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Jul 08 2010

VIENA Y BRATISLAVA ’10: Escapada a dos bellas capitales de Europa central

Ya tenía de nuevo mono de viajes. Habían pasado casi tres meses desde que regresáramos de nuestra última aventura por China y ya tenía ganas de coger de nuevo la maleta y poner rumbo hacia el aeropuerto. Las encargadas de saciar mis ansias de viajar iban a ser dos capitales de la vieja europa, dos capitales tan solo separadas por 60 kilómetros de distancia pero muy diferentes entre sí: Viena y Bratislava. La primera, una gran capital, amante de la música clásica, elegante, ordenada y con buen gusto. La segunda, la pequeña capital de Eslovaquia, con un centro histórico muy coqueto y con muchas reminiscencias de su pasado comunista por los alrededores. Para Viena bien se necesitan 4 0 5 días para visitarla; con 1 casi nos sobra para Bratislava. De esta manera nos planteamos el viaje como una escapada a una gran capital, Viena (a la que dedicaríamos la mayoría del tiempo), con una breve incursión a su vecina de al lado, la tranquila Bratislava. Pese a que el cuerpo me pedía más aventura, han sido seis magníficos días en los que, perfectamente acompañado por mi novia Laura y mi amigo Jose, he podido disfrutar de ambas capitales, tan cercanas entre sí y tan lejanas al mismo tiempo.

 

Austria y Eslovaquia en el mapa

 FICHA DEL VIAJE

 

DESTINO: Viena y Bratislava.

DURACIÓN / FECHAS: 6 días de viaje, del 01/07/2010 al 06/07/2010.

VIAJEROS: Jose, Laura y Toni.

ITINERARIO / RUTA:

  • DÍA 1: Llegada y desplazamiento a Viena. Visita de la ciudad.
  • DÍA 2: Viena.
  • DÍA 3: Viena.
  • DÍA 4: Excursión a Melk. Viena.
  • DÍA 5: Viena y desplazamiento a Bratislava. Visita de la ciudad.
  • DÍA 6: Bratislava y regreso a casa.

TRANSPORTE:

No hay grandes quebraderos de cabeza en lo que a transportes se refiere para visitar estas dos ciudades. En Viena nos desplazamos casi siempre en metro, para el que compramos un bono de 3 días que sin duda rentabilizamos. También utilizamos el tranvía para llegar a Grinzing y el tren para hacer la excursión de Melk. Al tratarse de una ciudad europea, todos ellos funcionaron a la perfección y sin sorpresa.

En cuanto a Bratislava, al ser de tan reducidas dimensiones, tan solo utilizamos el tranvía para llegar a la estación de trenes, desde la que cogimos el autobús que nos llevó al aeropuerto.

Para desplazarnos entre ambas ciudades también utilizamos el autocar, práctico y económico.

ALOJAMIENTO:

  • Strawberry Hostel (Viena): Económico hotel (23 euros x persona / noche) situado muy cerca de la estación de trenes de Westbanhof. Pese a que no es céntrico, está perfectamente comunicado gracias a cercanas paradas de metro y a la mencionada estación de trenes. Habitaciones amplias y limpias. Sin servicio de desayuno aunque dispone de cocina para los huéspedes. El trato del personal fue correcto. Ambiente juvenil. Recomendable para los que busquen este tipo de alojamiento.
  • Hotel Kyjev (Bratislava): Su precio – 20 euros x persona/noche con desayuno incluído – lo dice todo. El edificio es el típico bloque de pisos comunista, feo a más no poder. El hall es de estilo retro, extraño y divertido a partes iguales. Habitaciones cutres a más no poder hasta el punto de que la televisión (tenía más años que yo) estaba en el suelo. Ubicación muy próxima al casco antiguo. Desayuno correcto. Recomendable por su bajo precio. Puede llegar a ser una experiencia divertida.

 PRESUPUESTO: 400 euros aproximadamente.

(Precios por persona)

  • Vuelo ida y vuelta con Ryanair Girona – Bratislava: 75 euros.
  • Alojamiento: 110 euros.
  • Transportes, comidas, entradas, souvenirs y otros: 215 euros.

OTROS:

  • Idioma: Los idiomas oficiales son, en Viena el alemán y en Bratislava el eslovaco. En Viena todo el mundo sabe hablar el inglés y además de manera muy correcta. En cuanto a Bratislava, el inglés no es tan común. Nos encontramos con gente que no tenía ni “papa” o que no lo hablaban del todo bien.
  • Seguridad: Ambas ciudades nos parecieron totalmente seguras, siempre tomando las precauciones básicas que nos exige el sentido común. No recorrimos los alrededores del casco antiguo de Bratislava así que de esa zona no podemos opinar.
  • Precios: En Viena los precios nos parecieron más elevados que en España. Tomarse una cerveza o un café puede ser criminal para el bolsillo en según que sitios. Bratislava es otra cosa, precios bastante más bajos y asequibles.
  • Comida: En Viena probamos el típico Schnitzel (carne rebozada) y, como no, la famosa y auténtica tarta Sacher, que estaba deliciosa. Las salchichas son otras de las opciones típicas que ofrece la ciudad, muy jugosas. En cuanto a Bratislava, la última noche probamos algunos platos típicos cuyos nombres no recuerdo. Por lo demás, tiramos de las diferntes opciones que ofrece la comida rápida.
  • Clima: Excepto el último día donde nos cayó una tromba de agua de impresión, hemos tenido días soleados y muy muy calurosos.    
 
 

 

