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Jun 29 2013

PROVENZA / COSTA AZUL 2013 – DÍA 1: Cannes, Antibes, y Saint Paul de Vence

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Viernes 29/03/2013

La tarde -noche anterior habíamos viajado más de 6 horas seguidas en coche desde Barcelona hasta la encantadora población de Vence, en la Provenza francesa, así que esa mañana nos despertamos ya descansados dispuestos a descubrir una de las regiones (Provenza-Alpes-Costa Azul) más atractivas de Francia.

Desde la ventana de la habitación de nuestro hotel, podíamos apreciar la plaza principal del pueblo, que ese viernes santo hervía de gente con un mercado de productos autóctonos de la región.

Planeamos dedicar nuestra primera mañana a Cannes mientras devorábamos unos crepes de Nutella en una de las terrazas de una “boulangerie” cualquiera de la plaza.

Antes de ello y aprovechando la cercanía de nuestro hotel al casco antiguo de Vence, decidimos pasear un poco por él, deteniéndonos en las numerosas paradas de productos artesanos y especias, entre las que se encuentran las famosas Hierbas de Provenza. También las bolsitas de lavanda son muy vendidas en la zona.

Comenzó a llover levemente así que decidimos coger el coche y cubrir los 45 minutos que nos separaban de Cannes para ver si con un poco de suerte la lluvia no nos acompañaba.

Tuvimos la “suerte” de encontrar un sitio para aparcar en una zona azul de pago bastante cercana al casco antiguo, así que no nos lo pensamos (4 horas / 3 Euros).

Cannes es una ciudad costera de la riviera francesa, relativamente pequeña, y que debe su fama al glamouroso festival de cine que cada año, para Mayo, se celebra en la ciudad. Se trata de una ciudad que respira lujo, sobretodo si paseas por el Boulevard La Croisette, que transcurre paralelo al mar.

Cannes también dispone de un coqueto entramado de calles que forman el casco antiguo y ascienden por la Colina de Suquet, en cuya cima se haya la iglesia de Nuestra Señora de la Esperanza y desde donde se obtienen unas inmejorables vistas de la bahía de Cannes y su puerto deportivo (plagado de yates).

Otro de los – a prori – atractivos de la ciudad, el recinto que alberga el festival, fue un verdadero bluf, pues no dispone del glamour que sí lo rodea. Es un simple edificio de congresos en cuyos alrededores hay una especie de Paseo de las Estrellas con algunas de las huellas de famosos actores y directores que han desfilado por su alfombra roja. Y es que Cannes además de glamour respira cine, y se pueden obtener varias pruebas de ello solo con dar un corto paseo por la zona más céntrica.

Tras cubrir todos estos atractivos en poco más de tres horas, comer en un Mc Donalds del centro, y darnos cuenta de que podríamos haber muerto tranquilos sin haber conocido Cannes, nos dirigimos hacia donde teníamos aparcado el coche para poner rumbo, siguiendo la costa, a nuestro siguiente objetivo: Antibes.

En poco menos de media hora ya estábamos aparcando (y pagando como siempre) cerca del centro de la población.

El día se había arreglado bastante, el Sol brillaba y el cielo había vuelto a su color azul original.

Paseamos por el casco antiguo de Antibes hasta llegar a la línea de mar, donde se haya una especie de fortaleza casi a orillas del azul mar de la riviera francesa. Poco más le exprimimos a Antibes que eso y cuatro rincones bonitos más de su casco antiguo.

Como íbamos bastante bien de tiempo, decidimos aprovechar lo que quedaba de tarde para hacer una última visita al pueblecito medieval de Saint Paul de Vence, encaramado a una colina de la Provenza en un paisaje que me hizo recordar bastante a la región de la Toscana italiana.

Saint Paul de Vence es un conjunto de callejuelas empedradas, de aire medieval, en el que se respira arte y buena comida. Plagado de galerías de arte pero sin necesidad de ellas, pues cada esquina, cada rincón, cada callejuela empinada flanqueada de enredaderas, conforma en sí misma una obra de arte.

Estuvimos paseando por sus calles y disfrutando también del precioso paisaje del que se puede disfrutar desde las murallas exteriores. Al ser una población que está sobre un cerro, domina el paisaje de suaves colinas verdes del los alrededores y los Alpes Marítimos por un lado, y del azul mar de la Costa Azul por el otro.

Acabamos la tarde, cuando ya caía el sol y la población había adquirido una luz especial, tomando algo en una terraza de una elegante cafetería como sólo las saben hacer los franceses.

Regresamos ya oscureciendo a Vence, a escasos 10 minutos en coche de la vecina Saint Paul.

Como cada noche dejamos el coche durmiendo en párking de pago ( no había otra opción para aparcar razonablemente cerca del hotel) y, tras descansar un rato en el hotel, comenzamos la búsqueda de algún buen restaurante para cenar.

No tuvimos que buscar mucho ya que, a parte de que en esta parte del mundo comer mal es algo complicado, justo debajo de nuestro hotel encontramos un restaurante con pianista en directo que nos ofreció una cena perfecta, que puso una perfecta guinda a nuestro primer día de viaje.

 

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