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May 03 2012

VENECIA 2012 – DÍA 3: Murano y Burano

Lunes 16/01/2012

Venecia comparte espacio en su laguna con otras islas algo más pequeñas como Murano, Burano, Torcello, o el Lido. Para nuestro último día de la escapada, teníamos previsto dejar un poco de lado Venecia para dedicar buena parte del tiempo a visitar dos de ellas, quizá las que nos dieron más motivos acercarnos: De Murano, queríamos que nos ofreciese una muestra de cómo se fabrica el tan reconocido cristal de la isla. De Burano, tan sólo queríamos que nos mostrase su encanto, con sus pintorescas casas de pescadores pintadas de multitud de colores.

Para ello, tuvimos que desplazarnos hasta la parada de vaporetto Fondamente Nove, situada en el margen superior de la isla de Venecia, en su barrio de Cannareggio. La mejor manera de llegar a estas islas (también a Torcello) es coger un vaporetto desde ésta parada y utilizar su línea Laguna Norte para alcanzarlas. Murano está relativamente cerca de Venecia, a unos 15 minutos en vaporetto, pero Burano y Torcello ya quedan más apartadas.

Como teníamos pensado hacer hasta tres viajes para recorrer las islas, optamos por comprar un bono de 12 horas, que nos salió por 16 Euros. Comprando los tres billetes por separado nos hubiese costado 19,50 Euros.

Esperando al vaporetto, pudimos contemplar la isla dónde se aloja el cementerio de San Michele, última casa de muchos venecianos.

Cogimos nuestro vaporetto, que en unos 15 minutos nos dejó en la primera parada de Murano, que es la que queda más cerca de la fábrica de vidrio que queríamos visitar. Nada más bajarnos, nos encaminamos hacia la izquierda para encontrar, un poco más adelante, el lugar dónde disfrutaríamos de la demostración de cómo se elabora artesanalmente el famoso cristal de Murano. La demostración es gratüita, te tienen esperando en la tienda de regalos hasta que te toca tu turno y luego tan solo te piden “la voluntad”. La verdad es que está bastante bien, y sirve para poder ver como trabajan estos artesanos del vidrio durante uno 20 minutos. Todo unos artistas.

 

Finalizada la visita, nos encaminamos hacia el centro de la isla recorriendo su canal principal. La verdad es que Murano poco más tiene que ofrecer a parte de su cristal, pues todo lo demás que nos enseña ya se ha visto de manera más esplendorosa en la vecina Venecia. Desde mi punto de vista, la visita sólo se justifica si se acude a ver como se elabora artesanalmente el cristal de Murano.

Sin perder mucho más tiempo, nos encaminamos hacia la parada de vaporetto que hay bajo el faro de la isla, para tomar uno de esos autobuses acuáticos que en unos 40 minutos nos acercaría a la otra isla que queríamos visitar: Burano.

El trayecto transcurrió por una especie de carretera acuática, cuyos márgenes se iban señalizando con boyas. Finalmente, el altavoz del vaporetto anunció la parada de Burano, y descendimos de él junto con otros muchos turistas que tenían previsto visitar la isla como nosotros.

Lo único que tiene Burano (que ya es mucho) es pasear por sus calles y canales, regalando a la vista la imagen de las pintorescas casas de colores que los pescadores decoraron con el sobrante de pintura para los barcos.

Comenzamos a adentrarnos por sus calles, entre ropas tendidas y fachadas color pastel. El pueblo estaba realmente tranquilo, paz tan sólo interrumpida por las voces de los turistas que por allí andábamos.

La imagen de Burano desde el que debe ser su canal principal es realmente pintoresca. ¡Vaya gama de colores!

Nosotros llegamos hasta uno de los límites de la isla, donde habían varadas diversas barcas azules de pescadores, los verdaderos moradores de la isla. Una isla cuyo “souvenir” principal son los encajes artesanos que se venden en diversas tiendas focalizadas cerca de la plaza principal de la isla, junto a la iglesia.

Nos pasamos la mayor parte del tiempo tirando fotos, pues lo pintoresco del lugar hacía difícil tener la cámara en reposo.

Decidimos quedarnos a comer allí, pese a que la oferta de restaurantes de la isla era bastante escasa (estaba casi todo cerrado).

