La Ciudad Vieja de Jerusalén.

Sábado 3/8/2013

Casi era medianoche cuando aterrizamos en el aeropuerto Ben Guiron de Tel Aviv. Íbamos un poco con la incertidumbre de saber si nos iba a tocar ser los sospechosos de turno en el control de pasaportes, pues sabíamos perfectamente de los férreos controles de seguridad israelíes. Efectivamente, fuimos apartados de la muchedumbre y preguntados: ¿Tienen previsto entrar en Palestina? ¿Conocen a algún amigo en Palestina?. Iba en serio. Tras responder negativamente a ambas preguntas, nos dejaron marchar como si tal cosa.

Cambiamos nuestros Euros en efectivo a ILS ( 1 Euro = 4,60 Shéquels en aquel momento) y tomamos un sherut a Jerusalén. Éste nos costó 68 ILS por persona y nos dejó en la la ciudad santa en 40 minutos. Estas furgonetas compartidas son probablemente la mejor manera de desplazarse del aeropuerto a Jerusalén. Además, te dejan en la puerta del hotel.

Entrando a la ciudad con nuestro sherut, empezamos a ver a través de la ventanilla a los primeros judíos ortodoxos, con su traje negro y sombrero, imagen que definitivamente nos hizo decirnos el uno al otro… ¡Esto comienza!

Hicimos el check in casi a las 2 de la mañana en el Abraham Hostel, alojamiento que nos acogería en los días que íbamos a estar en la ciudad, y nos fuimos a dormir. Era tarde, y había tanto que hacer al día siguiente….

Domingo 4/8/2013

Despertamos a las 9 de la mañana con las pilas bien cargadas. Había ganas de comerse la ciudad.

Desayunamos lo justo en el Abraham y caminamos 15 minutos por Jaffa Road, la arteria principal de la Jerusalén Occidental, en dirección a la Ciudad Vieja.

La Ciudad Vieja, la Jerusalén histórica, engloba entre sus muros la mayor parte de atractivos de la ciudad, así que nos adentramos en ella por la Puerta de Ja–´ffa.

Lo primero con lo que nos topamos fue la Ciudadela y la Torre de David (70 ILS con la “Noche Espectacular” incluída), visible desde varios puntos de la ciudad. Paseamos por entre las ruinas de lo que un día fue el Palacio de Herodes, para a continuación visitar el Museo de la Torre de David, donde se explica, paso a paso, la historia de la ciudad. Tras ello subimos a lo alto de la Torre de Herodes, en el mismo recinto, para fascinarnos con las vistas de la ciudad. Allá, no tan lejos, podía vislumbrarse el brillo dorado de la Cúpula de la Roca, aquella imagen que tantas veces había visto de la ciudad.

Proseguimos nuestro camino por David Street, dentro del barrio judío, una calle llena de paraditas, souvenirs, y… turistas. La Jerusalén vieja se divide en cuatro barrios, el judío, el cristiano, el armenio, y el musulmán, según la procedencia o credo de los que históricamente los han habitado.

Caminando caminando, llegamos hasta lo que iba a ser nuestro primer gran atractivo del viaje, y uno de los lugares que más nos han impactado de todos los que hemos visitado: El Muro de las Lamentaciones. Pasamos los controles de seguridad, y accedimos ala plaza donde se encuentra yo por mi parte, y Natalia por la suya, la de las mujeres. Increíble fue presenciar la devoción que los judíos sienten por este muro de 2.000 años de antigüedad, que fue lo poco que quedó tras la destrucción del Segundo Templo judío y, de ahí, su sacralidad.

Al ser Ramadán, el acceso a la Explanada de las Mezquitas estaba cerrado, así que tuvimos que cambiar de planes y seguir nuestro camino por la Ciudad Vieja.

Tras superar algún que otro control militar por las callejuelas, nos adentramos en el Barrio Musulmán, mucho más bullicioso y caótico. Paseamos por la calle Al Wad y nos adentramos en el Zoco de Al Qattanin.

Muy cerca de allí comimos pizza armenia y probamos el típico falafel en uno  de los restaurantes de la Via Dolorosa.

Ya por la tarde, recorrimos las 14 estaciones de la Via Dolorosa que nos separaban del Santo Sepulcro, catorce rincones de la ciudad marcados con números romanos por los que se dice pasó Jesús durante su penitencia.

A mitad del Via Crucis, subimos a la terraza del Hospicio Austriaco para, de nuevo, deleitarnos con las vistas de los tejados de Jerusalén.

Finalmente llegamos a la meta, la Iglesia del Santo Sepulcro, o el lugar donde los cristianos suponen que murio Jesús clavado en la cruz. La verdad es que el lugar impresiona. Y no por su belleza, pues se trata de una iglesia oscura y sin grandes alardes arquitectónicos, pero sí que te impacta por el misticismo que transmite. Religiosidad y fé en estado puro es el que se puede adivinar en las caras de los fieles y peregrinos que lo visitan. Fieles y peregrinos que no dudan en restregar sus pertenencias por la Piedra de la Unción, donde se dice yació el cuerpo inerte del profeta. Asistimos a una ceremonia griega ortodoxa donde se supone que está la piedra donde se clavó la cruz en el bíblico Monte Calvario y, finalmente, tras hacer cola, alcanzamos la 14ª estación, el Santo Sepulcro, la tumba de Jesús.

Tras la experiencia religiosa, y ya cayendo la noche, nos dirigimos de nuevo a la Ciudadela, para ver proyectada en sus muros la Historia de Jerusalén gracias a “La Noche Espectacular” un espectáculo de luces y sonido.

Subimos de nuevo por Jaffa Road, con gran ambiente nocturno en sus alrededores, hasta alcanzar nuestro hotel, del que disfrutamos su espectacular terraza mientras repasábamos lo que había dado de sí nuestro primer día en Tierra Santa. No nos podíamos quejar.

 

 

Comentarios

  1. Pingback: Israel Mediterráneo: Tel Aviv, Jaffa, Cesarea, y Acre. – TONI POR EL MUNDO

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