Vistas de Viena desde el Palacio de Schonbrunn

DIARIO DE VIAJE

DÍA 1, 01/07/2010: PRIMERAS HORAS EN VIENA

Como siempre que viajamos con Ryanair desde Girona, pasamos la noche anterior en Tordera para así estar cerca del aeropuerto el día del viaje. Por la mañana y bien temprano, nos juntamos con Jose para desayunar y comprar unos bocadillos que nos servirían de comida a mediodía. Nuestro vuelo salía a las 12 y media de la mañana así que pasadas las 10 ya estábamos en el aeropuerto tomando una cervecita y jugando nuestras primeras partidas al UNO, esperando a que nuestro vuelo a Bratislava abriera la puerta de embarque. Y es que nuestro aeropuerto, tanto a la ida como a la vuelta, iba a ser el de la pequeña capital eslovaca, pese a que nada más llegar nos desplazaríamos a Viena, situada a apenas 60 kilómetros del aeropuerto.
De esta manera, volar a una gran ciudad como es Viena nos salió por un precio bastante moderado. Además de Viena, el aeropuerto de Bratislava también tiene autobuses directos hasta Budapest e incluso Praga queda cerca, así que se trata de un aeropuerto estratégicamente situado para visitar a bajo coste algunas de las bellas capitales centroeuropeas. Finalmente nuestro vuelo llegó puntual después de unas 2 horas de trayecto y nada más bajarnos del avión nos dimos cuenta de que el calor que estaba haciendo en España nos había seguido hasta Bratislava, que bochorno! Lo primero que hicimos una vez en el aeropuerto fue aprovechar los bajos precios de Eslovaquia para comprar tabaco y aguas, antes de salir hacia Viena. En el mostrador de información del moderno aeropuerto nos indicaron que el próximo autocar a Viena salía en una media hora, así que quedamos a la espera. Fue aquí donde cometimos el primer error: no comprobar que el autocar fuera directamente a Viena. Nos subimos en el autobús de Slovaklines a la hora prevista y tras pagar el billete (7,70 euros) nos pusimos en marcha. Pues si el trayecto entre Bratislava y Viena se cubre perfectamente en tres cuartos de hora o una hora, nosotros tardamos casi 2 horas y media en llegar. Que sí ahora paro en Bratislava a recoger gente, que si voy parando por los pueblos, que si voy por carreteras secundarias, que si voy al aeropuerto de Viena… Os recomiendo que antes de montaros en el autobús preguntéis si va directo; creo que por ejemplo con Terravision (el transfer oficial de Ryanair) el trayecto es tan solo de una hora. Avisado queda. Al menos durante el largo trayecto pudimos disfrutar desde las ventanas de algún bonito pueblo austriaco. Finalmente llegamos a destino y el autocar nos dejó en la estación de autobuses de Südtiroler Platz. Cogimos nuestras maletas y nos metimos en la boca de metro de mismo nombre buscando la manera de llegar hasta nuestro hotel. Un amable vigilante del metro, al vernos un poco perdidos y con las maletas, nos preguntó en un perfecto inglés a donde queríamos dirigirnos. Fue decírselo y con una gran amabilidad nos ayudó a comprar los billetes (bono de 72 horas – 13,70 euros) y nos acompañó hasta la parada de tranvía que nos llevaría directo a nuestro hostel. Nuestro alojamiento estaba situado muy cerca de la estación de trenes de Westbahnhof así que descendimos en esa misma parada. Hicimos el check in y dejamos nuestras cosas en la habitación. Una vez allí decidimos que dedicaríamos lo que quedaba de tarde (ya poco) a pasear un poco por el centro y así comenzar a hacernos con la ciudad. Salimos del hostel y pusimos rumbo a la parada de Stephansplatz con la línea naranja (U3). Decir que el metro de Viena no dispone de ningún tipo de vallas que impidan el acceso a los andenes sin billete, y tampoco vimos a ningún revisor en los 5 días que estuvimos allí. No es que esté haciendo apología del incivismo, simplemente me pareció curioso la confianza que tienen en sus ciudadanos. Podríamos decir que Stephansplatz es el punto más céntrico de la ciudad y el lugar donde está ubicada la imponente catedral de San Esteban, que lamentablemente estaba con andamios, situación que se convertiría en tónica durante el viaje, muy a nuestro pesar.

 

Hicimos unliviano recorrido por todo el centro peatonal de la ciudad llegando hasta el Hofburg y tengo que decir que en nuestra primera toma de contacto, Viena nos pareció preciosa. Incluso nos regaló una increíble puesta de sol con el ayuntamiento de la ciudad despuntando al fondo. Dimos por concluido el paseo cuando ya estaba cayendo la noche y el estómago comenzaba a apretar. Hicimos nuestra primera incursión en un Mc Donald’s y tras disfrutar de nuevo del ambientazo de Stephansplatz, cogimos el metro de regreso al hotel.

Era relativamente temprano cundo nos metimos en nuestra amplia y limpia habitación de tres, pero es que ya estábamos cansados. El trayecto de dos horas y media en el autocar y el bochornoso calor nos habían dejado muertos. Era hora de descansar y cargar pilas siempre y cuando los mosquitos nos dieran una tregua. La historia acababa de comenzar.

DÍA 2, 02/07/2010: RECORRIENDO LA CIUDAD BAJO EL INTENSO CALOR

La noche anterior habíamos decidido que dedicaríamos gran parte de la mañana a visitar el palacio de verano de los Habsburgo, soberanos del antiguo imperio austrohúngaro, el reconocido Palacio de Schonbrunn. Para ello nos despertamos bien temprano, sobre las 7 y media de la mañana, para poder acceder a las taquillas sin necesidad de aguantar una larga cola, que es la que se suele formar al ser Schonbrunn una de las principales atracciones turísticas de Viena. Desayunamos en plena marcha en la misma estación de metro de Westbahnhof e hicimos transbordo hasta coger la línea verde (U4) que es la que te deja en el palacio descendiendo en la parada de Schonbrunn. Una vez allí caminamos unos 5 minutos hasta acceder a una de las entradas laterales a los jardines, que son de acceso libre.

Se pueden visitar los jardines y ver el palacio por fuera sin soltar un solo euro, solo hay que pagar para ver las dependencias de palacio, subir a la Gloriette o entrar al zoo o al laberinto que se encuentran en los mismos jardines. Nosotros optamos por coger el Classic Pass Light, que da derecho a la visita del palacio, la glorieta y el laberinto por 14,90 euros (13,50 estudiantes). Con audioguía en español incluida. Si os he de ser sincero, el interior del palacio no es que me dejara con la boca abierta; tampoco es de las cosas que más me apasione. Supongo que después de haber visitado el interior de Versalles, todo lo demás parece menor. Aún así recorrimos las diversas dependencias donde residieron Francisco José, Sissi y compañía, empapándonos – audioguía en mano – de la historia de la peculiar familia. Acabados los interiores (1 hora aproximadamente) salimos a pasear por los cuidados y floreados jardines por donde Sissi debía pasear en las agradables tardes de verano.

Accedimos al pequeño laberinto y no creáis que nos fue fácil encontrar el camino que nos llevó hasta la plataforma elevada que te permite verlo desde un ángulo elevado. Entre el calor y que no atinábamos con el sendero a tomar, nos deshidratamos a la vez que nos echamos unas buenas risas. Una vez salimos de nuevo del laberinto ya solo nos quedaba ascender a la Gloriette bajo un sol de justicia que hizo que llegáramos a lo alto de la construcción completamente sudados. Eso sí, el esfuerzo mereció la pena. Desde allí arriba se obtienen unas excelentes vistas del inmenso palacio pintado en amarillo pastel, de sus jardines floreados y de parte de la ciudad de Viena al fondo.

La verdad es que el palacio y sus jardines son enormes y las vistas exquisitas. Con la subida a la Gloriette dimos por concluida nuestra visita al Palacio de Schonbrunn, que al final no llegó a las tres horas. La verdad es que esperaba más de este palacio, tan recomendado para una visita a la ciudad. No es que me disgustara pero su interior no me pareció nada del otro mundo y en referencia a su exterior (palacio + jardines), sinceramente, me gustó más el Belvedere. Salimos de los jardines recorriendo los arbolados senderos repletos de ardillas hasta dar con la salida por la que habíamos entrado. Allí nos sentamos en un banco a decidir que haríamos el resto del día, ya que apenas eran las 12 de la mañana. Decidimos por unanimidad dirigirnos a la zona del Sigmund Freud Park y la Universidad para ya quedarnos a comer por allí. De esta manera empalmamos con la línea morada de metro (U2) para descender en la parada Schottentor-Universität. Nada más salir de la parada nos topamos con la bonita Iglesia Votiva (Votivkirche) que de nuevo estaba cubierta por andamios.

La iglesia se levanta justo delante del pequeño Sigmund Freud Park, un pequeño espacio verde donde en verano la gente aprovecha para tomar el sol en las tumbonas (gratuitas) que hay en el césped. Entramos en el interior de la estilizada iglesia de estilo neogótico y nos refugiamos un poco del calor gracias al fresquito que transmiten las piedras con las que se construyen estos sagrados edificios. Acto seguido pusimos rumbo al Ayuntamiento – de estilo gótico – que nos recordó bastante a ayuntamientos que habíamos visto anteriormente como son los de Munich o Bruselas, preciosos ambos.

