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Mar 02 2016

Ciudad de Panamá, una urbe entre dos océanos.

Tras un vuelo de diez horas en un avión de Iberia que dejaba bastante que desear, aterrizamos en el aeropuerto Tocumén de Ciudad de Panamá.

Lo primero que hicimos fue cambiar nuestros Euros en efectivo a Dólares americanos, pues es la moneda de curso legal en Panamá. También lo son los balboas, que equivalen al Euro aunque sólo están en moneda.

Nuestra idea era la de, nada más llegar, desplazarnos a la estación de transporte de Albrook para comprar los billetes del autobús que al día siguiente, por la noche, debía llevarnos a Bocas del Toro. Cual fue nuestra sorpresa al llegar a la estación y enterarnos que los billetes solo se vendían el día de salida. De camino a la terminal, pasamos por algún que otro barrio periférico que nos recordó la tremenda desigualdad reinante en la ciudad en la que acabábamos de aterrizar, una zona llena de prostitutas, mendigos, y gente con pinta de no tener muy buena reputación.

Con la sensación de haber tirado el dinero para desplazarnos hasta Albrook, cogimos otro taxi hasta nuestro hotel, ya en Ciudad de Panamá, concretamente en el barrio del Cangrejo.

Terraza de nuestro hotel

 

Entre el bochorno que hacía y que llevábamos un jet lag considerable, aquella tarde-noche tan solo nos dio para cenar en un restaurante típico panameño, El Trapiche, donde empezamos a degustar platos típicos de la gastronomía centroamericana, como la Ropavieja.

Cenando en “El Trapiche”

 

Ropavieja

 

Aquella noche dormimos como unos benditos, aunque un servidor a las 4 am ya estaba con los ojos como platos.

Desayunamos lo más temprano que nos permitió el hotel y nos encaminamos hacia Via Argentina para coger el metro que iba a dejarnos en la estación de 5 de septiembre, cerca de la cinta costera, donde pretendíamos dirigirnos. Antes de ponerse a coger el metro por la ciudad es conveniente consultar con el hotel, nosotros lo hicimos, en que zonas y barrios es mejor no meterse, como por ejemplo el barrio de El Chorrillo.

Caminamos entre la jungla de tráfico hasta la Cinta Costera, paseo marítimo que baña el Pacífico. Atravesamos el hediondo Mercado de Mariscos y nos topamos con una de las mejores vistas de la ciudad: El skyline del centro financiero.

Skyline desde la Cinta Costera

 

Skyline de Panama City

 

Allí estuvimos sacándonos unas cuantas fotos y soportando el tremendo calor antes de poner rumbo por la propia cinta costera hacia el casco antiguo de la ciudad, antaño abandonado y que ahora está siendo restaurado para el turismo poco a poco.

Casco antiguo de Ciudad de Panamá

 

Caminando hacia el casco antiguo

 

Ciudad de Panamá

 

Paseamos por la Plaza de la Independencia y la Plaza de Francia, y visitamos la Iglesia de la Merced, de estilo colonial. El casco viejo de Ciudad de Panamá es como un pequeño oasis en el que se venden sombreros panameños y souvenirs, alejado de la cotidianeidad de una ciudad de muchos contrastes y desigualdad, en la que ni la pobreza ni la riqueza se disimulan. Y es que la Mahattan latina, como se la conoce, con sus más de un millón de habitantes, se ha convertido en una gran urbe que ha crecido y crece bajo el calor  que supone el tremendo impulso económico que genera el Canal de Panamá.

Puesto de sombreros panameños

 

Casco antiguo, Ciudad de Panamá

 

Iglesia de la Merced

 

Casco antiguo, Ciudad de Panamá

 

Viviendas reformadas del casco antiguo

 

Desde el casco viejo tomamos un taxi hasta Bellavista, a los pies de los rascacielos forman toda una jungla de cristal. Entre ellos destaca uno, “El Tornillo” como lo llaman ellos, un edificio que parece se haya retorcido sobre sí mismo. Por las calles cercanas a Bellavista captamos el ambiente de una Ciudad de Panamá frenética, con ejecutivos y oficinistas caminando con prisa de aquí para allá.

Los altos rascacielos de la zona financiera

 

“El tornillo”, a la derecha, y otros rascacielos de Panama City

 

La tarde se acercaba, y con ella el momento de dirigirnos de nuevo a Albrook para coger nuestro bus a Bocas del Toro, así que nos encaminamos a los alrededores del hotel para comer por allí y hacer algo de tiempo.

Cogimos de nuevo un taxi que nos dejó en la terminal de autobuses y compramos los billetes a Bocas. También compramos la tarjeta recargable que es necesaria para poder pasar por los tornos hasta los andenes.

Nuestro viaje estaba programado para las siete de la tarde, así que esperamos pacientemente antes de subir en un autobús que iba a ser nuestro transporte y cama para aquella noche, pues el viaje a Bocas del Toro iba a alargarse hasta las 12 horas, llegando a Almirante a la mañana siguiente. Cruzábamos los dedos para que tal paliza valiera la pena. Y vaya si lo hizo.

 

TIPS

  • Los taxis de la terminal de transporte Albrook a Ciudad de Panamá (y viceversa) cuestan unos 5 Dólares. Hay que ir con cuidado con los taxistas, porque a poco que pueden intentarán cobrarte sobreprecio. A nosotros nos pasó en el aeropuerto.

  • El Barrio del Cangrejo es ideal para alojarse en la ciudad, pues es tranquilo y tiene bastantes restaurantes cerca. Nosotros nos alojamos en el Hostal Entre 2 Aguas, bastante bien por el precio de 60 dólares/noche la habitación triple.

  • Os recomendamos cenar en el restaurante “El Trapiche”, comida típica panameña y centroamericana a buen precio. Se encuentra en Via Argentina, en el barrio de El Cangrejo.

  • La palabra preferida de los panameños es “awebao”, una versión del “atontao” o “empanao” españoles.

  • El autocar a Bocas del Toro nos costó 28 Dólares por cabeza. Sale de la estación de Albrook y nuestro viaje duró doce horas, aunque tuvimos algún contratiempo por el camino. Se hace una parada de 25 minutos para cenar algo y hay que abrigarse, pues ponen el aire acondicionado a tope durante todo el trayecto.

 

UBICACIÓN

 

 

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