para alargar el suplicio – salió con un retraso de casi una hora. Con la paliza que llevábamos encima casi no nos enteramos del vuelo ya que fuimos dormidos durante gran parte del trayecto. Estresante escala en Frankfurt y al fin, después de casi 20 días en China, estábamos de nuevo en la ciudad condal. Un nuevo viaje y un nuevo sueño habían terminado.
CONCLUSIONES:
Probablemente haya sido el viaje más especial que haya hecho hasta la fecha de este relato. Iba advertido de que Asia tiene algo especial, algo que atrae y te deja con ganas de más. Ahora puedo dar fe de ello. China ha supuesto mi primera vez en Asia, un viaje en el que nos hemos movido con total libertad por lo que hemos considerado que era una ruta con contrastes que nos permitiese descubrir diferentes aspectos de este milenario país. Pese a que el tiempo no ha acompañado, éste hecho no ha sido suficiente para empañar nuestras experiencias en un lugar que nos ha fascinado por su antigua cultura, su increíble legado histórico, sus paisajes de ensueño o sus grandes ciudades. No todo ha sido fácil y de color de rosa ya que el gran contraste cultural a veces pone las cosas complicadas, pero hemos superado enfermedades, incomodidades, y largos desplazamientos siempre con buen humor, el mismo que provoca estar haciendo lo que más te gusta. Siempre llevaremos China en nuestro recuerdo, sobretodo nuestro primer viaje, porque damos por hecho que volveremos las veces que haga falta para seguir descubriendo tan maravilloso trozo de mundo.
- ↑ LO MEJOR: Beijing en su conjunto, la Gran Muralla, los templos budistas, Yangshuo y su paisaje, viajar en tren, Xian y sus guerreros, la sencillez y buen trato de sus gentes, la excursión a las terrazas de arroz de Longji, la interesante cultura china en general y el skyline y ambientazo de Hong Kong.
- ↓ LO PEOR: El buen tiempo no nos acompañó, el ambiente gris de las ciudades debido a la contaminación, alguna fea costumbre como la de escupir en el suelo, que su comida no nos cautivó, que las condiciones de higiene no son las mejores y las visitas masificadas por el turismo interior chino.
Nos vemos en próximos viajes,
再见 Zàijiàn !!!!


















































































































































































































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20 comentarios
patricia escribió:
8 febrero, 2012, a las 0:10 (UTC 0 )
Toni te sigo desde hace dos años, no me animaba a escribir pero quiero decirte que aproveché tus consejos en Estambul y ahora estoy leyendo detenidamente tu viaje a China.
Te escribo desde la ciudad de Buenos Aires, en Argentina
y desde estas tierras tan australes te mando un afectuoso saludo
Toni escribió:
8 febrero, 2012, a las 11:38 (UTC 0 )
Hola Patricia!
No sabes lo que me alegra que la página te haya servido de ayuda…
Más pronto que tarde voy a tener que dejarme caer por Argentina, pues mi pareja es de allí y tengo unas ganas inmensas de descubrir tan bello país.
Un saludo, y gracias por dejar tu comentario!!!
Paolo escribió:
23 mayo, 2011, a las 18:25 (UTC 0 )
Wow, que gran aventura! De china solo conozco la comida, y de delivery de comida china en barcelona! Muchas los ordeno por aqui http://blog.just-eat.es/comida-a-domicilio/barcelona/comida-china-llevar.html
sara escribió:
30 agosto, 2010, a las 20:23 (UTC 0 )
Hola Toni,
Solo queria felicitarte por tu blog y darte las gracias por habertelo currado!

hace un mes hice el viaje a china con mi novio, y la ruta que planeamos era practicamnete la misma pero acabando en shanghai. Por casualidad encontré tu blog y me gustó tanto que hasta me lo imprimí para llevarmelo de viaje
La verdad es que nos fué realmente útil. coincidó contigo que el riverview es genial!!
Gracias de nuevo!
Toni escribió:
30 agosto, 2010, a las 21:26 (UTC 0 )
Hola Sara!
