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Sep 16 2014

Jerusalén Oeste: Yad Vashem, Mehane Yehuda, y Mea Shearim

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Tras desayunarnos unos croissants en una panadería cercana a nuestro hotel, cogimos el tranvía (6,20 ILS) con la intención de descender en la última parada, “Mount Hertzl”, para visitar el impresionante museo sobre el holocausto Yad Vashem.

Tranvía de Jerusalén

Queda un poco apartado del centro de Jerusalén, así que una vez se baja en la última parada del tranvía, aún hay que caminar unos diez minutos hasta el museo. Con seguir a los turistas bastará para con encontrar el camino, sinó, siempre se puede preguntar.

Llegando al museo

La entrada al Museo, que a la vez hace de monumento conmemorativo, es totalmente gratuïta, así que solo hay que superar los habituales controles de seguridad para acceder a él.

Una vez dentro, el museo relata cronológicamente y con pelos y señales, el terror que supuso el Holocausto nazi para los judíos. Me pareció absolutamente sobrecogedor, desgarrador en algunas partes, como el Memorial a los niños o la Cúpula de los Nombres.

Interior del Yad Vashem

Cúpula de los nombres

Memorial a los niños

Secciones como la reconstrucción del guetto de Varsovia, o las que muestran los enseres personales de los reclusos  de los campos de concentración ponían también la piel de gallina. Desde mi punto de vista, Yad Vashem es una visita imprescindible, primero por su grandeza cómo museo, y segundo para acabar de entender al pueblo judío y esa herida  de la Historia que, por momentos, aún parece seguir abierta.

Exteriores del Yad Vashem

Monumento conmemorativo

Con el corazón en un puño salimos de las modernas y sobrias instalaciones del museo para coger de nuevo el tranvía y descender en un lugar mucho más alegre y colorista: El Mercado de Mehane Yehuda.

Mehane Yehuda

Natalia en una parada de Mehane Yehuda

Recorrimos las paradas del pintoresco mercado mientras a la vez “fichábamos” los locales que había para comer en su interior, pues se nos echaba encima la hora de llevarnos algo al estómago. Finalmente comimos en un pequeño local donde probamos los “mezze” , y disfrutamos del trasiego y el vociferio que como en ningún otro lado se conjugan en un mercado.

Mercado Mehane Yehuda

Productos del mercado

Mehane Yehuda

Mezze

Cuando salimos de la sombra de los toldos de las paradas, nos dimos cuenta de que el Sol estaba cayendo a plomo en Jerusalén, así que decidimos hacer un break y descansar un poco en el hotel, que teníamos justo al lado. O  llámalo siesta, es igual.

Alrededores de nuestro hotel

Nuestro Hotel, Abraham Hostels

El caso es que a las cinco de la tarde y frescos como rosas, pusimos rumbo caminando a una de los lugares que más respeto nos causaban de Jerusalén, la visita al barrio ultra-ortodoxo de Mea Shearim.

Habíamos oído hablar de las estrictas normas que rigen el barrio, sobretodo para mujeres turistas, así que Natalia se vistió “para la ocasión” y nos fuimos para allí.

“Penetrando” en Mea Shearim

Accedimos al barrio por Ethiopia St, y un cartel amenazador en plena calle ya nos advirtió de todo lo que ya sabíamos. Teníamos la sensación de que íbamos a entrar en zona de guerra o que nos iban a recibir con piedras, pero nada por el estilo. Supongo que en parte, porque supimos respetar sus normas.

Carteles de advertencia

Es cierto que da la sensación de haber entrado en la máquina del tiempo y haber retrocedido un siglo mientras se camina por las desvencijadas y poco cuidadas calles, más que nada por la clásica vestimenta de las mujeres y la característica de los hombres, todos de barba larga, sombrero, y un negro absoluto.

Mea Shearim

Mea Shearim

Tras deambular un rato por Mea Shearim, pusimo rumbo a la Ciudad Vieja, donde acabaríamos de pasar la tarde.

Paseamos por las tranquilas calles del barrio judío hasta que, en Habad St., nos topamos con unas escaleras que subían a una especie de azotea.

Barrio Judío, Ciudad Vieja

Ciudad Vieja

Al subir por ella, accedimos a los tejados de parte de la Ciudad Vieja, y caminamos por encima del bullicio que transcurría por debajo. Algunos lugareños utilizan estas azoteas como atajo par evitar las riadas de turistas. Nosotros lo utilizamos como perfecto lugar para disfrutar de un precioso atardecer sobre la ciudad y, más en concreto, sobre su afamada Cúpula de la Roca.