La lástima fue que estaban instalando un escenario justo en frente así que no nos libramos de los andamios ni por esta… Era ya hora de comer europea así que decidimos hacerlo en un restaurante bastante conocido en Viena, el Centimeter, que se encontraba (uno de ellos, ya que hay varios) detrás del nombrado ayuntamiento. Son unos restaurantes bastante típicos donde se puede comer algo de comida autóctona a un precio normal. Nosotros no quisimos esperar más y nos decantamos los tres por probar el famoso Schnitzel, el plato típico de Viena que no es nada más que carne rebozada. Y cuando digo nada más es nada más. Eso sí, las raciones fueron más que generosas. Con el suplicio de caminar con más de 30 grados y el estómago lleno tuvimos que aguantar tras abandonar el restaurante. Pusimos rumbo al Café Central, donde nos refugiaríamos en su aire acondicionado y probaríamos la tarta Sacher. Por el camino pasamos por el bello Burgtheater (teatro imperial) que está cerrado en julio y agosto ya que en estos meses no se ofrecen ni obras teatrales ni óperas en Viena. Una vez en el Café Central – uno de los más reconocidos y antiguos cafés de Viena – nos cogimos una mesa y mientras hacíamos un buen café disfrutamos de la famosa y deliciosa tarta (3,90 euros el trozo) en un lugar realmente bonito. Lástima que no nos pilló la actuación del pianista. Salimos de la cafetería con fuerzas totalmente renovadas y nos encaminamos hacia el Hofburg (muy cercano), el palacio imperial de los Habsburgo. Pese a que no entramos a sus dependencias (demasiado palacio para un solo día), sí que disfrutamos de su belleza arquitectónica, de sus enormes estatuas y de la imponente biblioteca nacional. Todo ello paseando entre las decenas de calesas que, por precios desorbitados (20 min. – 40 euros), te dan una vuelta por la ciudad.

Acabado el palacio nos internamos de nuevo en las calles peatonales del casco antiguo en las que hicimos una parada en la famosa pastelería Demel. Y es que Viena, además de ser la capital de la música clásica parece ser que es también la capital de los dulces porque los hay por todas partes y de todo tipo, y con una pinta…En la mencionada pastelería entramos, vimos a través de una vitrina como elaboraban una tarta, y nos fuimos. Seguimos avanzando por la comercial Kohlmarkt para girar hacia la derecha por Graben, una de las calles principales del centro de Viena. Preciosa calle. En realidad todas las calles vienesas son bonitas, con fachadas muy cuidadas, limpias y pintadas en tonos pastel. Por la calle Graben nos topamos con la Iglesia de Pedro (Peterskirche), que apareció a nuestra izquierda con su cúpula turquesa, como encajonada en la calle que le da acceso.

Su interior rococó es tremendamente bonito y tuvimos la suerte de entrar cuando el coro estaba con los ensayos. De Peterskirche nos fuimos a Stephansplatz, donde entramos a la catedral y subimos a una de sus torres previo pago de 3,50 euros. Una vez arriba (sin aire debido a la infinita escalera de caracol) pudimos disfrutar de las mejores vistas posibles de la ciudad, una ciudad que se extendía en el horizonte y de la que intentamos distinguir sus puntos más relevantes.

Cuando salimos de nuevo al exterior serían sobre las 5 de la tarde y estábamos sudando como pollos. Decidimos ir al hotel, ducharnos, recargar las botellas de agua (el agua del grifo en Viena está riquísima) y pasar la tarde-noche en el Prater y su noria. Eso mismo hicimos, pero antes de ir al Prater quisimos hacerle una visita a la Iglesia de San Francisco de Asís, a la que había visto en fotos y me había impresionado. Esta iglesia no aparece en guías y mapas pero a mí, personalmente, me parece preciosa en su fachada, pese a que tiene un interior bastante austero.

Nos bajamos en la parada Vorgartenstrass de la línea roja (U1) y nos plantamos en frente de la iglesia, que está en Mexicoplatz. La verdad es que no paré de hacerle fotos, algunas de ellas desde un puente sobre el río Danubio, que pasa justo al lado. Es una visita que recomiendo desde aquí, pese a que coge un poco alejado del centro. La iglesia es preciosa. Volvimos una parada atrás hasta Prattestern para plantarnos delante de uno de los signos más reconocibles de Viena, su noria. Ésta está a su vez situada dentro de un antiguo parque de atracciones que a esas horas de la tarde hervía del ambientazo que había en él.

Nos permitimos el capricho de subir a la noria sobre las 8 y media de la tarde para poder contemplar un precioso atardecer con vistas a Viena desde uno de las cabinas con forma de vagón de tranvía rojo. Su precio, 8 euros y medio, valió la pena pese a que tan solo da derecho a una vuelta. Era la Wiener Riesenrad (noria de Viena), y había que subir en ella. A continuación paseamos un poco entre el estruendo de la música de las distintas atracciones hasta que encontramos un puesto de pizzas y hot dogs y nos paramos a cenar.

Después de la cena nos quedamos un rato en el césped contemplando en pantalla gigante el partido del mundial Uruguay-Ghana. Cuando estábamos a punto de irnos…zas! marcó Ghana y allí se formó una fiesta africana que no os quiero ni contar. Decenas de inmigrantes africanos, exultantes de alegría, corrían  como pollos sin cabeza celebrando el gol de su selección, o de su continente. Decidimos retirarnos (los mosquitos nos estaban comiendo) y ver la segunda parte en el hotel. Acabado el partido y después de departir con Diego, un colombiano en ruta por Europa, nos fuimos a nuestra habitación a descansar y poner los pies en agua. Literalmente. 

DÍA 3, 03/07/2010: IGLESIA DE CARLOS, NACHMARKT, BELVEDERE, STADPARK Y HUNDERTWASSERHAUS

Era un día para disfrutar de la ciudad con calma, sin ninguna prisa que pudiera producir agobios debido al intenso calor. Nuestro ritmo de visitas estaba siendo bueno y en este día intentaríamos, tranquilamente, liquidar algunos de nuestros objetivos en la capital austriaca: Iglesia de Carlos, Nachmarkt, Palacio de Belvedere, Stadtpark y Hundertwasserhaus era lo que nos habíamos propuesto para el día. Para la noche, teníamos una cita ineludible: buscar un Pub donde pudiéramos ver, degustando una cerveza austriaca, el partido de cuartos del mundial que nos enfrentaba a Paraguay. Con este plan inicial, nos pusimos en marcha sobre las 9 de la mañana parándonos a desayunar en un Anker, una cadena de panaderías donde se puede desayunar a un precio razonable en la ciudad. Haciendo transbordo hacia la línea morada (U2) llegamos a Karlsplatz, conocida plaza al lado de la cual se ubica la preciosa Iglesia de Carlos, o Karlskirche.

Nos plantamos delante de la hermosa iglesia levantada en honor a San Carlos Borromeo que, a primera vista, sorprende por sus dos grandes columnas centrales que le dan un toque de lo más oriental. También sorprende su frontal, que nos recuerda a la entrada de un templo griego. Es una iglesia curiosa a la par que bella, de las más bonitas sin duda que he visto hasta el momento. Pero la Iglesia de Carlos no vive tan solo de su espectacular aspecto exterior, más bien todo lo contrario. En su interior guarda su tesoro más preciado, los frescos de su cúpula, a la que se puede ascender para contemplarlos a apenas 2 metros de distancia.

