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May 27 2011

TALLIN & HELSINKI ‘ 11 – DÍA 2: Diez horas en Helsinki

Sábado 09/04/2011

Podéis imaginaros el frío que pegaba en Tallin a las 6 de la mañana. Mientras caminábamos aún medio dormidos dirección al puerto donde atracan y zarpan los ferrys, tapados hasta las cejas, tallineses y tallinesas aún estaban cerrando bares y discotecas en mangas de camisa y cortos vestidos. ¿Dónde irán estos dos a estas horas?, pensarían… Pues nos dirigíamos a lo que fue una de las mejores experiencias del viaje, sin duda: atravesar la distancia entre Tallin y Helsinki sobre el escarchado mar Báltico.

No fue nada difícil encontrar mapa en mano la zona desde donde zarpan los ferrys de Tallink, y mucho menos proceder al embarque. Una vez ya dentro de la enorme embarcación, nos buscamos un sofá en el bar, en el que pudiéramos ir cómodos durante las 2 horas que iba a durar el trayecto.

Compramos algo de chocolate y un buen café para asentar el estómago y esperamos a que el ferry zarpara, no sin antes salir al exterior para ver como éste estaba atracado sobre un mar de hielo. La experiencia de ver avanzar la embarcación apartando las placas heladas era única, pero el intenso frío que hacía en el exterior nos hizo poner pronto a cubierto. Hay que decir que la embarcación es todo un lujo, casi como ir en un transatlántico para cubrir dos horas escasas de trayecto.

En el tiempo previsto estábamos ya adentrándonos lentamente en una bahía de Helsinki salpicada por pequeñas islas nevadas, en las que se podían apreciar típicas casitas de madera en lo que en verano deben ser unas más que agradables segundas residencias. Finalmente el monstruoso ferry atracó en la fea e industrial zona del embarcadero y descendimos con celeridad para coger el primer bus que pasase hacia el centro. Los carteles de Welcome to Helsinki me hicieron recordar que estaba pisando mi país número 21.

Si no recuerdo mal fue el bus 15 A, justo a la salida, el que por la nada despreciable cifra de 2,50 Euros nos llevó hasta el centro de la ciudad en un trayecto de uno 10 minutos. Más en concreto, nos dejó justo al lado de la estación de trenes de Rautatientori, en el que iba a ser el punto de inicio de nuestra ruta por la ciudad. Como la visita a la capital finlandesa era en parte improvisada, no disponíamos más documentación sobre ésta que un paupérrimo mapa y algunas páginas fotocopiadas de una guía Lonely Planet en inglés. A duras penas conseguimos orientarnos y encaminarnos hasta  Pohjoisesplanadi, una de las avenidas principales de la ciudad y el lugar dónde se encontraba precisamente lo que íbamos buscando: una oficina de turismo donde nos dieran un mapa decente con el que poder meterle mano a Helsinki.

Helsinki, pese a ser la capital de un país grande (aunque poco poblado) no es una gran metrópoli, sino una pequeña ciudad, muy manejable y que no llega a los 600.000 habitantes. De esta manera su visita se convierte en tarea fácil, encontrándose todos los atractivos relativamente cerca sin tener la necesidad de usar transporte para ir de uno a otro. Ya con el mapa, nos dimos cuenta de que estábamos a escasos metros de la Plaza del Senado, punto de encuentro de todos los turistas que visitan la ciudad y emplazamiento donde se alza la imagen más característica de Helsinki: su Catedral luterana. Sin dudarlo un momento para allí nos fuimos por una de las calles que desembocaba en la amplia plaza, en ese momento bajo un solecito muy de agradecer por esas latitudes. Una vez en el centro de la plaza, pudimos admirar la bella y blanca catedral de Helsinki, con sus cúpulas color turquesa y ese estilo neoclásico que le otorga una elegancia muy a la par con el conjunto de la ciudad. Una estatua de Alexander II, zar ruso, preside la plaza dando muestras de la histórica influencia rusa sobre la ciudad, y a los lado de ésta podemos encontrar la Universidad de Helsinki y el Palacio del Consejo del Estado. Todo ello en conjunto forma una bella plaza que se ha convertido en un “must” de cualquier visita a la capital finlandesa. Después de un rato sentados en las amplias escalinatas que dan acceso a la catedral disfrutando del solecito, nos pusimos de nuevo en marcha.