Muchas gracias por las felicitaciones y, sobretodo, por escribir y darle vida a la web.
Me alegra un montón lo que me cuentas, espero que la impresión te siriviera de algo…:)
Que tal por China?? Yo la verdad es que volví encantado y sí, el Riverview era una pasada (qué vistas), como Yangshuo;realmente inolvidable. La verdad es que esos tres días por esa parte de China fueron para nosotros los mejores…
Un abrazo!
Sele escribió:
20 mayo, 2010, a las 20:54 (UTC 0 )
Hola Toni,
Fenomenal tío. Buena culminación a un relato realmente bueno de China, que no sólo entretiene sino que ayuda a otros viajeros.
Y a seguir viajando!!!
Un abrazo y mi enhorabuena,
Sele
Toni escribió:
30 abril, 2010, a las 12:48 (UTC 0 )
Sele, viniendo de ti es todo un halago. Gracias!
Ya he recibido los 5 mails con las fotos correspondientes, ahora falta contestártelo.
Un abrazo!
Sele escribió:
29 abril, 2010, a las 12:13 (UTC 0 )
Qué historia y qué fotazos, Toni!!!
Que sepas que tengo esto muy en cuenta para cuando regrese a China. Creo que hicistéis muy buen recorrido. Completo y variado. Vistéis de todo. Enhorabuena una vez más, crack.
Por cierto, por si se te han ido a otra bandeja. Contesté ayer tu correo y te envié 5 fotos (5 correos por tanto). Mira que tengas todo. Están las fotos que nos hicimos en Barcelona.
Un abrazo!
Sele
Toni escribió:
29 abril, 2010, a las 9:56 (UTC 0 )
Pepa: Gracias por tus comentarios, ya te queda muy poco!
Blai: Me alegro que te esté gustando, en cuanto saques tu próximo capítulo allí estaré para leerlo. Que poquito te queda a ti también para Noruega! Un saludo.
Blai escribió:
28 abril, 2010, a las 17:17 (UTC 0 )
Toni, qué bien que hayas publicado los días en Yangshuo. Además lo escribes muy bien, me encanta!
Me ha dado muchas nostalgia, pues el pueblo (aunque como dices, en China un pueblo tiene 300.000 habitantes jeje) me encantó. Había mucho ambiente de gente joven y se respiraba un aire diferente que en las grandes ciudades.
La lástima fue que el día que queríamos pasar en Yangshuo, me puse enfermo y no salí de un bar porque a la mínima que me movía, tenia que ir al “baño”…
Nosotros llegamos a Yangshuo con uno de los barcos que van desde Guilin porque la agencia con la que hicimos la parte de Guizhou nos regaló unos pasajes. Había barcos para chinos y otros para occidentales y nuestros billetes fueron para los de chinos, así que fue toda una experiencia…
Espero atento a los próximos días del relato! (Yo también estoy preparando el próximo capítulo del mío).
Gracias por deleitarnos, jeje!
pepa escribió:
28 abril, 2010, a las 9:43 (UTC 0 )
Decidio a China el 8 de Julio.Por fin fecha segura y confirmada con todo el lio de la Expo un viaje super completo con crucero y todo por las 3 gargantas. Gracias Toni si tengo alguna duda que seguro la tendre te consulto por correo aunque mi viaje es un poco diferente al tuyo. por cierto Mercedes a mi me ha salido 1860€ Todo incluido con Mandarin Tours y eso que pago un suplemento por ir KLM y no airflot uno ruso que mi agencia no me quiso vender.Al principio era con Kuoni pero muchos problemas de vuelos y modificaciones de fecha….etc. En fin china y en Julio!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!ya me duele la barriga de pensarlo con el miedo que me dan los aviones …….jajajjjajajaj. Saludos a todos desde Calpe. Toni estoy deseando leer la segunda parte del viaje.
Toni escribió:
26 abril, 2010, a las 19:40 (UTC 0 )
Gracias a ti Mercedes. Estate atenta porque el miércoles publicaré lo que para mi fue la mejor parte del viaje. A ver si eso te anima definitivamente y puedes contarnos a la vuelta. Para cualquier duda puedes escribirme al mail.