Azoteas de la Jerusalén vieja

Atardecer sobre la Cúpula de la Roca

La Ciudad Vieja de Jerusalén no paraba de ofrecernos rincones y momentos especiales, pero comenzaba a anochecer, así que pusimos rumbo hacia fuera de las murallas.

Ciudad Vieja de Jerusalén

Ciudad Vieja de Jerusalén

Souvenirs judíos

Tras una siempre agradable cena en los alrededores de la – siempre concurrida – Jaffa Road, dimos por concluída una jornada en la que habíamos descubierto la cara probablemente menos conocida de Jerusalén, su vertiente occidental, pero no por ello menos atractiva.

 

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Feb 26 2014

Monte de los Olivos y Monte Sion

Sábado 05/08/2013

Tras un primer día explorando gran parte de lo que tenía por ofrecernos la Jerusalén intramuros, decidimos comenzar nuestro segundo día por los alrededores de la Jerusalén amurallada, más en concreto por el bíblico Monte de los Olivos.

Para acceder a él, caminamos hasta la Puerta de Damasco en la zona musulmana de la ciudad, mucho más caótica y sucia. El plan era el de coger un bus local, el 75, para que nos dejara  en lo alto de la colina y así solo tener que descenderla a pie.

Pese a que el bus nos dejó en la calle principal del Monte de los Olivos, deambulamos un rato sin rumbo, algo desorientados, hasta que comenzamos a encontrar algún que otro cartel indicativo.

El Sol caía a plomo a esa hora de la mañana y la verdad es que el habernos ahorrado la subida a pie fue todo un acierto.

Tras pasar por delante de la Capilla Rusa de la Ascensión, llegamos hasta las Tumbas de los Profetas. Entramos a curiosear, pero al parecer estaban cerradas pues no había nadie allí para atender a los 4 gatos que nos habíamos juntado.

Uno de los puntos fuertes del Monte de los Olivos es sin duda la genial vista que ofrece de la Ciudad Vieja de Jerusalén. Allí estuvimos un rato haciendo algunas fotos entre otros turistas, grupos de alumnos, y algún que otro camello.

Bajo nosotros, el enorme cementerio judío que se extiende por la ladera de la colina. Tan sólo unos pocos judíos ortodoxos lo visitaban, caminando entre las sobrias tumbas con las características piedras encima, cual flores en un cementerio cristiano. Dice el libro de Zacarías, que todos los judíos enterrados en el Monte de los Olivos serán redimidos por Dios el día de la llegada del nuevo Mesías. Se entiende entonces el tamaño del cementerio, pues todo el mundo quiere descansar eternamente allí. Hasta el momento, 150.000 judíos lo hacen convirtiéndolo en el cementerio en uso más antiguo del mundo.

La entrada al cementerio está restringida a la religión judía, así que comenzamos nuestro descenso de la colina. Pasamos por delante de la Iglesia de Mª Magdalena que a esas horas, las 12 del mediodía, ya se encontraba cerrada. Los Jardines de Getsemaní y la Tumba de la Virgen María, las que iban a ser nuestras siguientes visitas, también se encontraban cerradas. Afortunadamente, estos dos últimos lugares abrían de nuevo por la tarde, así que tendríamos que volver.

Accedimos a la Ciudad Vieja por la Lion’s Gate y caminamos hasta el barrio cristiano para comernos unos carísimos shawarma en unos de sus restaurantes. En este punto, aprovecho para incidir en que Israel no es para nada un país barato como por error se puede pensar de antemano. Los precios están perfectamente equiparables a cualquier país de Europa occidental, sobretodo en las zonas no musulmanas.

Tras hacer algunas compras en el zoco, regresamos al Monte de los Olivos atravesando la Via Dolorosa para visitar los dos lugares que nos habíamos dejado en el tintero. Comenzamos por la Tumba de la Virgen María, lugar donde se cree fue enterrada allá por el s. I. El lugar, uno de los más sagrados del cristianismo, es oscuro y de ambiente lúgrube, lo cual no impide que rezume sacralidad por los cuatro costados nada más descender las solemnes escaleras que le dan acceso.