Para entrar a ella, eso sí, hay que pagar 4 euros que se justifican en los carísimos trabajos de restauración en los que se encuentra el edificio. Para los más dubitativos, recomiendo pagar la entrada ya que el interior es espectacular y compensa. Además pudimos ascender a la cúpula mediante un ascensor sin pagar nada extra para disfrutar de los frescos de la cúpula a una distancia que casi se podían tocar con los dedos. Es, salvando las distancias, como si se pudiera disfrutar de la capilla Sixtina desde el andamio donde la pintó Miguel Ángel, pudiendo apreciar todos sus detalles. De los mejores recuerdos que me llevo de Viena. Para complementar la visita, desde lo alto de la cúpula se pueden apreciar de nuevo unas vistas de Viena, eso sí, a través de una pequeña ventana. Bajamos de la cúpula y nos sentamos un rato en los bancos para disfrutar del lugar en el momento que entró cantando a la iglesia una desequilibrada mental que comenzó su “show” particular. Quitó la cinta que impide el paso al altar mayor y accedió a la zona del púlpito donde, sorprendentemente, empezó a desayunar sin ningún tipo de rubor. La pobre mujer hacia movimientos más que extraños que me hicieron pensar por momentos que pudiera cometer algún acto vandálico que pudiera salir muy caro para la iglesia y para el patrimonio cultural en general. En fin, que fue una de las anécdotas del  viaje. Salimos de la Iglesia de Carlos para caminar hacia el mercado de Nachmarkt, que se encuentra a escasa distancia y que ocupa gran parte de la avenida Friedrichstrasse. Este es un mercado que, como la iglesia de Carlos, tiene ciertas reminiscencias orientales, sobretodo en cuanto a algunos de los productos que se venden y a los lugares que hay para comer en él. Y es que no hay que olvidar que Viena, por su ubicación geográfica, es la ciudad que separa la Europa occidental de la oriental. Antes de internarnos en el bullicio le echamos un vistazo al curioso edificio de la Secesión, que se encuentra justo al lado, y que tiene un curioso estilo arquitectónico que a nosotros no nos llegó a cautivar.  Su elemento más característico es la bola dorada sobre su entrada principal. No llegamos a hacerle la visita interior, donde se llevan a cabo diversas exposiciones. Fue dar los primeros pasos por el bullicioso mercado y darnos cuenta de que el ambiente que allí se respiraba nos iba a gustar. Decenas de puestos vendiendo productos de variopintos orígenes como especias, verduras y cualquier tipo de producto alimenticio que era ofrecido desde los tenderetes para ser probado por el paseante. El ambiente que se respira en este mercado es totalmente opuesto al que se le supone a Viena y, solo por ese contraste, nos gustó tanto que nos sentamos en una des sus concurridas terrazas a tomar una cerveza y disfrutar de su trasiego.

Allí estuvimos sentados un buen rato valorando la opción de quedarnos a comer en uno de los puestecillos que por allí había. Al final nos decantamos por un turco y, por un precio más que económico para tratarse de Viena, engullimos un siempre práctico kebab. Nuestra siguiente visita estaba previsto que fuera el Palacio de Belvedere, también situado por la zona, pero no eran ni las tres del mediodía y no nos pareció buena idea ponerse a caminar con el estómago lleno a más de 30 grados, así que en el primer trozo de césped que encontramos nos tumbamos a hacer la digestión bajo el cobijo de la sombra de un árbol. Allí tumbados nos dimos cuenta de lo tranquila – en lo que a tráfico se refiere – es la ciudad, nada en comparación con Barcelona por ejemplo en la cual si te metes en coche sabes cuando entras, pero no cuando vas a salir. Después de un ratillo descansando caminamos los pocos metros que nos separaban del palacio, construido con el dinero que ganó Eugenio de Saboya tras derrotar a los turcos. La entrada a todas las dependencias del Belvedere vale 12 euros pero nosotros ya íbamos con la idea predeterminada de disfrutarlo tan solo desde su exterior.

Lo más destacable de su visita interior es su colección de pinturas de las que destacan muchas del pintor Klimt y muy en concreto su obra más conocida: El beso. Como he dicho, nosotros nos limitamos a disfrutar de los jardines del palacio y de su fachada, caminando entre fuentes y esculturas que le dan a los jardines un aspecto precioso a la par que elegante. La verdad es que en este sentido me gustaron más que los jardines del Schonbrunn, aunque para gustos los colores. No tardamos mucho en abandonar los jardines ya que caía un sol de justicia y no había un resquicio de sombra en la que cobijarse, así que pusimos rumbo a nuestro siguiente objetivo: el Stadtpark, probablemente el parque más emblemático de la ciudad.

A poca distancia del Belvedere, este parque surcado por un pequeño canal y con un  estanque en su centro, es muy conocido por albergar la estatua del padre del Vals, Johann Strauss. Situada en uno de los extremos del parque, esta estatua dorada sirve de perfecta excusa para visitar el parque, hacerte unas fotos ante ella, y relajarte un poco en su cuidado césped siempre que los mosquitos lo permitan. Eso mismo hicimos nosotros antes de seguir camino hacia lo que sería nuestra última visita del día, la Hundertwasserhaus. Este estrambótico edificio de pisos particulares diseñado por el arquitecto Friedensreich Hundertwasser, está un poco alejado de toda la zona centro, aunque nosotros llegamos caminando desde Stadtpark. Pese a que están un poco escondidas, nosotros accedimos a ellas sin problemas preguntando por la zona. No nos vamos a engañar, no son la octava maravilla del mundo y, ni mucho menos, le llega a la suela de los zapatos a la obra de Gaudí como he leído en algún sitio, al menos a mi parecer. Pero sí que es una visita curiosa, que contrasta con el elegante y palaciego ambiente vienés.

Se trata de la fachada de un edificio que está diseñada con sinuosas y surrealistas formas, y pintada de varios colores. La verdad es que vale la pena acercarse a verla pero en no más de 5 minutos estaréis de vuelta ya que nada se puede hacer allí a parte de comprar algún que otro souvenir; se trata de viviendas particulares. Se encuentra en la calle Kegelgasse 34-38. Finalizado nuestro último objetivo del día, nos encaminamos a la parada de metro de Landstrasse (la más cercana a Hundertwasserhaus) para poner rumbo hacia nuestro hostel. Una vez allí nos duchamos y salimos a cenar a un KFC cercano. Cuando acabamos de cenar eran pasadas las 8 de la tarde así que nos metimos en un oscuro PUB al que ya habíamos echado el ojo para ver el partido de La Roja contra Paraguay. Allí estuvimos pasando nervios y tomando cerveza hasta que Villa acertó con el gol de la victoria que nos hizo explotar de alegría. Salimos del PUB con una sonrisa de oreja a oreja y nos dirigimos a nuestro hostel para enfilar hacia nuestra habitación y caer rendidos en la cama después de un día completo y lleno de emociones.