Un saludo!
mercedes escribió:
26 abril, 2010, a las 18:53 (UTC 0 )
Gracias por compartir vuestras experiencias. Yo ando haciendo números como loca para poder ir este verano, y vuestro relato me ayuda mucho. Ya os contaré.
saludos
Toni escribió:
25 abril, 2010, a las 19:18 (UTC 0 )
Blai: Que tal tío! Pues sí, me alegró mucho verte por allí y conocernos aunque fuera un momento. Tendrías que haberte quedado un ratillo más, la noche estuvo de lo más entretenida. A ver si para el miércoles puedo tener una nueva actualización del viaje. Por cierto, ya te han incluido como candidato prometedor en la web de J. Sanchez…vaya honor! Una abraçada i seguim en contacte.
Pepa: Gracias por tu comentario. Si finalmente vas a China y tienes alguna pregunta, no dudes en escribirme al mail de la web. Si es la costa Oeste, yo siempre aconsejo viajar por libre en la medida de lo posible, parte por el precio (hay comparaciones abrumadoras) y parte por la libertad que te da viajar a tu aire. Creo que Estados Unidos es bastante asequible para viajar sin agencia, así que te animo a que lo pruebes como hicimos nosotros. Un saludo!
pepa escribió:
25 abril, 2010, a las 11:25 (UTC 0 )
He leido tu diario muy detenidamente ya que salimos hacia china el dia 10 de mayo si no nos vuelven a cancelar el viaje por 2ªvez…jajajajja. Me alegro que haya gente como tu que cuente sus experiencias sirven de mucho….por cierto la de la costa oeste de estados unidos es nuestra segunda opción tambien esta muy bien pero no si si atreverme para alquilar un coche creo que me decantare por tur completo con agencia, de todos modos gracias por tu diario.
Blai escribió:
24 abril, 2010, a las 21:42 (UTC 0 )
Ei Toni!
Ya me he terminado de leer vuestras crónicas de China. Me han parecido estupendas y muy bien relatadas. Me he estado acordando todo el rato de cuando fui yo… jeje!
Com te dije ayer, nosotros estuvimos menos tiempo en Pekín y lo vimos muy por encima y tampoco fuimos a Xi’an, pero por lo que veo tiene muy buena pinta. Habrá que dejarlo para otro viaje y así ya tenemos excusa…
A ver si te animas y continuas con Guilin i Yangshuo, que a mi también fue de las zonas que más me gustó.
Por cierto, estuvo bien que nos conociéramos aunque no pudimos hablar mucho.
Un Saludo!
Sele escribió:
22 abril, 2010, a las 6:49 (UTC 0 )
Xi´an me sorprendió porque como tú bien dicen “no son únicamente los guerreros”. Es una ciudad que tiene bastantes cosas que ver incluso con esa dualidad Budismo-Islam. Veo que Laura cayó mala. Ya sabes que este es un peaje que se paga con mucha facilidad en los países asiáticos. Recuerdo cuando estuve, que perdimos un tren y tuvimos que estar en la Estación de Xi´an toda la noche con uno de nuestros amigos en un estado lamentable. Acabó en el hospital al día siguiente porque ya estaba hecho polvo.
Ah y los guerreros son un pasote. Y pensar que es una pequeña parte de lo que está enterrado…
Nos vemos, ¿mañana? Luego nos escribimos por mail y confirmamos todo.
Un abrazo champion!!
Sele
Toni escribió:
24 abril, 2010, a las 8:57 (UTC 0 )
Nosotros no tuvimos que recurrir al hospital…pero por pelos. La verdad es que tuvimos suerte y Laura se recuperó en tiempo record, lo que nos permitió disfrutar de Xian, una ciudad grande y con bastantes cosas por ver a parte de los impresionantes guerreros. A nosotros nos gustó muy en particular la Gran Pagoda del ganso salvaje, un poco alejada del centro pero muy recomendable.
Cambiando de tema, la foto ha quedado de lujo…:)
Un saludo Sele
Toni escribió:
18 abril, 2010, a las 18:06 (UTC 0 )
Me alegro que te esté gustando Sele, la verdad es que fue un viaje tan ajetreado como inolvidable y, como bien dices, habrá que volver a China ya que tan solo pudimos ver una pequeña parte.
Te he enviado un mail de respuesta, ya me dirás algo.
Un saludo!
Sele escribió:
16 abril, 2010, a las 23:34 (UTC 0 )
Me he leído ya todo y tengo que decir que me está encantando este diario de viaje. Un buen itinerario en el que os daríais cuenta del jaleo que es China y de que tiene para mil viajes.
Por cierto Toni, te he escrito un mail hace un momento por un tema. Te lo digo por si se te ha cambiado de buzón como el anterior. Échale un ojo y me cuentas.
Un abrazo!!
Sele