Comimos en Ristorante Galluppi, en la calle principal, y la verdad es que estuvo bastante bien. Yo pude probar un delicioso rissotto alla adriatica, que estaba para chuparse los dedos.

Tras la comida, y visto que poco nos quedaba ya por hacer en la isla, decidimos regresar a la parada de vaporetto para poner rumbo de nuevo a Venecia.

En casi una hora de trayecto estábamos desembarcando de nuevo en Fondamente Nove. A las 19:00 h debíamos estar preparados con las maletas en Piazzale Roma para coger el bus con destino al aeropuerto, así que teníamos unas tres horas para acabar de comprar algunos souvenirs, callejear un poco más por Cannareggio, recoger las maletas del hotel y coger de nuevo la línea 1 de vaporetto para regresar a Piazzale Roma por el Gran Canal, esta vez de noche.

Aprovechamos que estábamos relativamente cerca para visitar la iglesia de Madonna dell’Orto, lugar donde fue enterrado el célebre pintor veneciano Tintoretto. Su tumba, algunas de sus pinturas en el ábside, y una bonita fachada, hacen de esta iglesia una de las que no hay que perderse si se visita Venecia.

Seguimos callejeando por Canareggio para acabar desembocando en Strada Nova, avenida principal del barrio que utilizamos para realizar las compras de última hora.

Tras pasar por el hotel y con las maletas ya a cuestas, cogimos el vaporetto número 1 cerca de Piazza San Marco para regresar de esta manera a Piazzale Roma. Queríamos hacerlo de esta manera para poder disfrutar del Gran Canal de noche, y llevarnos un último recuerdo inolvidable de la ciudad.

Y la verdad es que así fue. Pese al frío que hacía en el exterior de la embarcación, pasé todo el trayecto disfrutando del Gran Canal y sus palacios, así como de su elegante iluminación. La belleza veneciana se quedó grabada en mi retina a fuego: Fue lo último que ví, y probablemente, lo más bello. No hay que perdérselo, el Gran Canal de noche es una pasada.

Finalmente llegamos a Piazzale Roma y nos encaminamos hacia la parada desde donde tenía que partir nuestro autobús. Pequeño fue el susto que nos llevamos cuando nos dijeron que el último autobús al aeropuerto (de nuestra compañía) ya había partido. Al parecer, según los días de la semana los horarios de los autobuses cambian, y nosotros habíamos mirado el horario de otro día. Me veía ya pagando un carísimo taxi cuando, afortunadamente, encontramos otro autobús que iba para el aeropuerto y tenía plazas libres. Fue nuestra salvación.

Con un poco de susto en el cuerpo pusimos el punto y final a tres días inolvidables recorriendo uno de esos lugares especiales, únicos en el mundo. Venecia cumplió sobradamente con las expectativas que llevábamos de ella, además de dejarnos maravillados con su sobrado encanto. Dicen que hay algunos destinos especiales que, de tan explotados, pierden su magia; Venecia no es el caso. Al menos en Enero.

Recordaros que podéis seguir todas las actualizaciones de la web tanto en Facebook como en Twitter.

Saludos!!

 

 

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Mar 23 2012

VENECIA 2012 – DÍA 2: De góndolas y canales

Domingo 15/01/2012

Tras un buen desayuno en nuestro hotel, comenzamos nuestro segundo día en Venecia callejeando por el barrio de Cannareggio, vecino al de Castello dónde se encontraba emplazado nuestro alojamiento.

La mañana nos había salido soleada, factor que nos permitió disfrutar de nuestros pasos entre canales y añejas callejuelas. Eso sí, cuando tocaba ir por la sombra, hacía un frío de mil demonios. Nuestro objetivo, además de recorrer el barrio, era el de llegar al gueto judío, rincón veneciano donde se alojaban todos los ciudadanos de esta religión, cuya triste historia os podéis imaginar durante la 2ª Guerra Mundial.

 

Caminamos por la comercial Strada Nova, la calle principal de Cannareggio que discurre paralela al Gran Canal y en los alrededores de la cual podemos encontrar lugares como el Casino, el Palacio Ca d’Oro (ambos encarados al Gran Canal) o, el – menos glamouroso – único Mc Donald’s de toda la isla. Se trata de una calle bastante amplia para los parámetros venecianos y con mucha vida a lo largo de todo el día.