 

DÍA 4, 04/07/2010: EXCURSIÓN A MELK Y CENA EN GRINZING

Nada más levantarme, bajé a los ordenadores disponibles del hotel para buscar la manera más económica de llegar al pueblo de Melk para visitar su famosa abadía, que aparece en el libro de Umberto Eco, El nombre de la Rosa. De una de las páginas que visité en Internet pude extraer que había un pase para, como máximo 5 personas, que permite coger cualquier tren lento por 28 Euros durante todo el día. Nosotros éramos tres, así que nos salía a menos de 10 euros por cabeza ir y volver a Melk. Pese a que hay gente que recomienda 5 días para ver Viena, nosotros habíamos visto, en 2 y medio, casi todo lo que nos parecía más relevante.  Al no ser mucho de museos, decidimos dedicar nuestro cuarto día en la capital para hacer una de las excursiones más recomendadas en los foros. Con las ideas ya claras sobre el transporte hacia Melk, nos dirigimos hacia la estación Westbahnhof, donde compramos el pase mencionado anteriormente y nos subimos al tren adecuado. Un tren de dos pisos en perfectas condiciones nos dejó en poco más de una hora en la estación, después de atravesar paisajes donde el color predominante era el verde de los prados. Descendimos del tren y, sin pérdida posible, tomamos dirección hacia el centro del pueblo. Melk es una población muy reducida y que nos sorprendió gratamente por su bonito y cuidado centro de balcones floreados y casitas al más puro estilo vienés. Pensábamos que solo íbamos a ver una abadía, y al final acabamos descubriendo un encantador pueblo. Eso sí, es una calle, una plaza, la iglesia, y poco más.

Seguimos los carteles indicativos hacia la abadía, que está situada en lo alto de un peñasco y a la que por tanto hay que acceder después de subir unas escaleras. Pintada de un llamativo amarillo, el edificio sobresale por encima del pueblo como si de una madre protectora se tratara. Llegamos a la abadía y al ver que uno de sus patios interiores estaba en obras nos temimos lo peor. Afortunadamente, el grueso de su atractivo estaba en perfectas condiciones y pudimos disfrutar de la visita.

Si no recuerdo mal, la entrada salía por unos 8 euros (4,50 con carné de estudiante) y doy fe de que vale la pena pagarla. Esta abadía ha sido una joya que hemos descubierto durante el viaje, toda una sorpresa ya que no esperábamos gran cosa de la excursión. A veces es mejor no llevar muchas expectativas creadas para que la experiencia sea más satisfactoria. La única pega, la cola de unos 10 minutos que tuvimos que esperar para acceder a su interior. Lo primero que se visita es una especie de museo de la abadía por el que pasamos bastante de puntillas para salir a la terraza desde donde se obtienen unas preciosas vistas de Melk, del Danubio y de la preciosa fachada principal de la abadía. A continuación entramos en la antigua biblioteca, todo un puntazo que nos hizo recordar películas como Harry Potter con sus libros ancestrales, escaleras de madera y estanterías polvorientas.

Además, en ella había diversos globos terráqueos antiguos, objetos por los cuales siento auténtica devoción. Acabados con la biblioteca descendimos por una preciosa escalera de caracol pintada con motivos rosas y dorados de la que tan solo hace falta ver la fotografía para darse cuenta que es una obra de arte.

La escalera nos dio acceso a la también preciosa iglesia, de estilo barroco, y con una decoración espectacular. Sus frescos en la cúpula, su increíble retablo dorado…toda una joya. De la iglesia nos fuimos directamente  a los jardines, también muy cuidados y frondosos.

Finalizada la visita, descendimos de nuevo al pueblo donde nos paramos a comer en el primer restaurante de buen precio que encontramos. De nuevo dimos cuenta de un Schnitzel, aunque esta vez acompañado de una típica y deliciosa ensalada de patata. Ya por la tarde nos dimos un paseo para acercarnos al Danubio y a parte de verlo, comprobar los precios de los cruceros que se hacen por él. Al final no los encontramos, pero si que pudimos disfrutar de las mejores vistas de la abadía y su majestuosidad, las que se obtienen desde el puentecillo que cruza el canal a las afueras del pueblo.

Poco más nos quedaba por hacer en la zona así que decidimos poner rumbo de nuevo a la estación para coger el primer tren con destino Viena (pasan cada hora). Con la siesta que nos echamos en los cómodos asientos casi no nos dimos cuenta y ya estábamos de nuevo en Westbahnhof. Serían sobre las 6 de la tarde así que decidimos irnos hacia el hostel, que nos quedaba al lado, recargar nuestras salvadoras botellas de agua, ponernos algo de ropa limpia y salir hacia Grinzing, donde queríamos cenar en un típico Heuriger. Para llegar a Grinzing (antiguo pueblo en las afueras y ahora un barrio más de la ciudad) hay que dirigirse en metro con la línea morada (U2) hasta la parada de Schottentor y una vez allí caminar hacia la parada de tranvías cercana para coger el número 38, que en unos 20 minutos os dejará en el lugar. Cuando lleguéis a Grinzing os daréis cuenta por el encanto que adquiere la zona y por los varios Heuriger que os iréis encontrando.

Los Heuriger son unos encantadores locales donde se puede tener una agradable cena típica regada con el vino propio de cada casa. Se suele comer en bonitos patios interiores rodeados de parras donde la  velada se suele amenizar con música en directo a cargo de violinistas y acordeonistas. Nosotros optamos por cenar en Berger Gsöls, el primero al que echamos el ojo pues tenía una entrada muy atractiva. Nos sentamos a la fresca en su patio interior y disfrutamos de una más que agradable velada en la que corrió el vino y probamos una especie de revuelto de patata, carne y jamón cocido.

Todo a muy buen precio. Nos sentíamos tan a gusto que, acabada la cena, pedimos más vino para seguir disfrutando del ambiente, del violinista, y de unos improvisados cantantes, ya entrados en años, que nos dedicaron alguna que otra canción típica austriaca. Definitivamente, la cena en el Heuriger puso el broche de oro a nuestra estancia en Viena, pues al día siguiente partiríamos por la tarde hacia Bratislava. Con la alegría y el mareo que a la vez producen ciertos vinos, cogimos de nuevo el tranvía 38 rumbo al centro. No quisimos irnos de una ciudad como Viena sin verla de noche así que decidimos caminar desde Votivkirche hasta Stephansplatz para ver sus mayores atractivos iluminados.

Cuando pasamos por delante del ayuntamiento pudimos disfrutar de una escena que nos sorprendió y a la vez nos dio una muestra del carácter de la ciudad. Tenían instalada una pantalla gigante que ofrecía un recital de piano de Lang Lang, pianista chino considerado el mejor del mundo en su ámbito. Pues viendo el recital sin mover una pestaña estaban cientos de vieneses, desde adultos a más jóvenes, como si de un concierto de alguna estrella del pop se tratase. Viena y la música clásica tienen un lazo muy especial; dudo poder presenciar semejante escena en cualquier otro lugar. Finalizamos nuestro recorrido nocturno cogiendo el metro frente a la imponente catedral de San Esteban, dirigiéndonos al hotel y casi despidiéndonos de tan maravillosa ciudad. Al día siguiente tocabavisita a la ópera y…para Bratislava. 

DÍA 5, 05/07/2010: A BRATISLAVA!

Quinto día de viaje y la historia ya se estaba acabando. Era el día previsto para cambiar de país y de capital; era el día previsto para desplazarnos a Bratislava. Pero antes quedaba una última cosa por hacer en Viena, visitar su famosa ópera. Para ello salimos de nuestro hostel ya con las maletas después de hacer el check out y nos dirigimos hacia el metro para coger la línea verde (U4) y descender en la parada de Karlsplatz, muy cerquita del edificio de la ópera. Para hacer la visita guiada hay que enterarse a que hora son en español y presentarse para comprar la entrada. En nuestro caso era a las 10 y media de la mañana, así que no tuvimos que esperar mucho para hacer la pequeña cola que nos permitió comprar los pases (6,50 Euros / 2 Euros con carné de estudiante).