Tras su visita, no tuvimos que desplazarnos mucho para adentrarnos en otro lugar bíblico, esta vez mucho más luminoso y abierto: Los Jardines de Getsemaní. Para quién no crea o no quiera creer, tan sólo se encontrará con un pequeño jardín plantado de olivos. Para los más creyentes, es el lugar donde se cree Jesús fue arrestado por los romanos. La moderna iglesia que se encuentra adyacente, completa la visita.

Cogimos un taxi (50 ILS) hasta la Puerta de Sion, en la que se puede apreciar las marcas de balazos que quedaron grabados en sus muros tras la Guerra de la Independencia de Israel. El motivo de habernos dirigido hasta aquella puerta era la cercanía de la Tumba del Rey David, en las proximidades, uno de los lugares más sagrados de la religión judía y donde se cree fue enterrado. Casualidades de la vida, o no tanto, a muy pocos metros de la tumba, se haya otro de los lugares sagrados del cristianismo, el Cenáculo, o sala donde se cree tuvo lugar la Última Cena, ahora una sala vacía que deja bastante frío. Jerusalén tiene estas cosas, lugares sagrados de distintas religiones que casi se comen el terreno unos a otros, cuando no lo hacen.

Muy cerca de donde nos encontrábamos, también en el Monte Sión, se encuentra el cementerio cristiano donde fue enterrado Oskar Schindler, famoso nazi que salvo la vida de más de mil judíos tras ponerlos a trabajar en su fábrica durante el Holocausto, historia perfectamente plasmada en la oscarizada película de Steven Spielberg “La lista de Schindler”. Su tumba es perfectamente reconocible pues es la única que tiene piedras encima, como muestra clara del agradecimiento judío. Pudimos ver la tumba de milagro, pues tuvimos que convencer al conserje para que nos abriera el cementerio a nosotros solos, pues en aquel momento estaba cerrado.

Posteriormente, accedimos a la Ciudad Vieja por la Puerta de Sion, y callejeamos por el cuidado y reformado barrio judío. Tomamos algo en una de las agradables terrazas de la Plaza Hurva, mientras observábamos el ir y venir de la gente, en su mayoría judíos ortodoxos con su característico atuendo.

Ya por la noche, salimos a cenar por los alrededores de Jaffa Road que, como el día anterior, tenían un genial ambiente. Músicos callejeros, familias paseando con sus hijos, terrazas repletas, ambiente distendido… Lo que veíamos desde nuestra mesa devorando un poco de comida tailandesa era lo que podía ser el ambiente nocturno de cualquier ciudad una noche de verano, todo muy alejado de la imagen tensa y áspera que teníamos del país antes de visitarlo…

Y eso fue todo lo que dio de sí nuestro segundo día, el penúltimo visitando Jerusalén. Para nuestro último día teníamos pensado descubrir la Jerusalén Occidental, con sus museos, mercados, y barrios ultra-conservadores…

 

 

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Ene 17 2014

La Ciudad Vieja de Jerusalén.

Sábado 3/8/2013

Casi era medianoche cuando aterrizamos en el aeropuerto Ben Guiron de Tel Aviv. Íbamos un poco con la incertidumbre de saber si nos iba a tocar ser los sospechosos de turno en el control de pasaportes, pues sabíamos perfectamente de los férreos controles de seguridad israelíes. Efectivamente, fuimos apartados de la muchedumbre y preguntados: ¿Tienen previsto entrar en Palestina? ¿Conocen a algún amigo en Palestina?. Iba en serio. Tras responder negativamente a ambas preguntas, nos dejaron marchar como si tal cosa.

Cambiamos nuestros Euros en efectivo a ILS ( 1 Euro = 4,60 Shéquels en aquel momento) y tomamos un sherut a Jerusalén. Éste nos costó 68 ILS por persona y nos dejó en la la ciudad santa en 40 minutos. Estas furgonetas compartidas son probablemente la mejor manera de desplazarse del aeropuerto a Jerusalén. Además, te dejan en la puerta del hotel.

Entrando a la ciudad con nuestro sherut, empezamos a ver a través de la ventanilla a los primeros judíos ortodoxos, con su traje negro y sombrero, imagen que definitivamente nos hizo decirnos el uno al otro… ¡Esto comienza!

Hicimos el check in casi a las 2 de la mañana en el Abraham Hostel, alojamiento que nos acogería en los días que íbamos a estar en la ciudad, y nos fuimos a dormir. Era tarde, y había tanto que hacer al día siguiente….