Caminando llegamos hasta el Campi di Guetto Nuovo, la plaza principal del barrio judío en la que se puede encontrar una garita de control militar, además de alguna que otra placa conmemorativa hacia todos los deportados a campos de concentración durante la 2ª Guerra Mundial. Nos hubiese gustado visitar la cercana sinagoga, pero por lo que pudimos saber tan solo se podía realizar la visita a través de una especie de tour guiado. No estábamos muy por la labor de hacerlo, así que declinamos la opción. La verdad es que el gueto judío es bastante parecido al resto de Venecia, pero aún así merece la pena acercarse por la historia que hay detrás de esas calles y plazoletas.

Callejeando por el gueto y tras pasar por uno de sus muchos sottoporteggos, dimos con el Ponte delle Guglie, lugar donde, tras un café para entrar en calor, sucumbimos a la tentación de montar en góndola. La oferta del gondolieri era innegociable,  60 Euros la media hora u 80 los 40 minutos. Es es la tarifa estándard. Cuando cae la tarde, la cosa puede subir por encima de los 100. Nosotros optamos por el paseo corto de media hora; nuestra economía no es muy boyante y entendíamos que ese era tiempo suficiente para captar la esencia de la experiencia.

Así que, sin  más demora, montamos en la lujosa góndola y nos tapamos con la manta que nos ofreció el gondolieri. El paseo de media hora consistió en hacer un tramo del Gran Canal, para después internarnos en los estrechos canales de barrio de San Polo; ahí es donde está la mejor parte de la experiencia de la góndola. Atravesar esas angostas callejuelas acuáticas en un silencio tan solo interrumpido por el agua que desplaza la góndola y por el ocasional canto del gondolieri, no tiene precio. La verdad es que la media hora se nos hizo bastante corta, pero esos 30 minutos seguro quedarán marcados en nuestra memoria como uno de esos momentos especiales que te dejan todos los viajes.

Tras el “momento góndola”, nos pusimos de nuevo en marcha con un próximo objetivo muy claro: El Ponte de Rialto.

Seguimos avanzando por Strada Nova siguiendo la curva del Gran Canal y tan sólo deteniéndonos en una de las muchas iglesias que te encuentras callejeando por Venecia: La Chiesa dei Santi Apostoli. Una iglesia veneciana cualquiera, pero no por eso indigna de una fugaz visita. Como nos pillaba de camino hacia Ponte Rialto, la visitamos.

Avanzando un poco más alcanzamos el que es el más antiguo de los puentes que cruzan el Gran Canal. Los orígenes del Ponte de Rialto se remontan al s. XII, cuando la evolución de la importancia del mercado de Rialto (aún presente) hizo necesaria la construcción de un puente, que en principio fue de madera. La construcción en piedra del actual, obra de Antonio da Ponte, data del S. XVI. La verdad es que merece su fama.

Lo cruzamos mientras curioseábamos en las tiendecitas que se encuentran en él y accedimos al otro lado del Gran Canal, con la intención de visitar el mercado de Rialto. Creo que llegamos tarde, pues se acercaba el mediodía y las paradas ya estaban en su mayoría desiertas.

Con un poco de decepción por no poder haber vivido el bullicio del mercado, nos encaminamos de nuevo hacia la animada orilla del Gran Canal, orilla cercana al Ponte de Rialto que está plagada de caros restaurantes para turistas con sus terrazas siempre a tope. Nosotros nos sentamos un rato al filo del canal, a la sombra del gran puente y al lado de un muelle de góndolas. ¿Qué mejor lugar para darse un respiro y descansar un poco las piernas?

Se nos había echado encima la hora de comer, así que buscamos por el barrio de San Polo algún lugar donde llenar el estómago. Lugar que no recomendaré pues nos equivocamos en su elección y no fue nada del otro mundo.

Las primeras horas de la tarde las dedicamos a callejear por el barrio de San Polo, pasando por su plaza principal – Campo di San Polo – y visitando una de las mejores iglesias de la isla: La Basílica de Santa María dei Frari, famosa por albergar obras de arte como “La Asunción de la Virgen” de Tiziano o las tumbas de éste mismo gran pintor o de Antonio Cánova.

Empezaba a atardecer así que nos dimos prisa para poder llegar a ver el ocaso desde el campanario de la iglesia de San Giorgio Maggiore. Para llegar allí, tuvimos que cruzar el barrio (sestiere) de Dorsoduro hasta alcanzar la parada de vaporetto de la orilla que no da al Gran Canal. Una vez allí agarramos un vaporetto que nos acercó hasta la diminuta isla de San Giorgio Maggiore, donde se encuentra la iglesia de mismo nombre.