La verdad es que para el precio que cuesta, bien vale la pena descubrir una de las óperas más reconocidas de Europa, en una visita que no llega a la hora de duración. En ella el guía nos fue mostrando las diferentes zonas del recinto como la zona de bar para los descansos, la elegante escalinata principal, el enorme escenario o las butacas desde las que se disfrutan las funciones. A nosotros nos coincidió que en Julio y Agosto no se representan óperas en la ciudad, de lo contrario hubiéramos intentado asistir de pie a alguna función ya que las entradas para el gallinero existen desde 3 euros. Finalizada la visita, nos fuimos con la línea naranja de metro (U3) hasta la parada de Erdberg, desde donde se pueden coger autobuses que te lleven a Bratislava. Compramos el billete con Eurolines en la Vienna International Busterminal que allí mismo se encontraba, y nos costó 6 euros por cabeza. No tuvimos que esperar casi nada para salir y cubrir el trayecto que dura escasamente una hora hasta la estación de autobuses de la capital eslovaca. Llegados a Bratislava no tardamos en encontrar su casco antiguo orientados por la torre de la Catedral de San Martín (también en obras), que se ubica muy cerca de la estación. Comenzamos a caminar por la tranquila avenida que transcurre entre la ópera i la plaza de Hviezdoslavovo Námestie rumbo al hotel y nos comenzamos a dar cuenta de lo tranquila que era la ciudad. También de lo pequeña, cuando en menos de 10 minutos y tras atravesar de lado a lado el casco antiguo nos plantamos en la entrada de nuestro hotel, el típico bloque de pisos comunista feo a más no poder. Con un aire tan retro como divertido, este hotel situado en la avenida Spitalska (a dos pasos del casco antiguo), nos sirvió de perfecta base de operaciones para descubrir la ciudad. Al ir a hacer el check in nos dijeron que la habitación no estaría disponible hasta las 14:00 así que aprovechamos para ir a comer a un Mc Donalds cercano. Bratislava no tiene nada que ver con Viena en lo que a precios se refiere, es una ciudad bastante más barata y eso lo notamos a la hora de comer o de comprar algún souvenir. Después de comer nos alojamos en nuestra cutrísima habitación y planificamos  un poco lo que íbamos a hacer durante la tarde. Decidimos visitar la bonita Iglesia Azul y descubrir paseando toda la zona del casco antiguo de Bratislava; de cumplir con nuestros propósitos, ya tendríamos casi vista la capital eslovaca a falta del castillo y poco más. Salimos del hotel y tras hacernos con unos helados para combatir el calor, nos acercamos caminando a la Iglesia Azul, que se encuentra en las afueras del casco antiguo, pero muy cerca de él (calle Bezrucova).

La iglesia es más pequeña de lo que imaginaba aunque realmente bonita y original, muy en contraste con la zona en que se encuentra. Se puede decir que lo poco que vimos fuera del casco antiguo de Bratislava nos pareció bastante feo debido a que aún quedan “recuerdos” del pasado comunista de la ciudad. Pero la iglesia es otra cosa, y con sus diversos tonos de azul combinados con el blanco, hacen de ella uno de los edificios religiosos más originales que haya visto hasta el momento. Desafortunadamente y no sabemos el porqué, la iglesia estaba cerrada, aunque eso no nos impidió asomarnos por la puerta y descubrir que su interior está igualmente pintado de un azul monocolor. Después de recrearnos un rato con la fotogénica construcción, continuamos nuestro camino y pusimos rumbo hacia la ribera del Danubio, para ver si era algo mejor que la de Viena.

La verdad es que no, podrían tener la zona un poco más cuidada y no darle la espalda a tan mítico río. Comenzamos a adentrarnos por el casco antiguo a través de la calle Mostova hasta dar con el primer punto de interés: el coqueto edificio de la ópera. Seguimos caminando deleitándonos con la belleza de cada una de las calles, las cuidadas fachadas de las casas, los floreados balcones…toda una delicia. Encontramos las tres esculturas repartidas por toda la zona centro, a saber: el paparazzi, el mendigo trajeado y el hombre de la alcantarilla.

No os preocupéis que son fáciles de ver y tarde o temprano te acabas topando con ellas. Paseamos por la bonita plaza del ayuntamiento, vimos el palacio primacial y nos acercamos a la Torre de San Miguel, que a esas horas de la tarde ya estaba cerrada para subir a ella. Al día siguiente, tendríamos una nueva cosa que hacer. Cuando creímos haber recorrido toda la zona centro elegimos una agradable terracita para disfrutar de unas buenas cervezas en un entorno insuperable.

Entre cervezas y partidas al UNO se nos hizo la hora de comer, así que buscamos uno de los muchos restaurantes con terracita que hay por la zona. Elegimos uno, Presburg, que ofrecía comida típica a un precio bastante razonable. Yo degusté una especie de estofado de carne acompañado por gnocchi; estaba bueno, pero tampoco fue nada del otro mundo. Acabados de cenar, los mosquitos nos echaron de la agradable terraza del restaurante así que como hicimos la noche anterior, fuimos a ver Bratislava de noche. En un ambiente muy tranquilo – el que se respira en la ciudad -, fuimos recorriendo los diversos puntos de interés para verlos iluminados (castillo, ayuntamiento, ópera…) y así completamos el día con un agradable paseo nocturno.

Como ya se hacía tarde, decidimos regresar a nuestro hotel retro, donde nos fuimos a dormir en una de las habitaciones más cutres en las que he tenido el “placer” de alojarme.

DÍA 6, 06/07/2010: APURANDO BRATISLAVA

En nuestro último día de viaje, tendríamos aproximadamente hasta las 5 de la tarde para acabar de ver lo poco que nos quedaba de la ciudad. Como casi todo queda reducido al casco antiguo y su castillo, el día anterior nos había cundido bastante por lo que había que tomárselo con calma. Aprovechamos nuestro desayuno incluido en el precio de la habitación y salimos a la calle. El día, al contrario que los 5 anteriores, se había despertado muy nublado, amenazando lluvia. Nos internamos de nuevo en el casco antiguo buscando nuestra primera parada de la mañana: la Torre de San Miguel.

Esta vez si que estaba abierta así que – por 2,30 euros por cabeza – pudimos subir hasta arriba y disfrutar del museo (armas y poco más) que se va desplegando por la torre. Una vez arriba, las vistas de Bratislava. No son las mejores que he visto, pero al menos te puedes hacer una idea de cómo es la ciudad y tener una panorámica clara del castillo, situado sobre una colina. Descendimos por las antiguas escaleras de madera y salimos del entramado de callejuelas para llegar al Palacio Presidencial, lugar donde reside el presidente eslovaco.

Después de admirarlo un poco por fuera, decidimos ir al tranquilo parque de la parte trasera y hacer un poco de tiempo jugando a cartas tirados en el césped. Sobre las 12 de la mañana comenzamos el “ascenso” al Castillo de Bratislava, fortaleza de color blanco con 4 torreones en forma de cuadrado situado sobre una colina adyacente a la ciudad. Hasta él llegamos sin tener que caminar mucho – las distancias son cortas – y cuando estábamos sacándole las fotos de rigor, comenzó a caer el diluvio universal sobre Bratislava.

El castillo en su aspecto exterior da bastante el pego, pero su recinto interior no es ninguna maravilla, podríamos decir que es un castillo “sencillito”. Para refugiarnos de la tromba de agua nos pusimos bajo el cobijo de un árbol cercano al castillo desde el que se obtenían unas excelentes vistas de la ciudad. Como vimos que la cosa no paraba, tuvimos la obligación de meternos en un bar y tomar algo mientras el tiempo se calmaba. Afortunadamente, para cuando empezó a llover ya lo habíamos visto todo así que en ese aspecto no estábamos preocupados.