Domingo 4/8/2013

Despertamos a las 9 de la mañana con las pilas bien cargadas. Había ganas de comerse la ciudad.

Desayunamos lo justo en el Abraham y caminamos 15 minutos por Jaffa Road, la arteria principal de la Jerusalén Occidental, en dirección a la Ciudad Vieja.

La Ciudad Vieja, la Jerusalén histórica, engloba entre sus muros la mayor parte de atractivos de la ciudad, así que nos adentramos en ella por la Puerta de Ja–´ffa.

Lo primero con lo que nos topamos fue la Ciudadela y la Torre de David (70 ILS con la “Noche Espectacular” incluída), visible desde varios puntos de la ciudad. Paseamos por entre las ruinas de lo que un día fue el Palacio de Herodes, para a continuación visitar el Museo de la Torre de David, donde se explica, paso a paso, la historia de la ciudad. Tras ello subimos a lo alto de la Torre de Herodes, en el mismo recinto, para fascinarnos con las vistas de la ciudad. Allá, no tan lejos, podía vislumbrarse el brillo dorado de la Cúpula de la Roca, aquella imagen que tantas veces había visto de la ciudad.

Proseguimos nuestro camino por David Street, dentro del barrio judío, una calle llena de paraditas, souvenirs, y… turistas. La Jerusalén vieja se divide en cuatro barrios, el judío, el cristiano, el armenio, y el musulmán, según la procedencia o credo de los que históricamente los han habitado.

Caminando caminando, llegamos hasta lo que iba a ser nuestro primer gran atractivo del viaje, y uno de los lugares que más nos han impactado de todos los que hemos visitado: El Muro de las Lamentaciones. Pasamos los controles de seguridad, y accedimos ala plaza donde se encuentra yo por mi parte, y Natalia por la suya, la de las mujeres. Increíble fue presenciar la devoción que los judíos sienten por este muro de 2.000 años de antigüedad, que fue lo poco que quedó tras la destrucción del Segundo Templo judío y, de ahí, su sacralidad.

Al ser Ramadán, el acceso a la Explanada de las Mezquitas estaba cerrado, así que tuvimos que cambiar de planes y seguir nuestro camino por la Ciudad Vieja.

Tras superar algún que otro control militar por las callejuelas, nos adentramos en el Barrio Musulmán, mucho más bullicioso y caótico. Paseamos por la calle Al Wad y nos adentramos en el Zoco de Al Qattanin.

Muy cerca de allí comimos pizza armenia y probamos el típico falafel en uno  de los restaurantes de la Via Dolorosa.

Ya por la tarde, recorrimos las 14 estaciones de la Via Dolorosa que nos separaban del Santo Sepulcro, catorce rincones de la ciudad marcados con números romanos por los que se dice pasó Jesús durante su penitencia.

A mitad del Via Crucis, subimos a la terraza del Hospicio Austriaco para, de nuevo, deleitarnos con las vistas de los tejados de Jerusalén.

Finalmente llegamos a la meta, la Iglesia del Santo Sepulcro, o el lugar donde los cristianos suponen que murio Jesús clavado en la cruz. La verdad es que el lugar impresiona. Y no por su belleza, pues se trata de una iglesia oscura y sin grandes alardes arquitectónicos, pero sí que te impacta por el misticismo que transmite. Religiosidad y fé en estado puro es el que se puede adivinar en las caras de los fieles y peregrinos que lo visitan. Fieles y peregrinos que no dudan en restregar sus pertenencias por la Piedra de la Unción, donde se dice yació el cuerpo inerte del profeta. Asistimos a una ceremonia griega ortodoxa donde se supone que está la piedra donde se clavó la cruz en el bíblico Monte Calvario y, finalmente, tras hacer cola, alcanzamos la 14ª estación, el Santo Sepulcro, la tumba de Jesús.

Tras la experiencia religiosa, y ya cayendo la noche, nos dirigimos de nuevo a la Ciudadela, para ver proyectada en sus muros la Historia de Jerusalén gracias a “La Noche Espectacular” un espectáculo de luces y sonido.

Subimos de nuevo por Jaffa Road, con gran ambiente nocturno en sus alrededores, hasta alcanzar nuestro hotel, del que disfrutamos su espectacular terraza mientras repasábamos lo que había dado de sí nuestro primer día en Tierra Santa. No nos podíamos quejar.

 

 

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