Entramos a la iglesia y nos encaminamos rápidamente hacia el ascensor del campanario para subir y poder ver el atardecer sobre Venecia, previo pago de 3 Euros. El espectáculo desde allí arriba fue impagable, y es que ver caer el sol sobre una ciudad tan histórica como Venecia se convierte en una experiencia genial. Las vistas del campanario de San Marco, o de la cercana y alargada isla de Giudecca son espectaculares, pese al molesto alambre que ponen en el mirador para evitar indeseables accidentes o suicidios. Se trata probablemente de las mejores vistas de Venecia, pues desde las que podrían hacerle sombra, las del campanario de San Marco, no se puede ver uno de los iconos más reconocibles de la isla: el mismo campanille de San Marco.

La noche hizo acto de presencia mientras regresábamos con el vaporetto, que nos dejó tras un gran rodeo en la fermatta del Ponte de Rialto. El Gran Canal de noche es toda una delicia, con todas las fachadas iluminadas y reflejadas sobre las oscuras aguas del canal.

Entre paseos sin rumbo y algún que otro café por el barrio de San Marco se nos hizo casi la hora de cenar, así que tocaba de nuevo buscar un lugar acogedor y a poder ser, romántico. Esta vez dimos en el clavo. Callejeando por las icreíblemente solitarias calles de Canareggio, encontramos un restaurante bastante escondido que no dudaré en recomendar a quien quiera cenar en Venecia a buen precio, con una comida deliciosa, y un servicio impecable. Se trata del restaurante Sapori Venexiani, situado en la Calle del Dose 5870/A. 

Tras la cena, regresamos al hotel escapando del  frío por las añejas callejuelas que nos separaban de nuestra cálida habitación. Punto y final a nuestro segundo día veneciano. Al día siguiente regresaríamos bien entrada la tarde a Barcelona pero antes, durante el día, teníamos pendiente una excursión que nos hacía especial ilusión: Las islas de Murano y Burano.

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Feb 13 2012

VENECIA 2012 – DÍA 1: Encanto desbordante

Sábado 14/01/2012

Una de las – a veces demasiadas –  pegas de volar con Ryanair es que suele dejarte en  aeropuertos bastante alejados del objetivo o ciudad de destino. Venecia no fue una excepción, pues desembarcamos en el aeropuerto Antonio Canova, de Treviso. Esta población se encuentra a unos 40 kilómetros de la isla o, lo que es lo mismo, en torno a una hora en autobús lanzadera.

Como en casi todas nuestras escapadas europeas no facturamos maletas, así que fue bajar del avión, comprar nuestro billete de ida y vuelta a Venecia con la compañía ATVO (13 Euros), y montar en el autobús, que ya estaba a punto de salir. Como he dicho antes, en poco más de una hora y tras parar en Mestre, descendimos ahora sí en la isla, más en concreto en su centro neurálgico de comunicaciones: Piazzale Roma.

Teníamos claro que nuestra primera impresión de la ciudad la queríamos obtener haciendo una incursión por el Gran Canal, así que caminamos hasta la cercana “fermatta” de vaporetto para coger una línea 1 que nos acercaría hasta Piazza San Marco.

Abonamos los 6,50 Euros del billete sencillo y nos montamos en el primero que pasó. El día nos había salido bastante despejado, así que pudimos disfrutar al cien por cien de la belleza de los palacios del Gran Canal y su trasiego de vaporettos, góndolas, lanchas, taxis acuáticos… Si Venecia no fuera un destino tan popularizado y mediatizado, sería difícil de asimilar su estructura y belleza recorriéndola por la que es su arteria principal. Atravesamos palacios como el Ca D’Oro (todos los edificios tienen su fachada más reluciente encarada al Gran Canal) y algún que otro puente, como el majestuoso Rialto, antes de llegar unos 40 minutos después de nuestra salida a la parada de Piazza San Marco. El vaporetto 1 es realmente una buena manera de tener una primera toma de contacto con la ciudad.

Desembarcamos para caminar al filo del Gran Canal, disfrutando de lo que probablemente sea una de las mejores vistas y fotografías de toda Venecia: Las góndolas atracadas en los muelles con la isla de San Giorgio Maggiore y su basílica al fondo. Realmente espectacular.