Descendimos la colina del castillo y encontramos un sitio para comer donde vimos que servían unas pizzas increíbles a buen precio, así que allí comimos. Por la tarde la tormenta amainó, así que la dedicamos a hacer un delicioso eisscaffé (café con helado y nata) en una de las terracitas del casco antiguo mientras, a su mismo tiempo, hacíamos tiempo hasta las 5 de la tarde para emprender el camino de vuelta. Fuimos para el hotel a recoger nuestras maletas y acto seguido cogimos el tranvía número 13 que es el que te lleva a la estación de trenes. Una vez allí compramos los billetes (0,70 euros) para el bus número 61 que en menos de una hora te deja en el pequeño aeropuerto de la capital eslovaca. Con nuestra llegada al aeropuerto dimos por concluida nuestra larga escapada por las dos  capitales centroeuropeas; ahora tocaba afrontar una larga cola para el control de seguridad y volar dos horitas de nuevo hacia casa.

CONCLUSIONES

Ha sido éste un pequeño viaje (o una gran escapada) que nos ha dejado muy buen sabor de boca. Primero porque Viena no defraudó; nos pareció una ciudad bella, limpia, monumental, con buen gusto y con una cantidad ilimitada de atractivos para quien se preocupe por descubrirla. Segundo porque Bratislava nos sorprendió positivamente; aunque su casco antiguo se recorre en una tarde, es tan bonito y acogedor que entran ganas de quedarse un mes. Y tercero porque a los tres nos apasiona viajar y ceo que deben haber pocos lugares (o ninguno) que nos puedan dejar con un regusto amargo después de su visita. Han sido dos capitales, la austriaca y la eslovaca, pero por mucho que ambos países consten ya en mi curriculum viajero, sin duda tendré que volver a ellos para poder conocer todos sus encantos.

  • LO MEJOR: La belleza, limpieza, y orden de Viena, sus palacios, la Iglesia de San Francisco de Asís, la tarta Sacher, la Iglesia de Carlos, Melk y su abadía, cenar en un Heuriger, el casco antiguo de Bratislava y la Iglesia Azul.
  • LO PEOR: Los precios del café y la cerveza en Viena, el calor que nos ha acompañado, los mosquitos, el Danubio en su paso por ambas ciudades y los alrededores del casco antiguo de Bratislava.

 

Nos vemos en próximos viajes,

Auf Wiedersehen!! / Dovidenia!!

Sobre el Autor

Toni

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35 comentarios

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  1. Guillermo

    Me encanto el blog , leyendo tu articulo solo quedan ganas de seguir viajando, gracias por compartirlo. Saludos

  2. Martín

    Una fotogalería de Viena. Me encantó! : http://www.revistawillco.com/viena-perfecta-combinacion-de-pompa-y-modernidad/

  3. Patricia

    Muchas Gracias por el relato y la guia de viaje, es como si hubiera viajado con ustedes.

    1. Toni

      Gracias Patricia! Esa es parte de la razón de ser de la página. 😉

  4. Verónica

    Estoy planeando un viaje y me fue de mucha ayuda vuestra página. Muy bonito como escriben! Espero leer muchos viajes más!

    1. Toni

      Gracias por tu comentario!

  5. Natàlia

    Hola,

    Només volia felicitar-te pel gran escrit i el ben redactat i explicitat que està tot. Relament serà de molta ajuda per quan hi vagi.
    Moltissimes gracies!

  6. TINA

    Tina
    Pensaba pasar dos dias en Bratislava y por lo que dices, no es necesario…
    o quizas seria una buena idea?

    1. Toni

      Depende del tiempo que dispongas en general. En un día te da tiempo a verla, pero sí quieres hacerlo con calma y disfrutando de las terracitas del casco antiguo…

  7. TINA

    tina
    Hola chicos!
    la pagina es genial, voy para VIENA en octubre y me ha sido de muchisima ayuda, muchas gracias.CHAOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO
    por cierto, por favor, hacerlo con todos vuestros viajes…

    1. Toni

      Hola Tina!

      Esa es la idea! Relatar aquí todas y cada una de mis experiencias viajeras.

      Genial si este relato te sirvió de ayuda. Disfruta por Viena!

      Un abrazo!

  8. Esther

    Hola,una preguntilla,voy a hacer un viaje a Viena este verano y tengo pensado ir a Bratislava con Eurolines.Mi pregunta: la estación de Bratislava es ¿Novy Most? es que estoy mirando para coger los billetes online y me aparecen varias paradas en Bratislava,la de Viena ya la tengo localizada porque sé que es “Erdberg´´ ; ) te agradecería que me dijeras en cual parasteis vosotros,si fue “Novy Most´´ o otra que estaba más cerca del casco antiguo de Bratislava.

    Por cierto,la excursión a Melk…la tantearé también,visto lo que comentas…

    Gracias!!! : )

    1. Toni

      Hola Esther!

      La parada de Novy Most es donde yo me bajé, debajo del puente que cruza el Danubio y muy cerquita del casco antiguo.

      Sobre lo de Melk, si te sobra tiempo por Viena no lo dudes, a mi me valió mucho la pena. La abadía es digna de visitar y el pueblecito también tiene su encanto.

      Saludos!

  9. Manu

    Me he empezado a leer algo de tu interesante página y tus tremendos viajes. A mi también me encanta viajar y desde luego que tu página me servirá de ayuda. Enhorabuena.

    1. Toni

      Hola Manu!

      Me alegro de que te haya gustado la página,

      A ver si te veo por aquí con frecuencia!

      Un saludo,

  10. Vanessa

    Gracias Toni por tu respuesta,
    la verdad es que no puedo quejarme este año, han sido 8 viajes y queda el 9º.
    Creo que primero leeré todo lo que pueda sobre Viena, a ver si me puedo organizar bien, y luego en tal caso intentar ir a Bratislava la mañana del segundo día, no del último, no quiero arriesgarme a perder un bus y perder el avión de vuelta…
    Ya te contaré cuando lo tenga más avanzado, por ahora sólo tengo los billetes, es demasiado pronto… además estoy sumergida en la preparación del viaje a Estocolmo, que nos vamos este domingo!!!
    Besos

  11. Vanessa

    Hola Toni,
    te voy siguiendo los talones, jejeje, volvimos de Estambul hace apenas 15 días (por cierto, la ciudad nos maravilló), y ya tengo los billetes para Viena, para esta Semana Santa, la pena es que sólo vamos 4 días y encima sólo son aprovechables 2,5 puesto que el primer día llegamos a dormir, y el último nuestro vuelo sale a las 5 de la tarde.
    Piensas que si le doy caña me puedo acercar una mañana hasta Bratislava? O me merece más la pena quedarme en Viena? La verdad es que me haría ilusión…
    Un saludo.

    1. Toni

      Hola Vanessa!

      Ya veo ya…jeje últimamente tu tampoco paras quieta.
      A ver, por un lado te diría que para dos días y medio te quedaras en Viena, que tiene bastante por ver. Pero por otro, el casco antiguo de Bratislava me encantó, así que no puedo dejar de recomendártelo (creo que no te estoy ayudando mucho…jeje)

      Yo lo que haría es disfrutar los dos primeros días a tope de Viena y si el último (medio), lo que os queda por ver tampoco es muy relevante, os acercáis a Bratislava que está a tiro de piedra y se puede ver si me apuras en medio día…madrugando un poco. Pero es mejor según lo veas tu allí, a lo mejor el encanto vienés te atrapa y no quieres saber nada de Eslovaquia…

      un saludo!