Recorrimos de nuevo la corta distancia que nos separaba de Pohjoisesplanadi y nos encaminamos por ésta dirección mar hasta la animada Plaza del Mercado o Kauppatori, como la llaman en Helsinki. Encarada al mar y frente a los barcos amarrados en un mar parcialmente helado, esta histórica plaza llena de paraditas de todo tipo de objetos artesanos nos dio el bullicio y la vida que a veces se echa en falta en las ciudades de países septentrionales como Finlandia. Desde típicos gorros de lana hasta carísimos imanes de nevera como souvenir, las paradas y los vendedores se sucedían a nuestro paso mientras nos encaminábamos hacia una bella construcción en ladrillo que se elevaba en el horizonte: Uspenski, la catedral ortodoxa (no podía faltar) de Helsinki.

Al estar situada sobre un promontorio y debido al brillo de sus pequeñas cúpulas doradas, la catedral llama la atención desde lejos. Y como no teníamos la intención de comprar nada en las paradas de la Plaza del Mercado (cualquiera compra algo en Helsinki a esos precios…) nos acercamos a verla. Accedimos a su interior de manera gratuita y, como nos pasó el día anterior en la Catedral Alexander Nevski de Tallin, lo hicimos en plena liturgia ortodoxa. Nos sentamos respetuosamente en un rincón y disfrutamos del ritual y del precioso  interior del templo.

Había oído hablar en alguna lectura sobre Helsinki acerca de una iglesia excavada en la roca. Se trataba de Temppeliaukio, y desde el primer momento me llamó la atención, así que el siguiente objetivo estaba claro. Cruzamos media ciudad caminando para poder llegar hasta el templo, pues se encontraba en un punto completamente opuesto a nuestra posición, muy cerca del imponente Parlamento finés subiendo por la gran avenida Mannerheimintie, una de las más famosas arterias de la ciudad.

Después de caminar durante un buen rato – percatándome por momentos de que Helsinki no es una ciudad tan limpia como la imaginaba – llegamos a la “Rock Church” como se le conoce en jerga turista. Para nuestra desgracia cuando conseguimos encontrar la puerta de acceso (tarea difícil porque eso parece un búnker), nos dimos cuenta de que estaba cerrada por reformas así que nos quedamos con las ganas de ver su interior excavado en roca y nos tuvimos que conformar con su curioso exterior, que parece cualquier cosa menos una iglesia.

Tras el inesperado contratiempo, nos dimos cuenta de que era la hora de comer así que nos encaminamos de nuevo a Mannerheimintie para saciar nuestro apetito.

La verdad es que no teníamos muy claro a que dedicarle las horas que nos quedaban de la tarde; creíamos haber visto lo principal y nuestra escasa preparación no ayudaba demasiado. Así que leyendo un poco la guía fotocopiada que llevábamos encima ví que a golpe de autobús había una especie de isla, Seurasaari, que albergaba un museo al aire libre con típicas construcciones finlandesas como cabañas, granjas o molinos. Un buen lugar para caminar un poco al aire libre y conocer algo la faceta rural del país sin moverse de Helsinki.

Sin pensárnoslo un momento buscamos la parada del bus 24, en la intersección entre Etelä-Esplanadi y Mannerheimintie. En poco menos de 15 minutos de trayecto (el autobús muere en la entrada de la isla) nos plantamos a los pies del puente de madera que separa la península de Seurasaari, sobre un mar helado. Creo que la elección de Seurasaari fue todo un acierto pues nos permitió dar un más que agradable paseo por una zona boscosa  preciosa, ver como son algunas típicas construcciones finlandesas, e interactuar y hacer un poco el ganso con la nieve, dándole el punto divertido a la visita. El museo al aire libre en sí estaba cerrado, pero eso no nos impidió poder disfrutar de las construcciones desde el exterior. Caminamos por los senderos boscosos durante casi dos horas antes de regresar de nuevo a la parada del autobús (que pasaba cada hora) con los pies completamente empapados de pisar nieve y charcos.