El Palacio Ducal se dejó entrever tras una esquina para darnos la bienvenida a “uno de esos lugares”. La imponente Piazza San Marco se extendió ante nosotros con su famoso “campanile” y su Basílica de San Marco. “El salón más bello de Europa” según Napoleón y, pese a que puede que no le faltase algo de razón, desde mi punto de vista la afirmación es algo generosa. No es que Piazza San Marco me decepcionase, pero se va a verla con unas expectativas tan altas que quizá eso hace que a la hora de la verdad, se quede corta. Y esta es tan sólo mi opinión, faltaría más. Seguro que a muchos les fascina, pero la verdad es que yo me quedo de Venecia con sus callejuelas y canales.

Tras un paso fugaz por San Marco (aún íbamos arrastrando nuestras trolleys), pusimos rumbo al hotel con un inútil mapa en la mano. Y digo lo de inútil porque para orientarse por Venecia, más vale hacer servir la intuición. Debido a las enrebesadas y estrechas calles, intertarse orientar con un mapa es casi una pérdida de tiempo.

No sin  tener que ser ayudados por un amable veneciano antes, encontramos nuestro hotel. Y la verdad es que tan solo entrar por la puerta, nos dimos cuenta de que habíamos acertado. Habitación espaciosa y decorada a la veneciana, desayuno incluído, WIFI gratis, ubicación junto a un canal y a unos 10 minutos de Piazza San Marco y, lo mejor de todo, un precioso patio interior de 500 años de antigüedad. Todo por unos 50 Euros la noche, claró está, en Enero.

      

Aún sorprendidos de nuestro acierto, salimos de nuevo a la calle con la intención de buscar un lugar donde comer. Y ahí también acertamos. Encontramos muy cerquita del hotel un restaurante llamado ” Agli Artisti  da Piero” donde comimos unas pizzas deliciosas en un comedor preciosamente decorado con diversos motivos hechos en cristal procedente de la cercana isla de Murano, que visitaríamos en el último día de la escapada.

Había que ponerse las pilas pues la tarde comenzaba ya a apagarse. Y es que en las fechas en que visitamos Venecia, sobre las cuatro de la tarde la luz del día empieza a dejar paso a la oscuridad.

Así que nos dimos prisa para dirigirnos de nuevo hacia Piazza San Marco y visitarla, ahora sí, como se merece. La recorrimos entera, mirando de reojo a las carísimas cafeterías, como el histórico Café Florian, que pueden llegar a cobrarte cantidades astronómicas por un café. Entramos en la Basílica de San Marco, de preciosa fachada, aunque con algún andamio que la hacía de menos. Antes, tuve que dejar la mochila de mi cámara de fotos en las consignas de una pequeña iglesia situada en una de las callejuelas que confluyen en la plaza. El interior de la basílica es una delicia con sus mosaicos bizantinos y la escasa luz que penetra por la cristalera de su fachada frontal. Declinamos hacer las visitas suplementarias como la Palla d’Oro o el tesoro, para disfrutar simplemente de un lugar con mucha historia.

    

Al salir de la basílica, pudimos ver como el Sol ya comenzaba a caer en un color naranja que invitaba a quedarse mirándolo de manera hipnótica. Y qué mejor manera para ver una magnífica puesta de sol que en el muelle de góndolas que hay tras Piazzale San Marco, junto al Palacio Ducal y con la isla de San Giorgio Maggiore en el horizonte. Probablemente el mejor lugar de la ciudad para disfrutar de tal evento. Pasamos por el famoso puente de los suspiros, romántico de primeras y por el nombre, hasta que se conoce que se llama así por los suspiros que los condenados a muerte soltaban al pasar bajo él.

Tras la puesta de sol, el frío hizo acto de presencia, así que nos abrigamos bien y nos dispusimos a recorrer el cercano barrio de Castello sin ningún rumbo fijo. Callejear y callejear dejándonos caer en el banco de algún solitario “campo” (plaza pequeña), en un café de barrio, o en alguna tienda de artesanía a precios más que decentes. Mientras más se aleje uno de San Marco, mejores precios encontrará.

