TAILANDIA 2011 – DÍA 7: Alrededores de Kanchanaburi

Domingo 19/06/2011

Soy bastante reacio a contratar packs turísticos para realizar actividades en destino. Prefiero ir por libre y buscarme la vida para poder realizar todo lo que me interese en todo momento. Pero hay veces en las que te ves obligado a hacerlo, ya sea por las mismas características de la actividad o, porque directamente, no hay manera de hacer lo que tu deseas sin pasar por el aro de los “packs”.

En mi caso, era mi último día por Kanchanaburi y se me había metido entre ceja y ceja hacer algo parecido a un trekking en elefante por la selva. Había leído que Kanchanaburi era una región propicia para ello, pero todas las opciones de realizarlo pasaban por contratarlo con una agencia en la que te iban a incluir unas actividades “extra” que no tenían porque interesarme demasiado. Así que contraté mi “tourist pack” que incluía un trekking en elefante (que resultó ser un paseo cutre que no llegó a la hora de duración), un descenso en balsa de bambú por uno de los ríos que cruzan la región, una visita al museo del Hellfire Pass, un trayecto por un tramo del ferrocarril de la muerte, y una visita a una conocida cascada de los alrededores. Hacer todo eso en un día por mi cuenta era francamente imposible, así que caí en la trampa. Más sabiendo que el precio de todo, comida incluida, iba a ser bastante económico.

Así que la noche anterior a mi último día en Kan lo reservé con una de las muchas agencias de la ciudad. La dependienta me dijo que no habían plazas para el día siguiente a no ser que quisiera integrarme en un grupo de turistas de Omán. ¿ Y porqué no?

A las 8 de la mañana estaba plantado en la recepción de mi austero alojamiento, por donde tenía que pasar el minibús que nos llevaría de sitio a sitio. Fui el primero en subir, hasta que 10 minutos más tarde se añadieron los 5 chicos de Omán.

Una hora  fue lo que duró el trayecto hasta nuestra primera parada: El “trekking” – siempre entrecomillado – en elefante. Paramos en una especie de ¿aldea? con no más de cuatro cabañas en la que estaban nuestros elefantes esperando. Siempre apresurados por nuestra guía, nos montamos en los elefantes por parejas dispuestos a comenzar la “aventura”.

Aventura que se resumió en un paseo que no llegó a los 3/4 de hora de duración (¡Porqué no pregunté antes!) y en el que lo más emocionante – a parte del simple echo de estar montado sobre tan impresionante animal –  fue atravesar un río subido al lomo de estos gigantes. Pero ni tuve que sacar el machete para apartar las vegetación de la espesa jungla, ni temí ante la posible presencia de un tigre agazapado dispuesto a devorarnos… Fue más como cuando montan a los niños en un pony de cualquier feria, y le dan un paseo circular. Todo un fiasco. Al menos pude interactuar un poco con estos bichos, ver como se alimentan o tocar su piel, que parece piedra.

Una vez recuperado del “tremendo trekking”, nuestra – siempre sonriente – guía nos instó a que nos diéramos prisa para llevar a cabo la siguiente actividad, que relizaríamos sin ni siquiera tener que movernos de la aldea. Bajamos al río y montamos en una balsa de bambú para descender por el terroso río que por allí pasaba. La tranquilidad y el frondoso verdor de los flancos del río me hicieron disfrutar del trayecto y rememorar nuestro descenso por el río Li, en Yangshuo, en el viaje que hice por China en 2010. Claro que los alrededores no llegaban a la altura de aquel paisaje kárstico del sudeste chino. El paseo duró sobre una hora, haciendo y deshaciendo el mismo trayecto, situación que le quitó encanto al ver el paisaje por dos veces: uno a la ida y otro a la vuelta.

Por el momento llevábamos ya dos actividades, y a cual más decepcionante. No eran ni las 11 de la mañana y a nuestra guía se le ocurrió la brillante idea de ir ya a comer. ¿A desayunar, querrá decir? Me preguntaba yo. No, no, para ella ya era la hora de comer.

Así que montamos todos en el minibús y nos llevaron a un restaurante de los alrededores. A todo esto, ya había hecho algo de migas con los chicos de Omán, que bromeaban constantemente ante la posbilidad de ir a comer a un Mc Donalds. “No Mc Donalds here”, les seguía la corriente la guía. Y es que por lo que me contaron, lo peor que llevaban de su viaje por Tailandia era la comida.

Después de comer un – ya recurrente en mi viaje – Pad Thai, nos pusimos de nuevo en marcha esta vez rumbo a la cascada de Sai Yok . Se trata de un bonito lugar que los tailandeses usan para pasar el día y refrescarse un poco bajo el agua de la cascada. Exploramos un poco la zona, ascendiendo por la resbaladiza cascada y curioseando por los puestecillos de comida que había por los alrededores. La verdad es que es un lugar bonito, pero no sé si vale la pena el desplazamiento desde Kanchanaburi, menos aún teniendo el increíble parque de Erawan por la zona. Siempre con prisas, la guía nos instó cual rebaño de ovejas, a que fuéramos subiendo de nuevo al minibús  para poner rumbo a la próxima actividad.