  12. Belén

    Hola. Me he encontrado con tu página porque nos vamos en octubre a Viena y pensabamos pasar un día en Bratislava. Es que la idea primigenia era ir a Bratislava en avión y de allí a Viena porque era más barato, pero con la oferta de Iberia nos sale fenomenal de precio ir directamente a Viena. Lo de Melk me lo apunto y desde luego lo de los vinicos también, mi duda es si quedarnos una noche en Bratislava o solamente pasar el día.

    Un saludo

    1. Toni

      Hola Belén!

      Verás como vuelves encantada de Viena.

      No dudes en ir a Melk si tienes tiempo suficiente. Nosotro dudamos en si ir o no, y al final no nos arrepentimos para nada.

      Bratislava en un día la tendrás vista. Sobre lo de quedarte o no a dormir depende de tí, aunque sí te digo que el alojamiento es bastante más barato que en Viena y que un paseo nocturno por el casco antiguo tiene su encanto.

      Un saludo!

  13. Gerardo Esis

    Hola muchachos saludos desde Venezuela. Gracias por esta excelente guia de viaje a Viena y Bratislava. Me pillo por alli (como dicen ustedes, jajajaja), para finales de Noviembre, debe ser un poco fria la ciudad y ademas de tener poca luz durante el otono, pero que le vamos a hacer, esa es la epoca que pude fijar.
    Me ha gustado lo de la excursion a Melk, ya que me he leido el libro de Umberto Eco, y me encanto la trama, asi que pienso incluirlo en el plan.
    Tambien incluire Praga y algo de Budapest. Ya sabeis que saltar el charco (Atlantico), no es para estar solo 6 dias en Europa.
    Espero me envies tu mail, para contactarnos y poder compartir informacion adicional de los sitios. Suele venir bien a los suramericanos, que vamos de paseo por Europa.

    Fuerte abrazo.

    1. Toni

      Hola Gerardo!

      Me alegro de que la web te haya podido servir de ayuda, y te doy las gracias por tomarte la molestia de escribir.

      Viena en invierno también tiene que tener su encanto, sobretodo si la pillas con los mercadillos y el ambiente navideño…te encantará. Melk es una excursión a tener en cuenta.

      Tienes mi mail en la sección CONTACTO de la web, no dudes en escribirme para cualquier sugerencia.

      Un abrazo!

  14. Toni

    Gracias a ti por escribir Yolanda!

    Pasarlo fenomenal por Viena y a la vuelta me cuentas. Y si os sobra tiempo, haceros una excursión a Melk o Bratislava, no os defraudarán.

    Un abrazo!

  15. Yolanda

    Ya tengo billetes y hotel para agosto, y estaré en Viena también cinco días. La lectura del relato de vuestro viaje me ha dado ideas para organizar mis días allí. Gracias por la aportación. Saludos desde Vitoria.

  16. Toni

    Sele!!

    La verdad es que las dos ciudades nos han gustado, cada una a su estilo.
    La iglesia de carlos está genial, de lo mejorcito que vimos por Viena…
    Que tal por Indonesia??? Por lo que he leído…una pasada. Estaré atento a los relatos.

    Por cierto, tengo que escribirte un mail ya por lo de Madrid, no se si va a poder ser en agosto…:(

    Un abrazo!

  17. Sele

    Hola figurasss!!

    Me alegra que todo fuera fenomenal finalmente. Te dije que os iba a encantar aunque era apostar por caballo ganador. Esas columnas salomónicas de San Carlos son extraordinarias, ¿verdad? Veo que os hizo muy bueno. Cuando fui yo en agosto de 2007 hacía incluso fresquete.

    Hablamos pronto, ok?

    Sele

  18. Toni

    La verdad es que Viena barata, barata…no es. Eso sí hacen buenos descuentos en las entradas con carné de estudiante y nosotros nos aprovechamos de ello. La abadía de Melk fue todo un descubrimiento, no me arrepiento para nada de haber hecho la excursión. La iglesia de Cralos también es preciosa.

    Los globos terraqueos (los buenos) me fascinan, pero son tan caros…!

    Un abrazo Victor, y ya dirás algo si te decides por Turquía.

  19. Victor

    Buenas!! A vosotros si que os cunden bien los días!!! Me quedo sobre todo con la iglesia de San Carlos (Preciosa!) y la Abadía… a mi me pasa como a ti… me encantan los globos terráqueos… Por cierto.. menuda pasta las entradas no???

    Saludos!!

  20. Toni

    Vanessa: La verdad es que lo del autobús dio rabia, pero que le vamos a hacer…
    La iglesia de San Francisco al menos en mi guía no salía (usé la Top 10 del País Aguilar) ni tampoco en los mapas que obtuvimos. La verdad es que fue una grata sorpresa gracias a que leí algo de ella por los foros. Te la recomiendo. Un saludo!

    Jose: Bueno, lo del autobús…y los mosquitos, porque vaya guerra nos dieron (a unos más que otros) durante todo el viaje.

    A ver si en los próximos días puedo publicar las dos siguientes jornadas…ando un poco liado perfilando lo que puede ser el próximo destino.

    Un abrazo!

  21. Jose

    Lo del autobus fue la única nota negativa del viaje, desde mi punto de vista. A parte de dajarnos muy cansados por su largo trayecto, nos hizo perder casi toda una tarde entera… Del resto del viaje no tengo ni una sola nota negativa.

    Vamos Toni que te lo curras muchisimo, sigue escribiendo.

  22. vanessa

    Vaya rabia lo del autobus! a mi me pasa eso y me da algo…
    Preciosa la iglesia de San Francisco de Asís, que raro que no aparezca en las guías…
    No nos dejes en ascuas y sigue escribiendo, jejeje.
    Un abrazo

  23. Toni

    Gracias a los tres!

    Victor: Un no parar…tu lo has dicho. A ver si me pongo a leer tu diario de India que leí el primer día y ahí me he quedado.

    Vanessa: Prometo ponerme con el diario lo antes posible…a ver si a mitad de semana pueden estar los dos primeros días. 🙂

    Blai: interseante lo de Ryanair. Mi cabeza ya ha empezado a maquinar un nuevo viaje, quizá para mediados de septiembre…informaremos próximamente.

    Un saludo!

  24. btc93

    Ei Toni! Bienvenido!

    Qué bien que ya hayas empezado. Prometo leer esta crónica en cuanto pueda! Deben de ser dos ciudades muy peculiares y encantadoras. Que vaije más bonito!
    Algún día también me escaparé allí con Ryanair. Por cierto, en Ryanair, vuelos a Dinamarca y Alemania (lo miré ayer) ida y vuelta por 25 euros TODO INCLUIDO (con las tasas y todo sumado…) por si a alguien le interesa xD (Agosto).

    Bueno, tu! Un abrazo y ánimos con el relato!

    Blai

  25. vanessa

    Nos has dejado con las ganas…así que ponte a escribir cuanto antes el resto!
    Un abrazo.

  26. Victor

    Que tal Toni! Bienvenidos a los dos de vuestro viajecito. Ya espero leer vuestra visita al centro de Europa que casi no conozco… Animo con el Diario y ponte ya a buscar otro destino que esto es un no parar jejeje…

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