Jerusalén Oeste: Yad Vashem, Mehane Yehuda, y Mea Shearim

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Tras desayunarnos unos croissants en una panadería cercana a nuestro hotel, cogimos el tranvía (6,20 ILS) con la intención de descender en la última parada, “Mount Hertzl”, para visitar el impresionante museo sobre el holocausto Yad Vashem.

Tranvía de Jerusalén

Queda un poco apartado del centro de Jerusalén, así que una vez se baja en la última parada del tranvía, aún hay que caminar unos diez minutos hasta el museo. Con seguir a los turistas bastará para con encontrar el camino, sinó, siempre se puede preguntar.

Llegando al museo

La entrada al Museo, que a la vez hace de monumento conmemorativo, es totalmente gratuïta, así que solo hay que superar los habituales controles de seguridad para acceder a él.

Una vez dentro, el museo relata cronológicamente y con pelos y señales, el terror que supuso el Holocausto nazi para los judíos. Me pareció absolutamente sobrecogedor, desgarrador en algunas partes, como el Memorial a los niños o la Cúpula de los Nombres.

Interior del Yad Vashem
Cúpula de los nombres
Memorial a los niños

Secciones como la reconstrucción del guetto de Varsovia, o las que muestran los enseres personales de los reclusos  de los campos de concentración ponían también la piel de gallina. Desde mi punto de vista, Yad Vashem es una visita imprescindible, primero por su grandeza cómo museo, y segundo para acabar de entender al pueblo judío y esa herida  de la Historia que, por momentos, aún parece seguir abierta.

Exteriores del Yad Vashem
Monumento conmemorativo

Con el corazón en un puño salimos de las modernas y sobrias instalaciones del museo para coger de nuevo el tranvía y descender en un lugar mucho más alegre y colorista: El Mercado de Mehane Yehuda.

Mehane Yehuda
Natalia en una parada de Mehane Yehuda

Recorrimos las paradas del pintoresco mercado mientras a la vez “fichábamos” los locales que había para comer en su interior, pues se nos echaba encima la hora de llevarnos algo al estómago. Finalmente comimos en un pequeño local donde probamos los “mezze” , y disfrutamos del trasiego y el vociferio que como en ningún otro lado se conjugan en un mercado.

Mercado Mehane Yehuda
Productos del mercado
Mehane Yehuda
Mezze

Cuando salimos de la sombra de los toldos de las paradas, nos dimos cuenta de que el Sol estaba cayendo a plomo en Jerusalén, así que decidimos hacer un break y descansar un poco en el hotel, que teníamos justo al lado. O  llámalo siesta, es igual.

Alrededores de nuestro hotel
Nuestro Hotel, Abraham Hostels

El caso es que a las cinco de la tarde y frescos como rosas, pusimos rumbo caminando a una de los lugares que más respeto nos causaban de Jerusalén, la visita al barrio ultra-ortodoxo de Mea Shearim.

Habíamos oído hablar de las estrictas normas que rigen el barrio, sobretodo para mujeres turistas, así que Natalia se vistió “para la ocasión” y nos fuimos para allí.

“Penetrando” en Mea Shearim

Accedimos al barrio por Ethiopia St, y un cartel amenazador en plena calle ya nos advirtió de todo lo que ya sabíamos. Teníamos la sensación de que íbamos a entrar en zona de guerra o que nos iban a recibir con piedras, pero nada por el estilo. Supongo que en parte, porque supimos respetar sus normas.

Carteles de advertencia

Es cierto que da la sensación de haber entrado en la máquina del tiempo y haber retrocedido un siglo mientras se camina por las desvencijadas y poco cuidadas calles, más que nada por la clásica vestimenta de las mujeres y la característica de los hombres, todos de barba larga, sombrero, y un negro absoluto.

Mea Shearim
Mea Shearim

Tras deambular un rato por Mea Shearim, pusimo rumbo a la Ciudad Vieja, donde acabaríamos de pasar la tarde.

Paseamos por las tranquilas calles del barrio judío hasta que, en Habad St., nos topamos con unas escaleras que subían a una especie de azotea.

Barrio Judío, Ciudad Vieja
Ciudad Vieja

Al subir por ella, accedimos a los tejados de parte de la Ciudad Vieja, y caminamos por encima del bullicio que transcurría por debajo. Algunos lugareños utilizan estas azoteas como atajo par evitar las riadas de turistas. Nosotros lo utilizamos como perfecto lugar para disfrutar de un precioso atardecer sobre la ciudad y, más en concreto, sobre su afamada Cúpula de la Roca.

Azoteas de la Jerusalén vieja
Atardecer sobre la Cúpula de la Roca

La Ciudad Vieja de Jerusalén no paraba de ofrecernos rincones y momentos especiales, pero comenzaba a anochecer, así que pusimos rumbo hacia fuera de las murallas.

Ciudad Vieja de Jerusalén
Ciudad Vieja de Jerusalén
Souvenirs judíos

Tras una siempre agradable cena en los alrededores de la – siempre concurrida – Jaffa Road, dimos por concluída una jornada en la que habíamos descubierto la cara probablemente menos conocida de Jerusalén, su vertiente occidental, pero no por ello menos atractiva.

 

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