Lunes 20/09/2010
Y como quien no quiere la cosa… ya estábamos iniciando nuestro último día de viaje. Esa misma tarde tomaríamos un vuelo interno hacia Estambul, donde permaneceríamos en su aeropuerto hasta la hora en que otro vuelo nos devolvería a Barcelona.
Después de un modesto desayuno en nuestro hotel y de hacer el check out, salimos a acabar de disfrutar la ciudad en una mañana soleada. No nos planteamos ningún recorrido ni ninguna visita a realizar, simplemente nos dispusimos a caminar por las calles sin rumbo alguno y a aprovechar para comprar los últimos recuerdos que habían quedado pendientes.
Comenzamos caminando por el remodelado paseo marítimo, el Kordon, que a esas horas de la mañana se presentaba bastante solitario, tranquilidad tan solo perturbada por los bares y restaurantes de los aledaños, que comenzaban a montar sus terrazas. A parte de los pintorescos barcos de pescadores, por el paseo nos fuimos encontrando con varias figuras de vacas que lo decoraban. Un tema bastante curioso que aún a día de hoy no acabamos de entender; puede que se tratara simplemente de una exposición temporal, pero la ciudad tenía vacas por todas partes y de todas las formas y colores.
Anécdotas a parte, regresamos (ahora por el interior de la ciudad) hacia la zona del bazar. Atravesamos una de las plazas principales de Izmir, Cumhuriyet Meydani, antes de adentrarnos de nuevo en unas callejuelas que estaban menos bulliciosas que el día anterior. Nos perdimos por el entramado de calles visitando de vez en cuando alguna que otra tienda donde nos hicimos con algunos recuerdos que no eran el famoso ojo turco, souvenir que ya habíamos adquirido en el Gran Bazar de Estambul.
Jose y yo nos decantamos por comprar unos juegos de Backgammon, ya que vimos que era bastante típico entre los lugareños y sentíamos curiosidad sobre como se jugaría, pese a ser un juego muy extendido desde hace tiempo en occidente. La verdad es que fue de lo poco que compré pues no me gusta ir muy cargado de recuerdos en los viajes; con las fotografías y un imán de nevera tengo más que suficiente a no ser que algo me llame realmente la atención. Y el backgammon lo hizo.
La mañana fue transcurriendo lentamente entre paseos y paraditas para tomar algo hasta que se nos vino encima la hora de comer. Fuimos a lo barato, y comimos un kebab sentados en un puesto callejero antes de regresar al hotel para recoger las mochilas. Era el momento de ir tirando para el aeropuerto y para ello teníamos pensado ir en taxi.
Después de preguntar algunos precios, nos acabamos montando con un taxista que se ofreció a llevarnos por unas 30 TL, si no recuerdo mal. Apretados y con mucho calor metidos los 5 en el taxi, cubrimos la media hora aproximada que nos separaba del aeropuerto.
A partir de ese momento lo de siempre: rutina aeroportuaria. Volamos hasta el aeropuerto de Estambul con la compañía Pegasus – la low cost turca – y la verdad es que todo funcionó a la perfección en un vuelo que apenas llegó a la hora de duración. Una vez en el Sabiha Gokcen de Estambul nos tocaba tener paciencia: eran apenas las 8 de la tarde y nuestro vuelo de regreso no salía hasta las 5 de la mañana. De nuevo tocaba pasar la noche en el aeropuerto… Tumbados en unas butacas de plástico nos fuimos despidiendo de un viaje que tocaba a su fin después de recorrer durante 15 días uno de los países más interesantes que se pueda visitar.
Para futuras visitas quedará el este del país, la costa del Mar Negro, la zona del Mediterráneo meridional con la ruta lycia, o el increíble Nemrut Dagi, cuya visita tengo clavada como una espina. Por este motivo no le dijimos adiós al país. No, porque a poco que pueda intentaré volver para que me acabe de enseñar todos sus encantos. Por eso digo que no es un adiós sinó un… HASTA LA PRÓXIMA, TURQUÍA!
Güle güle!!!



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