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feb 13 2012

VENECIA 2012 – DÍA 1: Encanto desbordante

Sábado 14/01/2012

Una de las – a veces demasiadas –  pegas de volar con Ryanair es que suele dejarte en  aeropuertos bastante alejados del objetivo o ciudad de destino. Venecia no fue una excepción, pues desembarcamos en el aeropuerto Antonio Canova, de Treviso. Esta población se encuentra a unos 40 kilómetros de la isla o, lo que es lo mismo, en torno a una hora en autobús lanzadera.

Como en casi todas nuestras escapadas europeas no facturamos maletas, así que fue bajar del avión, comprar nuestro billete de ida y vuelta a Venecia con la compañía ATVO (13 Euros), y montar en el autobús, que ya estaba a punto de salir. Como he dicho antes, en poco más de una hora y tras parar en Mestre, descendimos ahora sí en la isla, más en concreto en su centro neurálgico de comunicaciones: Piazzale Roma.

Teníamos claro que nuestra primera impresión de la ciudad la queríamos obtener haciendo una incursión por el Gran Canal, así que caminamos hasta la cercana “fermatta” de vaporetto para coger una línea 1 que nos acercaría hasta Piazza San Marco.

Abonamos los 6,50 Euros del billete sencillo y nos montamos en el primero que pasó. El día nos había salido bastante despejado, así que pudimos disfrutar al cien por cien de la belleza de los palacios del Gran Canal y su trasiego de vaporettos, góndolas, lanchas, taxis acuáticos… Si Venecia no fuera un destino tan popularizado y mediatizado, sería difícil de asimilar su estructura y belleza recorriéndola por la que es su arteria principal. Atravesamos palacios como el Ca D’Oro (todos los edificios tienen su fachada más reluciente encarada al Gran Canal) y algún que otro puente, como el majestuoso Rialto, antes de llegar unos 40 minutos después de nuestra salida a la parada de Piazza San Marco. El vaporetto 1 es realmente una buena manera de tener una primera toma de contacto con la ciudad.

Desembarcamos para caminar al filo del Gran Canal, disfrutando de lo que probablemente sea una de las mejores vistas y fotografías de toda Venecia: Las góndolas atracadas en los muelles con la isla de San Giorgio Maggiore y su basílica al fondo. Realmente espectacular.

El Palacio Ducal se dejó entrever tras una esquina para darnos la bienvenida a “uno de esos lugares”. La imponente Piazza San Marco se extendió ante nosotros con su famoso “campanile” y su Basílica de San Marco. “El salón más bello de Europa” según Napoleón y, pese a que puede que no le faltase algo de razón, desde mi punto de vista la afirmación es algo generosa. No es que Piazza San Marco me decepcionase, pero se va a verla con unas expectativas tan altas que quizá eso hace que a la hora de la verdad, se quede corta. Y esta es tan sólo mi opinión, faltaría más. Seguro que a muchos les fascina, pero la verdad es que yo me quedo de Venecia con sus callejuelas y canales.

Tras un paso fugaz por San Marco (aún íbamos arrastrando nuestras trolleys), pusimos rumbo al hotel con un inútil mapa en la mano. Y digo lo de inútil porque para orientarse por Venecia, más vale hacer servir la intuición. Debido a las enrebesadas y estrechas calles, intertarse orientar con un mapa es casi una pérdida de tiempo.

No sin  tener que ser ayudados por un amable veneciano antes, encontramos nuestro hotel. Y la verdad es que tan solo entrar por la puerta, nos dimos cuenta de que habíamos acertado. Habitación espaciosa y decorada a la veneciana, desayuno incluído, WIFI gratis, ubicación junto a un canal y a unos 10 minutos de Piazza San Marco y, lo mejor de todo, un precioso patio interior de 500 años de antigüedad. Todo por unos 50 Euros la noche, claró está, en Enero.

      

Aún sorprendidos de nuestro acierto, salimos de nuevo a la calle con la intención de buscar un lugar donde comer. Y ahí también acertamos. Encontramos muy cerquita del hotel un restaurante llamado ” Agli Artisti  da Piero” donde comimos unas pizzas deliciosas en un comedor preciosamente decorado con diversos motivos hechos en cristal procedente de la cercana isla de Murano, que visitaríamos en el último día de la escapada.

Había que ponerse las pilas pues la tarde comenzaba ya a apagarse. Y es que en las fechas en que visitamos Venecia, sobre las cuatro de la tarde la luz del día empieza a dejar paso a la oscuridad.

Así que nos dimos prisa para dirigirnos de nuevo hacia Piazza San Marco y visitarla, ahora sí, como se merece. La recorrimos entera, mirando de reojo a las carísimas cafeterías, como el histórico Café Florian, que pueden llegar a cobrarte cantidades astronómicas por un café. Entramos en la Basílica de San Marco, de preciosa fachada, aunque con algún andamio que la hacía de menos. Antes, tuve que dejar la mochila de mi cámara de fotos en las consignas de una pequeña iglesia situada en una de las callejuelas que confluyen en la plaza. El interior de la basílica es una delicia con sus mosaicos bizantinos y la escasa luz que penetra por la cristalera de su fachada frontal. Declinamos hacer las visitas suplementarias como la Palla d’Oro o el tesoro, para disfrutar simplemente de un lugar con mucha historia.

    

Al salir de la basílica, pudimos ver como el Sol ya comenzaba a caer en un color naranja que invitaba a quedarse mirándolo de manera hipnótica. Y qué mejor manera para ver una magnífica puesta de sol que en el muelle de góndolas que hay tras Piazzale San Marco, junto al Palacio Ducal y con la isla de San Giorgio Maggiore en el horizonte. Probablemente el mejor lugar de la ciudad para disfrutar de tal evento. Pasamos por el famoso puente de los suspiros, romántico de primeras y por el nombre, hasta que se conoce que se llama así por los suspiros que los condenados a muerte soltaban al pasar bajo él.

Tras la puesta de sol, el frío hizo acto de presencia, así que nos abrigamos bien y nos dispusimos a recorrer el cercano barrio de Castello sin ningún rumbo fijo. Callejear y callejear dejándonos caer en el banco de algún solitario “campo” (plaza pequeña), en un café de barrio, o en alguna tienda de artesanía a precios más que decentes. Mientras más se aleje uno de San Marco, mejores precios encontrará.

Continuamos nuestro paseo, ya de noche, por el elegante barrio de San Marco, sin ningún objetivo concreto más que pasear y empaparnos del auténtico ambiente veneciano. Y como no, de hacer decenas de fotografías nocturnas de los románticos rincones del barrio donde se aloja Piazza San Marco.

Plaza que, como colofón a nuestro primer día en la isla, se nos mostró con todo su esplendor a la luz de la luna y de la ténue iluminación de sus elementos más característicos.

El día no dio mucho más de sí, simplemente nos buscamos un puesto de pizzas al taglio para cogernos unas porciones y llevarlas a la habitación del hotel. El frío había hecho mella y ya estábamos algo cansados, pero con un regusto más que dulce de nuestra primera toma de contacto con la ciudad. Dulce regusto también porque nuestra experiencia veneciana no había hecho más que empezar

 

 

 

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