Próxima actividad que consistiría en la visita al Museo del Hellfire Pass, también por los alrededores. El Hellfire Pass fue el tramomás penoso y complicado del ferrocarril de la muerte, en que los prisioneros de guerra y los trabajadores forzosos de la zona se las vieron y desearon para abrir paso al tren en la montaña. Se podría decir que excavaron la montaña a mano para que pasara el tren, con unas herramientas escasas y en unas condiciones penosas. Penosas condiciones que causaron la muerte de muchos de los trabajadores. El museo nos explica la tortura que supuso abrir este paso, y una vez acabada su visita se puede descender entre la jungla para contemplarlo. Bautizado por los mismos trabajadores como Paso de la muerte, no cuesta imaginar el sufrimiento cuando bajas allí y te imaginas el colosal trabajo que debió suponer abrirse paso en la naturaleza de esa manera. Y con el calor que hace por esas latitudes. El Hellfire Pass es un angosto paso por el que circuló el ferrocarril de la muerte, actualmente las vías cortadas en ese tramo sirven como memorial de todos los que perdieron la vida allí.

Pero aún hay tramos del famoso ferrocarril que siguen activos, y ese fue nuestro siguiente objetivo. Nos dirigimos  a la estación de  Nam Tok Sai Yok Noi para montarnos en el tren en su paso más espectacular. El trayecto comienza sobre el viaducto de de Whampo para proseguir su camino entre campos de tapiocca y cruzando diferentes aldeas. Llegados a una estación de la que no recuerdo el nombre, descendimos del tren para montar de nuevo en el minibús y regresar a Kanchanaburi.

Total, que no eran ni las tres de la tarde y ya estaba de nuevo en Kan. En medio día nos había dado tiempo a montar en elefante, descender en balsa de bambú por un río, visitar una cascada, un museo, y hacer un tramo de un histórico ferrocarril. ¿Entendéis ahora porque no me gustan los “packs turísticos? Hice muchas cosas, sí, pero creo que no disfruté de ninguna de ellas…

De esta manera, tenía toda la tarde por delante y ni una sola idea de que hacer con mi existencia en Kanchanaburi, pues hasta el día siguiente no partiría hacia el sur del país, hacia las paradisíacas islas. Me planteé seriamente el avanzar mi partida a esa misma tarde, pero después me dije a mi mismo: “¿Qué prisa tienes?, estás de vacaciones”. Así que me decidí por simplemente disfrutar de la tarde; de nada en especial, simplemente de Kanchanaburi y su ambiente.

Paseé, olí, degusté, sentí… ¡Qué bueno es dejar a veces el planning de lado y disfrutar únicamente del sitio en el que estás! Desgraciadamente, el tiempo escaso en el que siempre me veo encorsetado me impide hacerlo a menudo. Dejé hasta la cámara de fotos en el hotel para ser uno más en el pueblo, así que no tengo ninguna fotografía de la tarde que allí pasé.

Tras una cena en Mangosteen y una buena Chang, puse punto y final a mis días en Kanchananuri. Un lugar que me aportó la tranquilidad que necesitaba tras el desenfreno de Bangkok.

Por la mañana temprano, cogería un autobús a la capital y desde allí otro con un destino que me apetecía sobremanera: Krabi.

 

 

 

 

Comentarios

  1. Open

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  2. Sergio

    Hola Tony,a mi me pasa lo mismo que a ti,voy a visitar ahora en febrero Kanchanaburi y solo tengo 2 dias para estar alli y con ese escaso tiempo no me da lugar de hacer todo lo que desearia.He visto el pack que contrataste y la verdad que esta mas o menos bien xq ves un poco de todo (aunque de manera rapida jajaja),me gustaria saber si te acuerdas del nombre de la agencia con la que contratastes dicho tour y si puede ser tambien el precio para tener una orientacion de lo que me puede costar (por lo que veo fue en 2012 y ya se que habra aumentado algo su precio)pero para tener una idea me viene bien.Muchas gracias Tony!!!
    Si deseas mandame tu respuesta a mi email zarping@hotmail.com

    1. Autor de la
      Entrada
      Toni

      Hola Sergio,

      Del nombre de la agencia no me acuerdo, recuerdo que estaba al inicio de la calle principal turística de Kanchanaburi. La excursión salió por 850 Baht, aunque te advierto que el tema de los elefantes fue muuuyyy decepcionante… 🙂

      Saludos

  3. Dany

    Hola Toni! Es cierto que para hacer determinadas excursiones o viajes te ves obligado a contratar un pack organizado, por ejemplo, recorrer Egipto de forma libre no es muy frecuente y cuando yo vaya seguro que lo haré con un pack, aunque no me guste nada viajar así… Pero bueno quédate con la experiencia, que no todos los días uno monta en elefante o recorre las vías de la muerte en un antiguo vagón… jejeje! Y seguro que luego disfrutaste mucho la tarde, relajado y sin prisas, eso es otro de los placeres de los viajes que muchas veces dejamos de lado…
    Un saludo!

    1. Autor de la
      Entrada
      Toni

      Hola Dany!

      Sí, supongo que hay ciertos lugares a los que debe ser difícil llegar de manera independiente…pero no será por no intentarlo! 🙂

      Un saludo!!!!

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