Continuamos nuestro paseo, ya de noche, por el elegante barrio de San Marco, sin ningún objetivo concreto más que pasear y empaparnos del auténtico ambiente veneciano. Y como no, de hacer decenas de fotografías nocturnas de los románticos rincones del barrio donde se aloja Piazza San Marco.

Plaza que, como colofón a nuestro primer día en la isla, se nos mostró con todo su esplendor a la luz de la luna y de la ténue iluminación de sus elementos más característicos.

El día no dio mucho más de sí, simplemente nos buscamos un puesto de pizzas al taglio para cogernos unas porciones y llevarlas a la habitación del hotel. El frío había hecho mella y ya estábamos algo cansados, pero con un regusto más que dulce de nuestra primera toma de contacto con la ciudad. Dulce regusto también porque nuestra experiencia veneciana no había hecho más que empezar

 

 

 

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Ene 23 2012

VENECIA ’12: Introducción y ficha del viaje

Todo el mundo habla maravillas de Venecia, situación que hace que cuando uno se dispone a visitarla, surja una de las eternas dudas de todo viajero: ¿Cumplirá con las expectativas? Vaya que si lo hizo…

Visitar Venecia es descubrir como unos cuantos intrépidos lograron construir una ciudad que llegó a ser capital de un imperio, sobre una laguna. Es también montar en góndola entre canales en los que tan solo se oye el murmullo del agua y el varonil canto del gondolieri. Es encontrar trattorías y restaurantes increíbles en calles que no salen ni en los mapas. O es disfrutar de la explosión de color de las casas de pescadores de Burano y del arte de los vitreros de Murano. También es recorrer el elegantísimo Gran Canal en vaporetto, sorprendiéndote de la cantidad de palacios por metro cuadrado que hay en sus flancos. Es cruzar un soportal para desembocar en la Piazza San Marco, “El salón más bello de Europa” de boca del mismísimo Napoleón Bonaparte. Pero sobretodo, Venecia es perderse sin rumbo por sus estrechas y decadentes calles, cruzando puentes y canales sin parar. Ese es, desde mi punto de vista su mayor encanto.

Os presento, en este y los próximos posts, lo que para nosotros fueron tres días deliciosos en los que por fin pudimos atrapar un destino que nos hacía soñar desde hace tiempo.

Ver Venecia en un mapa más grande

FICHA DEL VIAJE:

DESTINO: Venecia

DURACIÓN / FECHAS: Tres días de viaje, del 14/01/2012 al 16/01/2012

VIAJEROS: Natalia & Toni

ITINERARIO / RUTA:

  • DÍA 1: Venecia
  • DÍA 2: Venecia
  • DÍA 3: Murano y Burano

TRANSPORTE:

    • Avión: Ryanair fue de nuevo el culpable de proporcionarnos un vuelo a un precio muy económico. 40 euros por persona es lo que nos costó volar hasta Treviso desde el Aeropuerto de Barcelona, volviendo por el de Girona.

  • Autobús: Tuvimos que emplear este medio de transporte para desplazarnos desde el aeropuerto de Treviso hasta Piazzale Roma, en Venecia. Nosotros lo hicimos con ATVO, comprando el billete en el mismo aeropuerto por 13 euros ida y vuelta. A la vuelta tuvimos que volver con otra compañía, por motivos que ya os contaré más adelante. El trayecto dura aproximadamente una hora.
  • Vaporetto: Es la mejor manera de desplazarse por Venecia si no se quiere ir a pie. Podría decirse que es el autobús veneciano, aunque acuático. El billete sencillo cuesta 6,50 Euros, con lo que conviene estudiar los diferentes abonos de 12/24/48 y 72 horas, con precios más reducidos. Nosotros compramos el abono de 12 horas (16 Euros) para el último día, en el que teníamos previsto hacer 4 viajes en vaporetto. Las líneas 1 y 2 recorren el Gran Canal, y es una buena manera de disfrutar de la belleza de sus palacios.

  • Góndola: La tarifa oficial es de 80 Euros por 40 minutos, 100 Euros a partir del atardecer. Nosotros negociamos con el gondolieri para que nos diera un paseo de media hora por 60 Euros. Es muy doloroso para el bolsillo, pero también una experiencia imprescindible que hay que hacer a poco que se pueda.