Ya de vuelta en la ciudad nos quedaba poco tiempo para hacer nada más que ir a esperar el autobús que nos llevase de nuevo a coger nuestro ferry de vuelta a Tallin.

Con todo tipo de comodidades y en plena noche, cruzamos de nuevo el báltico helado para llegar puntuales, a las 23:30 de la noche, al puerto de la capital estonia. Las calles estaban completamente desiertas, y no me extraña, pues el frío que pasamos durante la caminata que nos separaba del hotel era como para estar metido en casa. Al entrar al casco antiguo nos dimos cuenta de que ni el frío más helador puede con el fervor de un sábado noche. Las calles aledañas al hotel estaban, como la noche anterior, repletas de jóvenes con ganas de marcha… De nuevo me esperaba una larga noche pudiendo dormir sólo a tirones. Eso sí, con la sensación del deber cumplido, un nuevo país a mis espaldas gracias a una ciudad que no nos dejó tan fríos como el viento que soplaba afuera, pero que sinceramente tampoco nos maravilló en exceso. Helsinki es moderna y elegante, sin más.

Sobre el Autor

Toni

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10 comentarios

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  1. Isa

    Hola!
    tanto frio hacia en mayo?
    estoy viviendo en Polonia, y ya no hace tanto frio, pero voy en una semanita para allí jaja ahora ya no se qué ropa llevarme!
    Saludos!

  2. emilia

    hola toni quiero saber donde se compran los pasajes de tallin a helsinki

    cuantas terminales hay en cada puerto?????

    es dificil su orientacion

    al llegar a helsinki, hay siempre que tomar bus , este siempre llega a la estacion y no al centro

    muchas gracias mi viaje es pronto espero me puedas contestar

    muchas gracias

  3. Anónimo

    hola toni quiero saber donde se compran los pasajes de tallin a helsinki

    cuantas terminales hay en cada puerto?????

    es dificil su orientacion

    al llegar a helsinki, hay siempre que tomar bus , este siempre llega a la estacion y no al centro

    muchas gracias mi viaje es pronto espero me puedas contestar

    muchas gracias

  4. cristina

    Hola,
    Quería hacerte una pregunta, se tarda mucho en llegar desde donde te deja el ferry de Tallink al casco viejo de la ciudad? Yo voy a hacer el trayecto contrario a ti.

    Gracias

  5. Iker

    Por lo que se ve hacía bastante calor no?? ;P

    yo no me puedo quejar, las dos veces que he ido por ahí arriba este año las dos me ha hechomuy buen tiempo. Aunque por otro lado, recuerdo haberme tenido que poner dos pares de pantalones… jaja.

    En fin, buena entrada como siempre. Y a seguir bien Toni!

    Saludos!

    1. Toni

      Hola Iker!!
      Jajaja si, un calor que te mueres!! No me quejare del tiempo q al menos no nos llovió! Gracias por comentar, un abrazo!

  6. Helena

    Impresionante las fotos de las placas de hielo, y como el barco las atraviesa sin problemas. Muy chula también la isla de Seurasaari.
    No veas las ganas que tengo de ir a Finlandia, sobre todo por ver una aurora boreal… A ver si algún día cae…
    Un saludo

    1. Toni

      Hola helena! Veo que no soy el único al q le encantaría presenciar una Aurora boreal…jeje Seguro que cae en algún viaje futuro a Escandinavia!! Gracias por tu comentario. Saludos!!

  7. José Carlos DS

    Una visita breve pero completa, la verdad que menudo paisaje más invernal, da frío solo de verlo y eso que aquí estamos ya rodando los 30º, pero tanto hielo por todas partes da repelús xDDDD

    Parece que ibais buscando celebraciones religiosas, a todos los sitios acababais en mitad de la “misa” jaja

    Este viaje que lo has hecho me lo apunto para alguna vez que vea un billete económico desde Málaga, creo que es una forma muy buena de visitar 2 países tan alejados.

    Saludos Toni!!!!

    1. Toni

      Hola Jose carlos!
      La verdad es que la escapada fue corta pero intensa y nos ayudo a hacernos una idea mas o menos concreta de ambas ciudades. Es una buena combinación si se quieren visitar 2 países en poco tiempo.
      Un abrazo!!

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