  • Taxi: Los Taxis en Venecia son lanchas. No puedo informar sobre precios porque no cogimos ninguna, pero he oído que de 60 Euros el trayecto es difícil bajar. Para los bolsillos más acaudalados. Todo un lujo.
  • Traghetto: Son una especie de góndolas que por 2 Euros te cruzan de un lado al otro del Gran Canal. Intentamos coger algunos pero en los dos que vimos había un cartel de “Servizio sospeso”, con lo que nos quedamos con las ganas.
  • Tren: A la isla también se puede llegar en tren desde poblaciones como Mestre o Treviso. No dispongo de más información ya que nuestra llegada a Venecia se produjo en autobús.
ALOJAMIENTO:
  • Locanda La Corte: Absolutamente recomendable. A un precio de 50 Euros/noche, que para ser Venecia está muy bien, dispusimos de un alojamiento auténticamente veneciano con desayuno incluído. La habitación era muy de estilo veneciano y el patio interior de 500 años de antigüedad no tiene precio. Buena atención y WIFI gratuïto. Situado a escasos 10 minutos de la Piazza San Marco en el barrio de Castello. Si vuelvo a Venecia, volveré a Locanda Lacorte sin pensarlo.

CLIMA: Nos hizo bastante frío en enero, sobretodo por la noche. Debimos estar sobre unos 2-3 grados durante el día. Ni rastro de lluvia o de la temida Acqua Alta.

GASTRONOMÍA: Yo es que en Italia siempre como bien. Pastas, pizzas, rissottos, lassagnas… todo un paraíso. Lo mejor para probar buena gastronomía local son las osterías o trattorías, y hay que intentar huir de los restaurantes turísticos. Para las economías más ajustadas las “pizza al taglio”, porciones de pizza por 2-3 Euros, son una buena opción. En Venecia todo lo que sale de la laguna puede ir al plato, con lo que el pescado es un alimento popular. Yo probé un Risotto alla Adriatica (arroz con sepia, gambas…) que estaba para chuparse los dedos. Y como no… un buen capuccino para entrar en calor. Como anécdota: tan sólo hay un Mc Donalds en toda la ciudad.

PRECIOS: Venecia es cara, para que negarlo. Desde cafés a 3 Euros a los trayectos en vaporetto a 6,5, pasando por los 80 Euros que cuesta una góndola. Si no se va con cuidado, se puede dejar la cartera tiritando.

SEGURIDAD: En pocos lugares me he sentido más seguro. Paseamos por la noche por callejones por los que no pasaba ni un alma sin ningún problema.

PRESUPUESTO APROXIMADO:280 Euros (Precios por persona)

  • Vuelo ida y vuelta, Barcelona – Treviso / Treviso – Girona: 40 Euros
  • Alojamiento: 50 Euros
  • Transportes varios (autobús y vapporettos): 42 Euros
  • Viaje en góndola: 30 Euros
  • Comidas, entradas, recuerdos y varios: 118 Euros

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Ene 09 2012

NOS ESCAPAMOS A… ¡VENECIA!

Después de un año 2011 menos fructífero en viajes de lo acostumbrado, qué mejor manera de empezar este 2012 que con una escapada bien tempranera a una de esas ciudades europeas que se me venían resistiendo hacía tiempo por un motivo u otro.

Ver Venecia en un mapa más grande

Así es, los próximos 14, 15, y 16 de Enero los pasaré junto a mi pareja visitando la que probablemente sea una de las ciudades con más encanto de todo el viejo continente. Una ciudad increíblemente construida sobre una laguna y que no necesita ningún tipo de presentación… ¡Venecianos espera!

Imagen Extraida de Wikipedia

Volaremos con Ryanair el próximo día 14 desde Barcelona, regresando el lunes 16, casi a medianoche, por el aeropuerto de Girona. Una combinación un tanto extraña saliendo y entrando por aeropuertos diferentes, pero eso a permitido que el precio del billete salga bastante económico: 41 Euros por cabeza ida y vuelta. Serán tres días casi completos perdiéndonos entre canales y disfrutando – lo que el frío nos deje – de todo lo que Veneciatiene por ofrecernos. Romanticismo e historia nos esperan ya a la vuelta de la esquina. Ya puedo verme esquivando turistas en la popular Piazza San Marco o disfrutando de un trayecto en góndola por escondidos canales al son del “O sole mio”…

Imagen extraída de Wikipedia

A la vuelta, como siempre, os contamos nuestra experiencia con pelos y señales. ¡Un saludo!

 

 

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